Columnistas

¿Quién le recoge su basura?
Autor: Carlos Cadena Gaitán
16 de Diciembre de 2013


Es curioso, pero solo hablamos de la basura en una ciudad, cuando se descuadra el sistema.

Es curioso, pero solo hablamos de la basura en una ciudad, cuando se descuadra el sistema.


Todo parece indicar que el alcalde de Bogotá tendrá que dejar su cargo, a causa del desastre que se armó en la capital, cuando se cambió el sistema de recolección de basuras a finales de 2012. Es una lástima, porque el alcalde Petro se había covertido en el único servidor público de este país luchando de frente a favor de la sostenibilidad urbana. Sin embargo, más allá de las discusiones partidistas, los grades poderes ocultos o las acusaciones de parte y parte, quiero comentar sobre la raíz de la catástrofe: las basuras.


La naturaleza no genera basura. Los desechos de un proceso biológico son usados en otros ciclos naturales para mantener el balance de nuestro planeta. Por ejemplo, mientras las plantas absorben luz solar y dióxido de carbono de la atmósfera, producen oxígeno. En paralelo, los animales y microbios, a través de la respiración, devuelven el CO2. Obviamente, los humanos manejamos otra lógica, y en vez de aprender de la infinitamente inteligente naturaleza, generamos tanta basura como se nos hace posible cada día, y hasta nos complacemos con los desechos peligrosísimos, inherentes a nuestro concepto de “progreso”. 


Es verdad que la manera como estamos envenenado al planeta no es fácil de comprender para el ciudadano promedio. Además, como los grandes problemas para la supervivencia humana solo impactarán con fuerza vehemente a las próximas generaciones, entonces muchas personas hoy, no ven la urgencia de hacer que el respeto por el planeta, sea su prioridad número uno. Esta percepción es muy diferente a lo que pasa con las basuras en una ciudad. La razón es sencilla: la basura no deja de llegar, y se acumula rápidamente.


Recientemente lo hemos visto en Nápoles, en Madrid, en Bogotá. Un par de días sin recoger la basura, y la crisis urbana es tan potente que puede ser usada por políticos o mafias para lograr cualquier objetivo. Pero en estas discusiones siempre se olvida lo más fundamental: ¿por qué generamos tanta basura? ¿Nos interesa reducir la cantidad de basura que generamos como sociedad? ¿La basura que usted genera en su propia casa? ¿Quién nos recoge tanta basura?


Rara vez hablamos de eso, porque estamos acostumbrados a que nos “recojan la basura”. ¡Ojo! no me refiero a los patanes que botan basura desde las ventanillas de sus camionetas 4x4 y ni siquiera hablo de los desechos industriales. Me refiero al joven ejecutivo que sólo toma agua si es embotellada (en plástico), a la señorita que bota y bota para comprar y comprar las nuevas tendencias, a la ama de casa que todavía acepta los vasos de icopor y las bolsas de plástico “por facilidad”. Con seguridad, todos estos artículos terminan en la caneca, como si su ciclo simplemente terminara allí.


¿Reciclar? Es importante, pero no deja de ser un consuelo de bobos. ¿Acaso no sería mejor reducir las basuras, lo cual implica inmediatamente tener que reciclar menos? No por reciclar más se justifica que se genere más basura. Miremos lo que pasa en Medellín: 2.200 toneladas de basura por día. En Bogotá: 6.500 toneladas diarias. En Colombia: 27.300 toneladas por día; osea, ¡10 millones de toneladas al año! ¿Cuánto es una tonelada?, se preguntará usted. Pues es casi el peso de un carro pequeño, de esos que consumen el petróleo que no es renovable, generan el material particulado que envenena nuestros pulmones, y que jamás serán reciclados.


Insisto con la pregunta: ¿quién le recoge a usted su basura? Si no lo sabe, déjeme contarle que alguien lo hace, porque después de la caneca, todavía hay un camino largo para tratar de minimizar el impacto de esos desechos. De hecho, aprovecho para recomendar una de las mejores películas recientes, la historia del artista Vik Muniz en el basurero Jardim Gramacho de Rio de Janeiro: “Waste Land”.


Nuestra responsabilidad urgente es reducir nuestras propias basuras; nuestro deber es reconocer la labor de esas personas –a veces invisibles– que recogen nuestra basura en la ciudad.