Editorial

El reto del Centro
12 de Diciembre de 2013


Estamos, pues, ante una crisis estructural de toma del espacio p鷅lico del Centro de la ciudad por trabajadores informales certificados y no certificados, traficantes de personas, drogas y otros delitos, extorsionistas y ladrones

La asonada que el pasado martes protagonizó un pequeño grupo de venteros objeto de intervención por las autoridades que buscaban recuperar los espacios en que se habían ubicado irregularmente en el sector del Parque de Berrío, no es la primera que la ciudadanía ha presenciado como respuesta a las acciones de las autoridades para recuperar el Centro para el uso y disfrute de todos los habitantes, que tienen igual derecho a vivir y disfrutar de una zona rica en su oferta para la vida pública.


En la Navidad 2012-2013, cuando todavía se estudiaban las acciones administrativas para dar regularidad al uso del Centro por los trabajadores informales que hace décadas ocupan módulos públicos o sitios tomados por ellos, el Centro de la ciudad fue ocupado por venteros sin tradición en el oficio que se tomaron aceras y vías, violando múltiples derechos a los ciudadanos de Medellín: al trabajo, a comerciantes y sus empleados; al espacio público, a peatones y trabajadores de las zonas alrededor del Parque de Bolívar y Carabobo; al disfrute de la seguridad, a quienes visitan, conocen y recorren el Centro de la ciudad. 


La asonada del martes y las que se presentaron en el pasado reciente cuando las autoridades actuaron buscando controlar los delitos que se venían sumando en el sector, revelan las dimensiones del intento de ocupación ilegal del espacio público por bandas que usan el comercio informal para ocultar grandes negocios y que crecen al amparo de intereses particulares de dirigentes políticos. ¿Cuánto tiempo de abuso se necesitó para llegar a esta situación?, algunas investigaciones hablan de veinte o más años, ¿cuáles razones han propiciado estos hechos?, sin duda, la creencia generalizada de que el comercio informal era la única respuesta que nuestra sociedad podía ofrecer a la pérdida de empleos formales -cuando en realidad es fuente de desempleo en el sector formal y legal-, postura discutible que encontró eco en dirigentes políticos en busca de adeptos.


Esta semana fue divulgada la denuncia de Fenalco sobre crecimiento de las extorsiones contra los comerciantes del Centro, siendo esta la primera vez en los quince años en que se ha venido hablando de la existencia de organizaciones armadas ilegales en la zona, que un dirigente gremial tiene la valentía de alzar su voz para alertar a autoridades y ciudadanos sobre el cobro de “vacunas” a comerciantes, edificios de oficinas y viviendas, y hasta a los trabajadores informales.  Un fenómeno que expulsó a muchas de las organizaciones y personas que quisieran estar en la zona y al que se tuvieron que resignar otros que no tenían opción distinta que denunciarlo calladamente. La denuncia refiere la confianza en que hay una ciudad que escucha y se preocupa por el Centro y po lo tanto, aunque inquietante, es un gran síntoma.


Estamos, pues, ante una crisis estructural de toma del espacio público del Centro de la ciudad por trabajadores informales certificados y no certificados, traficantes de personas, drogas y otros delitos, extorsionistas y ladrones, que actúan “coordinados” por organizaciones legales, como asociaciones de venteros, o ilegales como las equívocamente llamadas “convivir”, que pretendieron convertir el Centro de la ciudad en territorio vedado para la legalidad. Resolverla con acierto, defendiendo los derechos de toda la ciudadanía y garantizando equidad en el trato es el gran reto que tenemos la Administración Municipal, los sectores con intereses directos en la zona y los ciudadanos que aspiramos a recuperar el orgullo que hemos sentido por el lugar donde se fundó y creció la ciudad, donde están sus edificaciones patrimoniales y muchos de los tesoros que nos legaron los abuelos.


La asonada del martes incomoda a la ciudad de tal manera que hasta algunos muy serios analistas han caído en la trampa de señalar a las autoridades como responsables de estos hechos. Se equivocan: ella confirma que el modelo de intervención de la Administración Municipal en el Centro comenzó en lo que el Gobierno llama el “polígono”, comprendido entre la Avenida Oriental y la carrera Carabobo y la Avenida San Juan al Bazar de los  Puentes, el sector más comercial y también más afectado por la ocupación delincuencial del sector, va en la dirección correcta. Acompañar a las autoridades hasta que logre los resultados que se esperan es el gran reto para la ciudad y la mayoría de sus habitantes.