Columnistas

Dos virreyes norteamericanos
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
15 de Diciembre de 2013


Todd Howland, representante en Colombia de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos abiertamente defiende el actual proceso de paz con las Farc, acosa a quienes critican ese proceso

Todd Howland, representante en Colombia de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos abiertamente defiende el actual proceso de paz con las Farc, acosa a quienes critican ese proceso –actuando en contrario a lao señalado por la Corte Penal Internacional- y se toma el atrevimiento de fungir como virrey de esta colonia en manos de la burocracia de la ONU. “Pedimos una cita con el Procurador General porque yo creo que es importante que vamos a hablar sobre la jurisprudencia existente en razón de derechos humanos en este tipo de casos. El Procurador tiene su mandato pero también tiene que respetar en este caso los derechos del alcalde y más importante los derechos de los ciudadanos de Bogotá”, dijo recientemente en declaraciones relacionadas con la sanción impuesta por el Procurador al alcalde Petro.


Este hecho es parte de una intromisión permanente en los asuntos internos de Colombia, que no corresponde a las funciones de su cargo, en especial, la de velar por los reales derechos humanos de  los ciudadanos.  Este señor, por encima de las instancias y los tribunales del país, prejuzga al Procurador pues  cree que está en capacidad de enseñarle al señor Alejandro Ordoñez la jurisprudencia internacional aplicable a estos casos y declara que los derechos individuales del alcalde son los derechos de los bogotanos. Fatal equivocación que contribuye a incendiar a esta ciudad y al país, que es lo que ocurre en Bogotá. 


Nadie está por encima de la ley. De lo que se trata es de que el alcalde haga uso de los recursos para defenderse que le otorga la normatividad colombiana. Yo presumo la buena fe de Ordoñez en este caso, como lo hice cuando sancionó con inhabilidad a los exministros Arias y Pretel de la Vega. No puede ser que cuando se sanciona al opositor, el funcionario es bueno, pero es malo se aplica a alguien de la izquierda.  


Es falaz que el hecho de haber sido elegido por el voto popular blinda a un funcionario de las posibles sanciones de la justicia y de los organismos de control, al menos en una democracia. Si esta tesis fuera verdadera, Richard Nixon no hubiese tenido que renunciar porque violó una ley sobre el ordenamiento político norteamericano. Ser elegido por los ciudadanos no produce patente de corso ni al elegido ni a los que lo eligieron. En un estado liberal de derecho se cumplen los procedimientos y se hace uso de ellos para defenderse. Pero funcionarios como Howland incitan a la desobediencia de la ley, defendiendo los pretendidos derechos de un individuo con el que concuerda ideológicamente, y ataca al alto funcionario que cumple con su obligación constitucional, al cual le niega la presunción de haber actuado de buena fe y dentro del marco de la ley. De esta manera viola los derechos políticos de los ciudadanos de Bogotá a tener un buen gobierno, en caso de que la sanción al alcalde se mantenga. 


Por su parte el señor Kevin Whitaker, quien será el nuevo embajador y virrey de Estados Unidos en Colombia, dijo, que “si ciudadanos del país interpretaban la decisión del Procurador como la ausencia de un espacio para participar esto podría erosionar las condiciones básicas para la paz” que se negocia en La Habana con las Farc, pues el tema del pluralismo político era uno que se había tocado en el punto número dos de la agenda de negociación (eltiempo.com 13,12, 2013). Increíblemente este señor piensa que la inclusión es la inclusión de los terroristas en la democracia.  Esta es una intervención grosera en los asuntos internos del país, por parte de un estado que se precia de no negociar con terroristas. Un gobierno que no negocia con Al Qaeda, por ser una organización terrorista, le exige a los colombianos que sí negocien la agenda nacional con las Farc. 


Esas son las inconsecuencias de un Obama que se deja quitar el liderazgo mundial por Putin y no vacila en poner en situación difícil a Israel frente a la teocracia iraní que ha jurado borrar e ese país de la faz de la tierra; y de John Kerry, secretario de Estado, el izquierdista viejo amigo de organizaciones de extrema izquierda del mundo.


La diplomacia norteamericana practica oficialmente ahora el imperialismo de los “progresistas” –que nos recomiendan mantener el diálogo con las Farc pero violan los derechos humanos de los prisioneros de Guantánamo. Es que es fácil ser progresista con el destino de naciones pequeñas, no importa que el terrorismo acabe con sus estados democráticos. Si hay un imperialismo repugnante y sofocante, es el que practican la “izquierda norteamericana” del partido demócrata y los burócratas internacionales “defensores de los derechos humanos”, que viven como magnates a costa de la sangre y la muerte de los inocentes. Esta gente, precisamente, es a la que no le interesa que se solucionen conflictos internos, porque perderían sus inmensas fuentes de ingresos.  En realidad, no son palomas, como se presentan, sino buitres.