Editorial

El triunfo de la concertaci髇
28 de Diciembre de 2013


Es hacia la formalizaci髇 laboral que se debe apuntar, pues con ella se garantiza el bienestar y el progreso econ髆ico, el acceso y la estabilidad laboral de los trabajadores.

El incremento del salario mínimo es la noticia más esperada del fin de año, no solo porque marca la nueva remuneración para un importante número de trabajadores en el país a partir del primero de enero, sino porque ese valor se convierte en referencia para el aumento de, por ejemplo, las multas de tránsito, los copagos en salud o las coberturas del seguro obligatorio de accidentes de tránsito. Por cuarta vez en los últimos diez años, ese aumento se dio por consenso entre los representantes de los trabajadores y de los empresarios, y si bien después de anunciado el mismo se oyeron voces de descontento entre el sector más radical del sindicalismo colombiano, han sido mayoritarias las voces que han saludado con beneplácito este hecho.


Para nosotros es motivo de satisfacción el que se haya alcanzado un acuerdo que está avalado por las centrales obreras CGT, CTC y el ala progresista de la CUT, pues además de que ello contribuye a mejorar el ambiente laboral en el país, demuestra que las nuevas corrientes del sindicalismo han superado las viejas mañas de quienes se oponían por oponerse a las iniciativas patronales o gubernamentales, que a nuestro juicio es lo que está haciendo el ala más ideologizada de la CUT. El sindicalismo moderno está demostrando que tienen capacidad de  análisis y de lectura del contexto económico en el que se están tomando estas decisiones. El incremento del 4.5 % en el salario mínimo representa un alza real en el poder adquisitivo de los trabajadores, pues la inflación para este año está proyectada en el 1.8 % y según las previsiones del Banco de la República, para el 2014 el índice de precios al consumidor podría estar en una cifra similar.


Hubo voces que reclamaron un incremento por encima del 5 % con el argumento de que si la economía colombiana estaba creciendo a ese ritmo, los trabajadores deberían recibir los beneficios. Lo que olvidan quienes enarbolan esa tesis es que más importante que los números del crecimiento lo es la competitividad, la cual se pierde en el momento en que se aumentan de manera exorbitante los costos laborales. Un incremento exagerado del salario mínimo traería como consecuencia inmediata un aumento del desempleo y de la informalidad, cuando la prioridad que ha expresado el Ministerio de Trabajo -a cuyo titular debemos también reconocer por su persistencia en la idea de que las partes sentadas a la mesa de concertación salarial alcanzaran un consenso- es precisamente atacar la informalidad laboral, que en Colombia, según las cifras del Dane para el trimestre julio-septiembre, afectaba al 49,2 % de los ocupados en el país, con una tasa de desempleo, en el mismo período, del 7,8 %.


Esa lucha contra la informalidad debe ser no solo prioridad del Ministerio de Trabajo y del Gobierno Nacional sino también de los empresarios, pues resulta mucho más dañino para el país que la informalidad o el desempleo ganen terreno que, incluso, admitir el pago de un salario mínimo diferencial según la situación económica de las regiones, pues es sabido que existen lugares donde la precaria situación hace difícil para los empleadores alcanzar la remuneración mínima legal. Tales condiciones ponen a muchos trabajadores ante la posibilidad de aceptar trabajar de manera informal y, tal vez, hasta devengar más del salario mínimo, pero sin la seguridad social que da la formalidad. La atención en salud y el ahorro para la pensión son beneficios que deben tener todos los asalariados, mientras que quienes se exponen a la informalidad terminan engrosando la larga lista de personas que buscan un cupo en el régimen subsidiado de salud, cuyo costo es cada vez más difícil de financiar, o sin la posibilidad de acceder a créditos para vivienda o educación, precisamente por la falta de un respaldo laboral.


La tasa  de desempleo es otra razón para defender la cifra acordada, pues si bien en términos estadísticos ese indicador ha bajado en Colombia en los últimos años, aún sigue siendo alto si se compara con la región. De hecho, según cifras de la Cepal y de la Organización Internacional del Trabajo, a mediados de 2013 Colombia tenía una tasa de desocupación mayor que la de Perú, Brasil, Chile, Argentina y Ecuador y estaba en niveles similares a Venezuela, cuya crisis económica es bien conocida.


Así pues, más allá del aumento del salario mínimo que, insistimos, consideramos acertado, lo que más destacamos hoy es el esfuerzo por la formalización que hace el ministro Rafael Pardo Rueda. Es hacia ese objetivo que se debe apuntar, pues con ella se garantiza el bienestar y el progreso económico, el acceso y la estabilidad laboral de los trabajadores y su inclusión en los sistemas sociales de salud, educación y recreación.