Editorial

Servir, un propósito navideño
24 de Diciembre de 2013


Este es un buen momento para reconocer que el anhelo de paz está más cerca de lo que creemos si cada uno de nosotros asume esa actitud de servicio a que nos invita el mensaje papal.

Gran parte de la humanidad hace hoy una pausa para celebrar la Navidad, una fiesta que si bien tiene arraigo en el cristianismo, se ha convertido también en la ocasión ideal para el reencuentro familiar. Para nosotros, que vivimos en un país en el que la tradición católica sigue marcando la festividad, esta es una buena ocasión no solo para expresar nuestros sinceros deseos de felicidad y ventura a nuestros lectores, los profesores y estudiantes que trabajan con nuestro diario como texto escolar, anunciantes y proveedores, sino también para reflexionar en torno a los mensajes que el papa Francisco ha venido entregando en los últimos días respecto a esta festividad y que, como era de esperarse de quien ha marcado de manera decidida la agenda informativa de este 2013 con sus actuaciones, han ido mucho más allá de la teología árida y lejana para las gentes del común.


La última audiencia general del año, celebrada hace una semana en la plaza de  San Pedro, en el Vaticano, fue el escenario en el que Francisco hizo su primera exhortación navideña. El Papa retomó el discurso que ha caracterizado su pontificado y le recordó a los creyentes que, en la Navidad, “Dios se manifiesta no como alguien que está en lo alto y domina el universo, sino que se agacha, baja a la Tierra, humilde y pobre”. Y añadió que “para ser iguales a él no tenemos que ponernos por encima de los demás, sino ponernos al servicio”, con lo cual reitera el llamado que viene haciendo desde su elección para que tanto la Iglesia representada en sus jerarcas, como quienes se llaman católicos, cumplan con acciones lo que profesan.


Si bien la invitación la hace el máximo jerarca de la Iglesia Católica y tiene como sustento las enseñanzas de Jesús, una invitación como la que hace Francisco bien podría ser acogida por cualquier persona, sin importar si tiene un credo o no. Nuestra sociedad está mostrando cada vez mayores síntomas de menoscabo moral debido a la actitud creciente de personas que se consideran con el derecho de pasar por encima de otras con tal de lograr sus objetivos; o que creen estar por encima de la ley o, peor aún, que asumen una actitud de total indiferencia frente a las dificultades que permanentemente agobian a hombres, mujeres y niños. La actitud de servicio no se exige exclusivamente a los cristianos sino que debería ser una vocación humana por naturaleza y no solo para contribuir con el bienestar de nuestros congéneres sino también para velar por la conservación del entorno en que vivimos. Pues si bien las estadísticas sobre pobreza, hambre o enfermedad en el mundo son escandalosas, también lo es el índice de deterioro del ambiente a causa de un consumismo desmedido.


Es muy grato poder retomar el mensaje papal después de ver cómo él ha sido el primero en asumir las actitudes que reclama para sus dirigidos, mostrándose especialmente cálido y cercano con los  enfermos y con los pobres. Y es muy grato también escuchar de boca del pontífice llamados como el que hizo el pasado sábado a los obispos de la Curia romana para que en su trabajo cesen los chismes, pues estos “dañan la calidad de las personas, del trabajo y del ambiente”, pues lo que queda claro es el reconocimiento de una iglesia gobernada por hombres que, como tal, está expuesta a los problemas de los hombres. Ese reconocimiento de la imperfección es un ejemplo que nos motiva, pues viene acompañado del propósito de superación que debe empezar desde adentro.


La Navidad y el Año Nuevo han sido tradicionalmente las fechas en las cuales declaramos los propósitos para el futuro y qué bueno sería que el primero de esos propósitos, esta noche como regalo de nochebuena y la próxima semana como compromiso de cambio, fuera el de poder asumir una actitud de servicio en el hogar, en la comunidad vecina, en la ciudad y en el país. Hoy, cuando mucha gente seguramente pedirá al Niño Jesús en el pesebre la paz para el país, junto a sus necesidades particulares, es un buen momento para reconocer que ese anhelo de paz está más cerca de lo que creemos si cada uno de nosotros asume esa actitud de servicio a que nos invita el mensaje papal. ¡Feliz Navidad!