Economía

Control of exchange rate, brake for Colombia-Venezuela trade
Control de cambio, freno al comercio colombo venezolano
Autor: Duván Vásquez
30 de Diciembre de 2013


La restricción a la compra de dólares en Venezuela genera que los importadores de ese país no consigan con facilidad la divisa para hacer las respectivas transacciones con los clientes internacionales.


La Cámara Colombo Venezolana (CCV) indicó que las exportaciones de Colombia a Venezuela disminuyeron 12,3 % en los primeros diez meses de 2013 en relación con el mismo periodo del año anterior.


Estas cifras son reflejadas asimismo por el Departamento Nacional de Estadística (Dane), que reportó que las ventas externas pasaron de US$2.161,5 millones FOB en el periodo analizado de 2012 a US$1.895,2 millones FOB hasta octubre de este año.


Igualmente, las importaciones de Colombia a Venezuela han corrido con la misma suerte, porque de acuerdo con el Dane, en el periodo comprendido entre enero y octubre hubo una variación negativa de 22,3 % con respecto al mismo lapso de 2012 en el que hubo compras externas por US$453,4 millones CIF y bajaron a US$352,2 millones CIF en los primeros diez meses de 2013.


Por ese mismo camino estuvo la balanza comercial del sector industrial que definitivamente este año no despegó. De acuerdo con la Asociación Nacional de Empresarios (Andi), las exportaciones de la industria colombiana al país vecino tuvieron un descenso del 40 % en año corrido.


Al respecto, Bruce Mac Master, presidente de la Andi, cargo al que ingresó al final del mes de noviembre tras la renuncia de Luis Carlos Villegas, quien estuvo al frente de ese gremio por 17 años, manifestó que de $6 billones de ventas del sector a Venezuela como en años anteriores en este año solo se habla de $2 billones. Además, la deuda de los empresarios de ese país con los exportadores colombianos ya supera los US$400 millones. Todo eso ha repercutido para que la industria de Colombia pase por un mal momento.


En ese sentido, Magdalena Pardo, presidente de la CCV, aseveró que la composición de la canasta exportadora a Venezuela ha venido cambiando en los últimos años, ganando participación las materias primas y bienes intermedios, como resultado de la política de sustitución de importaciones que quiere establecer el Gobierno venezolano.


Sin embargo, la caída de las ventas externas a Venezuela de la industria colombiana tiene que ver con que “el país está atravesando por una escasez de divisas, lo que dificulta que las empresas privadas puedan acceder a los dólares y puedan importar materias primas para producir”, explicó Pardo.


En segundo lugar, continúa la dirigente de la cámara Colombo Venezolana, los pocos dólares a los que se están accediendo, el Gobierno los ha destinado para la compra de bienes fundamentales, como alimentos por ejemplo.


La subasta de dólares


El intercambio comercial colombo venezolano se ha visto en gran medida afectado por el régimen de control de cambio que tiene el Gobierno de Nicolás Maduro.


Así lo afirmó el consultor Internacional, Jorge Velásquez Peláez, quien explicó que “Venezuela, a pesar de la enorme riqueza y el gran volumen de exportaciones petroleras, tiene un problema de reservas internacionales muy grande. No hay suficientes dólares para atender el volumen normal de importaciones”.


De acuerdo con el analista, lo que hace el Gobierno es que se reserva el derecho de aprobar divisas para las importaciones. Aunque a quien no le venden dólares para las compras en el extranjero le toca ir al mercado libre, pero obviamente la diferencia en la tasa de cambio es muy alta, entonces conseguir la divisa así hace que prácticamente importar no sea rentable.


En eso coincide Camilo Ignacio Coronado, director del Departamento de Economía de la Universidad Nacional en Medellín, quien dijo que “hay desconfianza frente a la factibilidad de hacer negocio con Venezuela porque vender es una cosa y cobrar es otra”.


Según el catedrático, eso sucede porque hay una incertidumbre en cuanto a los controles de cambios y frente a la inestabilidad económica y política que todavía rodea a ese país.


Además, Velásquez Peláez mencionó que pese al temor de los exportadores colombianos por la dificultad de los pagos y que en varias ocasiones han quedado con altas deudas pendientes, poco ha hecho el Gobierno Nacional por normalizar las ventas del país hacia Venezuela “que sin lugar a duda han sido muy importantes desde el punto de vista de la composición, porque las exportaciones que se realizan a ese país son de productos industriales con mucho valor agregado y de gran generación de empleo”.


El consultor Internacional concluyó que mientras no se llegue a un acuerdo con Venezuela para que las exportaciones no queden supeditadas al régimen de control de cambio existente en ese país, no se podrá recobrar las importantes cifras que se tuvo en el pasado. Por el contrario, “se le siguen prestando atención a  mercados donde muy pocas posibilidades tenemos”.



La desindustrialización colombiana

El mal año de la industria no solo tiene que ver con la caída de las exportaciones con Venezuela.


Hay dos fenómenos que se superponen, uno de largo plazo y otro de corto y mediano plazo. Así lo expuso el director del Departamento de Economía de la Universidad Nacional, Camilo Ignacio Coronado, quien dijo que el fenómeno de largo plazo se refiere a la tendencia a la desindustrialización del país. A partir de los años 70 se empiezan a dar los primeros síntomas, pero suelen ser más notorios en cuanto al retroceso en el peso en el PIB y en la generación de empleo. 


En los años 90 se marca un retroceso mayor, entre otras, por la revaluación y por el proceso de apertura económica que ocurrió.


“Aunque la industria manufacturera exporta e importa bienes de capital, materias primas, etc., el balance es que son exportadores netos, por lo tanto la competencia internacional termina generando un efecto perverso en sus ventas y el costo benéfico no es suficiente para restaurarle competitividad”, afirmó Coronado.


Por otro lado, el catedrático indicó que hay un rezago del sector industrial por abandonar un esquema de oligopolio protegido por el Estado y adoptar un rol mucho más agresivo respecto a la modernización y al aumento de la productividad. Eso se configura en un círculo vicioso porque si se tienen bajas expectativas en los negocios, también se invierte menos en investigación y desarrollo. Pero si no se invierte en ello tampoco se va a mejorar en la productividad y competitividad en el largo plazo.


Eso significa que “nosotros nunca logramos ser un país con una base industrial sólida”, concluyó el director del Departamento de Economía.