Columnistas

El mejor espect醕ulo
Autor: Danny Garc韆 Callejas
28 de Diciembre de 2013


Pocas veces celebramos tanto la vida como en diciembre. Sea cual sea su concepci髇 religiosa, para algunos es el nacimiento de un ni駉, para otros la renovaci髇 de la fe y para muchos el surgimiento del amor.

Pocas veces celebramos tanto la vida como en diciembre. Sea cual sea su concepción religiosa, para algunos es el nacimiento de un niño, para otros la renovación de la fe y para muchos el surgimiento del amor. Sin duda, ese clamor de sentimientos se materializa en espacios para compartir con familiares, amigos y allegados.


Sin embargo, es irónico que ante tanta celebración por la vida, tanto regocijo por los seres queridos o “la prima”, abunden los abusos, las exageraciones, la intolerancia y el irrespeto. Esto es palpable en el uso de la pólvora, la embriaguez, la irresponsabilidad al volante y las discusiones y riñas por tonterías.


En esta época en la que susurramos sinónimos de paz y alegría, terminamos ensordeciendo al resto del barrio, de la cuadra, de la ciudad y a nuestros conocidos con alharacas y truenos de pólvora, puñetazos y disparos. Hasta condenamos a nuestros ciudadanos y vecinos a quemarse en la hoguera con globos que terminan como bombas incendiarias.


En Medellín hay 213.000 personas en extrema pobreza. Deberíamos estar haciendo un Haka para asustar a la desesperanza y la desolación y darle la bienvenida a las oportunidades. Que suenen los gritos de júbilo por compartir lo que tenemos con los más vulnerables; que venga comida y regalos de nuestros hogares y amor de nuestros corazones.


Tenemos la oportunidad de brindar abrazos a nuestros niños. Y aunque nuestro afecto incondicional debería ser intenso durante todo el año, que al menos este diciembre sea una buena excusa para demostrar nuestro cariño. Hay que brindar esperanza a los 6 millones de niños que viven en la pobreza en Colombia, según El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).


Y más que palabras de aliento, es hora de reconocer que son los infantes y niños los más vulnerables, los más desprotegidos, los más abusados y los más explotados. En Colombia son casi 2 millones de niños trabajadores, afirma la Organización Internacional del Trabajo (OIT).


Proteger a los más jóvenes es pensar en una sociedad incluyente y equitativa. Valorar a quienes tienen edades avanzadas es mirarnos al espejo y reconocernos. Estas etapas de la vida son inevitables y tranquilas, si gozamos de buena salud y el respaldo de la sociedad. Pero para disfrutar de una vida plena, primero debemos entregar nuestros corazones.


Sí, dar nuestro corazón significa tener sensibilidad por quienes se encuentran en las situaciones más difíciles. Sea la época decembrina una buena excusa para amar pero que se convierta en una obligación querer y dar afecto durante todo el año para tener derecho a gozar en las celebraciones del último mes.


El mejor espectáculo para la ciudad será no en el que abunde la pólvora, los juegos artificiales o el licor sino en el que sobre la luz de alegría de nuestros ojos; el brillo de las lágrimas de felicidad de nuestros niños; las palabras sabias y cálidas de nuestros abuelos; y miles de sonrisas de satisfacción. ¡Felices fiestas y próspero 2014!