Columnistas

El recurso más vital
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
7 de Enero de 2014


“Lo pequeño es hermoso” fue el sugerente título que dio a su obra aparecida en 1974 el pensador y economista alemán E. F. Schumacher, quien vivió y desarrolló su brillante carrera en la Gran Bretaña.

“Lo pequeño es hermoso” fue el sugerente título que dio a su obra aparecida en 1974 el pensador y economista alemán E. F. Schumacher, quien vivió y desarrolló su brillante carrera en la Gran Bretaña. El subtítulo igualmente indica con claridad su intencionalidad: por una sociedad y una técnica al servicio del hombre. El libro fue traducido a más de treinta idiomas y en su momento ejerció una gran influencia en la formación de la opinión crítica en todo el mundo. En medio de la crisis energética y del petróleo que entonces se vivía, en él se plantean interesantes inquietudes sobre el sentido del desarrollo tecnológico y se cuestionan puntos muy críticos relacionados con un equivocado culto –que se ha extendido- al dios del crecimiento económico. Cuatro décadas más tarde, la re-lectura, en especial de uno de sus capítulos, “El mayor recurso: la educación”, nos regala ideas de una actualidad que no pasa.


Para Schumacher no cabe duda: la educación es esencial. No se refiere al entrenamiento sobre el “cómo hacer”; con gran lucidez toca el punto de la necesidad ineludible del eficaz diálogo ciencias-humanidades, sobre los peligros del ejercicio del poder de grandes decisiones concentrado en la tecnocracia.  


“…la tarea de la educación sería, primero y antes de nada, la transmisión de criterios de valor, de qué hacer con nuestras vidas, sin ninguna duda también hay necesidad de transmitir el ‘saber cómo’, pero esto debe estar en un segundo plano, porque obviamente es bastante estúpido poner grandes poderes en manos de la gente, sin asegurarse primero que tengan idea razonable de qué es lo que van a hacer con ellos.”   Un buen concepto  para ser recordado a ejecutivos y a transitorios ministros de hoy, quienes llenos de ideologías, no de ideas, se consideran a sí mismos idóneos para señalar los caminos que millones hemos de seguir tras ellos. Llama mucho la atención acerca del cinismo desvergonzado de algunos intelectuales. No se escapa de ello lord Keynes, con sus irónica visión que promueve las actitudes relativistas y ambiguas, que hoy parecen ser la norma aceptada: “…debemos aparentar con nosotros  y con los demás que lo bello es sucio y lo sucio bello, porque lo sucio es útil y lo bello no lo es. La avaricia, la usura y la previsión deben ser nuestros dioses por un poco más de tiempo todavía”.  Un fatal eslogan parece pertenecer al escudo de armas de muchos políticos y dirigentes.


La lectura de E. F. Schumacher ofrece valiosas reflexiones y enseñanzas hoy, cuando avanza el siglo XXI y continuamos en una senda de culto a la tecnocracia, desigualdad económica, sombrío panorama social y educativo y muy especialmente, en la adoración del falso dios de un crecimiento que no se sabe muy bien a dónde conducirá.  Es buen material para la nutrición intelectual que a todos nos conviene y nos ayuda para aportar ideas en un mundo cada vez más urgido de ellas.