Columnistas

La desesperanza aprendida
Autor: Mariluz Uribe
16 de Diciembre de 2013


Recordando una carta que envié hace rato a mi sobrino-primo Alvaro Gonzalez Uribe sobre una columna suya sobre Gobernar Macondo, donde por cierto se destaca esta frase genial: “...extraer homogeneidad a la diferencia sin borrar ésta”.

Recordando una carta que envié hace rato a mi sobrino-primo Alvaro Gonzalez Uribe sobre una columna suya sobre Gobernar Macondo, donde por cierto se destaca esta frase genial: “...extraer homogeneidad a la diferencia sin borrar ésta”.


Le comentaba que esa idea tan bonita de erradicar la pobreza - que viene al caso ahora que Papá Gobierno está reglando casas- resulta casi imposible. Hasta en el Evangelio, creamos en él o no, dice Jesús: “Siempre habrá pobres entre vosotros”.


Hay un libro tremendo sobre el tema, “La desesperanza aprendida” de Seligman, director por años de la Asociación Americana de Psicología. Se narran experimentos con animales que caen en la desesperanza cuando no pueden sustraerse de ciertos peligros y se resignan y se  echan a morir. Luego pasa a narrar investigaciones hechas con seres humanos en la frontera de México, la semejanza es algo impresionante.


Se concluye que primero que la pobreza hay que combatir la ignorancia. Cultura y educación son las riquezas máximas, que nadie nos quita.


En mi trabajo como psicóloga en toda clase de medios he tratado gentes de diferentes escalas de pobreza y muchas veces me he sorprendido de la manera de no cuidar, de desperdiciar, de botar, de pedir préstamos sin tener con qué responder y olvidando los intereses que provocan estos. Y sobre todo de gastar en cosas no necesarias. 


Un conocido  mío, hizo a su madre tres días de fiestas de cumpleaños, para lo cual dejo de pagar servicios públicos, por cierto me contó que no había hecho la “Primera Comunión” porque en su casa no hubo plata para la fiesta. 


Como para algunos estratos hay subsidio para el agua, no cierran las llaves: una empleada que conozco y es inteligente y aprende, me cuenta como en su barrio lavan los camiones y dejan las mangueras abiertas “porque el agua es muy barata”. 


Colgar un traje, doblar la ropa, son artes desconocidas, entonces luego se recoge del suelo y se plancha con lo que se pierde energía y tiempo y desgasta el tejido. ¿Remendar? Lo roto se bota. ¿Caminar? No, cojamos un taxi. ¿Verduras, frutas, arroz, frijoles? No, empacados, enlatados, envasados, y en plástico, con todos los horrores de éste que libera radicales libres con el sol, y los perservantes de todo lo que no es fresco o refrigerado.


Escoger un menú sin mirar el precio primero. O escoger lo más caro para “dárselas”. No comprar un condón por caro como si fuera más barato el trago de aguardiente con el cuál van a meter la pata por no decir otra cosa y a procrear sin pensar en esos niños cuya educación hay que pagar para que no hereden la profesión mas fácil del mundo: la mendicidad. 


Tengo mala fama entre ciertos grupos que porque siempre estoy intentando enseñar algo porque fui maestra muchos años. E insisto en enseñar a hablar y a escribir. Ojalá conozcan lo que explica el doctor y profesor Rodolfo Llinás sobre cómo las palabras hacen el cerebro. No me canso de repetir esa frase. Lo que yo diga fabrica mis pensamientos.


Aquí se le hizo mucha propaganda a Bogotá sin hambre. Ojalá haya sido factible. Y ojalá también  sin depresión, sin tristeza, sin miedo, sin ansiedad, sin aburrimiento, y sin rabias. Y sin inventar Caos, como se está haciendo ahora. 


En todo caso ¡la ley es pan y circo! Y la pobreza no es solo aquí, qué tal en Estados Unidos, lo que se ve en California, Florida, Nueva York, Nueva Mexico, Washington ¡que es lo que conozco! Pasé una vez a media noche frente a la famosa iglesia de San Patricio en New York, una manada de negritos pobres instalaba una gran caja de madera para dormir adentro.


Y por otro lado la pobreza intelectual y de espíritu ¡compensada con comida! Dos de cada tres estadinenses son obesos, leído en su prensa. No me digan que leen y estudian mientras comen... o al revés?