Columnistas

Educaci髇: dos escenarios contradictorios
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
24 de Diciembre de 2013


Muchos han hecho reciente referencia a los resultados del informe PISA-2012: Colombia se destaca por el p閟imo nivel educativo de su poblaci髇 entre los 15 y 16 a駉s.

Muchos han hecho reciente referencia a los resultados del informe PISA-2012: Colombia se destaca por el pésimo nivel educativo de su población entre los 15 y 16 años. El reporte de la OECD de la evaluación del nivel educativo de estudiantes de esta edad, con una muestra de más de medio millón de ellos pertenecientes a 65 países, señala algo que ya sabíamos: Colombia ocupa los últimos lugares en las tres categorías evaluadas: matemáticas, lectura y ciencias. Ciertamente, Colombia no es “la más educada”: por el contrario, es objetivamente uno de los países “menos educados” en el panorama global, si se puede tomar en serio el informe citado.


También se ha destacado el gran progreso y el alto nivel de desempeño de los estudiantes en algunas ciudades y países asiáticos, de extraordinario avance en materia educativa. Los orientales van creciendo en los procesos de participación y de actitud del estudiante con respecto a su proceso formativo, en la buena relación docente-estudiante, y en la importancia de lograr valores y actitudes como perseverancia y esfuerzo en esta clase de objetivos.


No obstante, en Antioquia se recibe un curioso mensaje, proveniente de la propaganda oficial: nos dicen con insistencia que somos “la más educada”. Este “slogan”, frase breve que se utiliza en contextos comerciales, publicitarios y políticos, no parece llegar a ser algo relacionado con la verdad. Sería posible que existiese un desempeño en la región significativamente diferente al del resto del país, y que los niveles objetivos de cuantificación de la educación realmente estuvieran por encima de unos promedios nacionales. Pero sí resulta inverosímil creer que Antioquia fuera “la más educada” y se situara precisamente en medio de las estadísticas de uno de los países peor evaluados en esta materia por la OECD.


Lo de “la más educada” no parece ser sino otro slogan, otra estrategia de marca publicitaria. Con el paso de los años, la propaganda va perdiendo su credibilidad: aquellas ingeniosas frases al servicio de mercado-tecnólogos, publicistas, políticos y otros interesados, comienzan a sonar vacías, al ponerse en evidencia que carecen de significado.  Algunos podemos recordar muy bien cómo en los años 80 del pasado siglo las autoridades sanitarias del mundo se referían a “salud para todos en el año 2000”. También fuimos testigos de cómo a medida que se acercaba el cumplimiento del plazo con el fin del  siglo, el estribillo iba siendo progresivamente silenciado y sustituido por otros mensajes disfrazados de optimismo, de metas alcanzables: “Metas del milenio para el 2015”, aún dicen hoy.


Es, de todos modos, muy difícil creer que en esta región vivan los “más educados”. Al amanecer del día siguiente a un partido de fútbol aún se escuchan las detonaciones, las manifestaciones histéricas de victoria y la euforia de algunos ebrios –quizás  algunos de ellos con título universitario- que se alegran porque consideran que son “los mejores”, al son de agresivos equipos de sonido que hacen retumbar brutales cantos de guerra ante vecinos, menos aficionados al deporte, pero de todos modos insomnes e indefensos ante las agresiones del ruido. Las explosiones de  pólvora y el frenesí de fanáticos no son costumbres compatibles con un entorno de gentes bien educadas; corresponden más bien, más explícitamente, a la dura realidad, a lo contrario: a las expresiones propias de gentes que se desenvuelven y viven precariamente, en un entorno social de muy bajo nivel educativo. 


Tiene más rigor lógico el reporte de la OECD que la propaganda de la gobernación de Antioquia; son dos escenarios contradictorios.