Columnistas

Cabalgata, desfile a caballo, o..
Autor: Anibal Vallejo Rendón
17 de Diciembre de 2013


Gran Parada Equina Feria de las Flores es la nueva denominación dada por el Acuerdo 217 de 2013 que en buen momento aprobó el Concejo para adecuar el evento a los requerimientos de una ciudad

Gran Parada Equina Feria de las Flores es la nueva denominación dada por el Acuerdo 217 de 2013 que en buen momento aprobó el Concejo para adecuar el evento a los requerimientos de una ciudad que con la participación de los cabildantes de la ciudad en los últimos años están valorando las especies animales y demuestran su responsabilidad en espectáculos con presencia masiva de animales que quedan bajo la tutela de la administración municipal. 


Y es que esta aporta gran parte de la logística requerida para el control, seguridad, movilidad, saneamiento, prevención, cierre de vías y desviación del tráfico vehicular en vías arterias y las secuelas después de la terminación. La cabalgata coloca a los equinos en condiciones adversas. Su traslado desde el amanecer, incluso desde días anteriores, hasta llegar al punto de partida incluye un recorrido no cuantificado en el kilometraje delimitado. Muchos caballos hacen el desplazamiento con el jinete desde puntos distantes del lugar de la convocatoria. Lo cual extiende la prolongada jornada hasta altas horas de la noche después de terminado el evento con desmedido desplazamiento sin descanso. No se puede argumentar el bienestar animal con jornadas ilimitadas de trabajo. Como no se puede aceptar bajo la concepción de la tradición el continuar utilizando los equinos en condiciones incontrolables por la magnitud de la convocatoria. Ni programar agrupaciones masivas de animales, en este y otros casos, con pretensiones de superar un récord que reduce a simples números la concurrencia de miles de seres vivos para ser contados. 


La masificación conlleva riesgos que se vuelven incontrolables para las autoridades en quienes recae la responsabilidad de garantizar la seguridad. Donde hay limitaciones para compartir con respeto, los animales seguirán siendo tratados como cosas. La responsabilidad inherente a vivir en comunidad implica la asumida por el participante al transitar por espacio público, la de saber tratar a su cabalgadura, su relación con el animal en que se recrea, para tratarlo con dignidad, para hacer un equilibrio del binomio que conforman, recayendo la responsabilidad de todo lo que suceda en el jinete, sea o no dueño del animal que cabalga. Responsabilidad civil que deben asumir organizadores y participantes. La filantropía del evento debe empezar por la base, respetando a esos seres sintientes que son los que sustentan la generosidad de los organizadores. Los caballos son los que están entregando su integridad, sus esfuerzos, su capacidad de resistencia ante los imprevistos, incluso soportando los excesos con que a veces los castigan, con el agotamiento de sus fuerzas, mal herraje, cojeras, heridas, fracturas, enfermedades musculares sobre todo en aquellos caballos llamados obreros, que provienen de otros lugares y usos prohibidos en Medellín. Si bien existe una labor meritoria con recursos de la cabalgata no pueden sobre explotarse los animales bajo el argumento del beneficio social. El Acuerdo vislumbra mejores días para los caballos si la Gran Parada se adecúa a los requerimientos estipulados. Queda bajo la responsabilidad de los organizadores el que esto no sea un mero cambio de nombre.