Columnistas

La inclusi髇: una celebraci髇
24 de Diciembre de 2013


En las celebraciones navide馻s de la ciudad de Medell韓 es posible reconocer al otro como parte esencial del disfrute y de la euforia: se requiere de los dem醩, de su presencia y de su disposici髇 para una alegr韆 compartida.

Edwin David Tamayo Martínez


En las celebraciones navideñas de la ciudad de Medellín es posible reconocer al otro como parte esencial del disfrute y de la euforia: se requiere de los demás, de su presencia y de su disposición para una alegría compartida. Las fiestas generan un ambiente colectivo en el que podemos encontrarnos con el otro sabiéndonos distintos. La diversidad, entonces, no es algo que se tolera: es justamente aquello que nos reúne.  


Un ejemplo de ello es el Carnaval de luces, danzas, mitos y leyendas, que muestra cómo en la ciudad reconocemos lo diverso, los dioses y los demonios, lo extraño y lo insólito, como parte constituyente de nuestra cultura, de nuestra tradición, que además lo “normal” y lo “anormal” puede ser celebrado.


Los alumbrados tematizan un pueblo lleno de barrios que, sin importar cuáles sean representados entre las tonalidades de los bombillos, priman y se celebran sus festividades tradicionales, que nos hacen ser parte de una unidad constituida como cultura y tradición.


Otro ejemplo es la campaña pedagógica Pintando la diversidad, llevada a cabo por mujeres transgeneristas en lugares públicos de la ciudad; hace parte del programa navideño y busca transformar los imaginarios que generan exclusión y discriminación, al tiempo que nos lleva a reconocer que su inclusión en la sociedad y sus derechos no pueden estar limitados por su diversidad o su identidad sexual.


En todo caso, preguntar por lo que es “normal” o “anormal” pierde sentido cuando pensamos más bien sobre cómo los espacios, las acciones y las afirmaciones buscan “normalizar” nuestro contexto, marcado por violentos estereotipos, prejuicios y actos de discriminación.  


La inclusión, que celebramos esta navidad, sugiere acoger a los otros en su condición de humanos, con sus derechos, con posibilidades de participar activamente en la sociedad. Implica reconocer que podemos disfrutar de la vida, sin las barreras generadas por la “normalidad” o la “anormalidad”. Implica generar las condiciones para ser y celebrar nuestro ser en relación con los otros. La diversidad, los esfuerzos políticos, educativos, culturales y sociales en la ciudad para garantizar la inclusión, permiten reconocer y aprovechar colectivamente las diferencias.


Como la navidad, celebramos también la apertura de esta columna: un espacio de conversación sobre estos tópicos, con la intención de reflexionar sobre los imaginarios que dificultan la inclusión o que impiden verla como un camino transitable en sociedad; una columna que permita paulatinamente prestar menos atención a la pregunta por lo que es “normal” o lo que es “anormal”, para centrarla en la identificación de lo que es “normalizador” y cómo esto se transforma. En esta navidad, que da paso a la diversidad, esta columna se celebra como un espacio para el reconocimiento de lo diverso. En esta navidad, que de alguna manera da paso a la diversidad, esta columna se celebra también como un espacio para el reconocimiento de lo diverso.