Columnistas

De fraudes y tristezas
Autor: Rub閚 Dar韔 Barrientos
12 de Diciembre de 2013


El 75% de los universitarios de Antioquia, aceptan que han cometido alg鷑 tipo de fraude en su quehacer acad閙ico.

El 75% de los universitarios de Antioquia, aceptan que han cometido algún tipo de fraude en su quehacer académico. La Gobernación de Antioquia y su programa “Antioquia Legal” realizaron una encuesta en 15 universidades del departamento (5 públicas y 10 privadas) contestada por 5.944 educandos. Una muestra decidora e irrefutable. El resultado es aciago por donde se le mire. Y examinen un ángulo de los resultados, bastante deprimente: el 9% manifiesta haber presentado un certificado médico falso, para justificar una inasistencia. Una carambola harto penosa: profesional más estudiante, abrazados en la treta. Da tristeza todo esto.


El martes último, se conoció la noticia de que 40 estudiantes de pregrado de la Universidad Eafit compraron certificados espurios de la prueba Toeic, que avala competencias en inglés. La engañifa, abarcó todas las carreras. La red de chanchulleros de ciudad, hace su agosto en cualquier mes del año. Nos duele por Juan Luis Mejía, el rector íntegro, abanderado de la legalidad y quien de manera propositiva ha invitado a la reflexión ética. Sus palabras lo dicen todo: “Esto nos tiene acongojados. A pesar del esfuerzo de la universidad por manejar integridad académica, nos vemos en esta situación que nos duele mucho, por los estudiantes que se engañan a sí mismos”.


Tres meses atrás, fue la UPB la que vivió la tribulación del fraude. Dos empleados, non sanctos, del registro académico, alteraron notas y cobraron a algunos estudiantes entre $ 250.000 y $ 1.000.000 por su maturranga. Fraude campante y tristeza inenarrable. Fueron puestos de patitas en la calle. Fraude viene del latín Fraud, que consiste en una acción que resulta contraria a la verdad y a la rectitud. Es aterrizar en esa frontera de la ilegalidad, pisoteando la legalidad. ¿Y la ética? ¿Y el valor de la rectitud? En la Universidad de los Andes, el 94% de los alumnos aceptó haber cometido fraude en alguna etapa de su vida estudiantil. Tristeza. Y grande.


El Observatorio de la Universidad Colombiana, recoge el informe del diario El Tiempo, que habla del desparpajo de una mal llamada escritora, quien sin escrúpulos hace saber que “ha hecho 50 monografías de tesis de grado, en 3 años”. Dice la vendedora de monografías que “hago labor social con estudiantes que no tienen tiempo de hacer la tesis”. Ella forma parte de ese mercado negro de las tesis en Colombia. El negocio es jugoso: se cobra por tesis fabricada entre $900.000 y $2.000.000. ¿Qué será de la calidad de profesionales faltos de ética?


Y vamos otros dos meses más atrás. Se detectó fraude en pruebas para elegir a 24.250 cupos de docentes para el estado. Hubo 80 exámenes anulados y 50 aspirantes ingresaron con IPad, tabletas y Smartphones, para asirse de la trampa. Los tránsfugas, vendieron cuestionarios a un millón de pesos. Los docentes en la senda aviesa. ¡Qué esperanzas! Muchos maestros en el ardid, sin autoridad moral para luego exigir comportamientos dignos. Y así mismo, la prensa, ha referido fraudes en la Universidad de la Sabana, en la Universidad del Norte y en la Universidad Nacional. 


Muchos falsifican documentos profesionales para ingresar a laborar. Hoy, hasta se habla de que hubo fraude en el sorteo del mundial de Brasil. ¿Y el juego limpio? ¿Y la limpieza de conciencia? ¿Y los valores? ¿No cree usted, amable lector, que las universidades deberían redoblar cátedras amplias de ética y de valores? Vamos mal y empeorando. Eso sabe a tristeza. No podemos taparnos los ojos ante este problema. La pesadilla no llega a su fin. Y nos consolamos, dizque porque “los buenos somos más”.