Columnistas

La p髄vora manda en Medell韓
Autor: Iv醤 Guzm醤 L髉ez
24 de Diciembre de 2013


La p髄vora sigue mandando en la ciudad. Los decretos gubernamentales son simples saludos a la bandera, mientras la comunidad inerme no encuentra respuesta en nadie, ante tama馻 alteraci髇 de la tranquilidad ciudadana.

La pólvora sigue mandando en la ciudad. Los decretos gubernamentales son simples saludos a la bandera, mientras la comunidad inerme no encuentra respuesta en nadie, ante tamaña alteración de la tranquilidad ciudadana. Si los perros, los gatos, los pájaros y las ratas pudieran hablar, también se estarían quejando de tan aterrador espectáculo (aunque, sinceramente,  no sé ante quién, pues para los que se enriquecen con cargo a la tranquilidad de la ciudad y desgracia de los tantos quemados, no existen  leyes efectivas ni autoridad que  impida semejante subversión del orden y atentado a la salud pública). Resultó espantosa la noche de la mal llamada “alborada”. La celebración de “la trece” del Nacional, fue disculpa sin control para hacer de toda la ciudad una gigantesca caldera de pólvora, que parecía anunciar que el fin mundo estaba próximo. 


Antioquia y la ciudad llevan el primer lugar en afectados por la pólvora (otrora, el primer lugar era en limpieza, movilidad, amabilidad, civismo y educación). Ya vamos en 108 quemados,  mientras que en el país  se han registrado 258 casos (¡Qué belleza de hermosura de liderazgo!, diría Tomás Castrillón Oberndorfer, mi compañero columnista de El MUNDO).


La palabra “alborada”, tan bella desde su fonación; tan preciosa desde su semántica, ha servido para que una panda de forajidos convierta a la Navidad en un carnaval. Es absolutamente irracional el ruido, el riesgo y la contaminación que se ocasiona, sin el menor respeto por la ciudad, el vecino o la familia misma. Lo más criminal de la costumbre, rezago de la cultura mafiosa, es el escandaloso número de niños quemados y amputados. La estadística de este año, según balance de Carlos Mario Ramírez, uno de los famosos vicealcaldes de la ciudad, dice que el décimo aniversario de la  alborada en el Valle de Aburrá dejó como saldo fatal “un incremento (de quemados) del 30 por ciento con respecto al año 2012”.


La situación es tan delicada e inaceptable, que el defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, solicitó medidas efectivas, más allá de decreticos que ninguno observa y que nadie hace cumplir. En la primera semana de diciembre, recuerdo,  Otálora Gómez señaló que «este primer balance es catastrófico y muy negativo». Por eso pidió que se lleven a cabo acciones efectivas y sanciones a fabricantes, distribuidores y consumidores de pólvora. «No tiene presentación ─dijo─, que año tras año, en lugar de avanzar en una política de salubridad pública, vamos retrocediendo”. Y llamó la atención sobre Antioquia, “que reportó, para la fecha, el 70,2 por ciento de los casos de lesionados por pólvora, seguido de Valle del Cauca (8,3 por ciento), Norte de Santander (4,8 por ciento) y Quindío (4,8 por ciento)”. 


Estas estadísticas y el ruido desaforado que vivió la ciudadanía y padecieron los animales domésticos, ponzoñosos, voladores, roedores y otros especímenes, está diciendo que la administración dicta normas, decretos y mandatos, que nadie cumple y que sus autoridades no hacen cumplir, pues al salir a la calle se encuentra uno con que ninguna autoridad interviene, no obstante que el escándalo de los desadaptados, el ruido  (de la pólvora), sus luces y su duración, denuncian claramente su origen. Parece que ninguna autoridad se da por aludida, creen que no es delito o simplemente desconocen la norma. Contrario a la ley, es como si la administración se solazara con ello, recordando así la nefasta época de Alonso Salazar, cuando se quemaban del erario público hasta 1.200 millones de pesos en pólvora. La Navidad se está aprovechando vulgarmente por toda suerte de pelanas y pillos para crear espacios que son caldo de cultivo para la embriaguez, el irrespeto, la inseguridad, la tragedia y, claro, la violación abierta y descarada de la ley. 


En la noche del 30 de noviembre y el amanecer del primero de diciembre; en la noche del domingo 15 y el amanecer del lunes 16 de diciembre, se hizo mofa del Decreto Municipal, donde “se prohíbe la venta y utilización de elementos pirotécnicos o fuegos artificiales y globos…”. Si la norma no cuenta con la infraestructura técnica y humana para hacerla cumplir, ¿para qué se dicta? ¿Para dar a los ciudadanos honestos la impresión de que estamos en un Estado incapaz de garantizar sus decretos, la sana convivencia y el respeto a la comunidad? ¿Qué mensaje está recibiendo el delincuente, el borracho, el antisocial y el distribuidor de pólvora, cuando ve que impunemente, no obstante el atronador ruido y el peligro que ocasiona, puede violar la ley a sus anchas?


Puntada final: lejos estamos de ser la ciudad más educada. Definitivamente, convertir el slogan en cliché mediático, es muy fácil. ¡Pero qué difícil es trabajar, para hacerlo realidad!