Columnistas

¡Qué contraste!
Autor: Rodrigo Pareja
10 de Diciembre de 2013


Hay situaciones y acontecimientos cotidianos que deberían ser presenciados por la mayor cantidad posible de personas, pues de ellos pueden derivarse importantes conclusiones y servir de ejemplo para asumir actitudes hacia el futuro.

Hay situaciones y acontecimientos cotidianos que deberían ser presenciados por la mayor cantidad posible de personas, pues de ellos pueden derivarse importantes conclusiones y servir de ejemplo para asumir actitudes hacia el futuro.


En especial por aquellos que, al parecer, no han tenido oportunidad de calibrar ni medir las consecuencias de sus actos descabellados, dolorosos, absurdos y condenables, curiosamente unos y otros escenificados en un mismo entorno y por seres que se supone inteligentes. 


El introito es para significar el abismal contraste que existe entre la celebración jubilosa en medio de aplausos, risas y lágrimas de alegría en el teatro “Camilo Torres” de la Universidad de Antioquia, y el desolador panorama que muchas veces se vive en la misma Alma Mater por situaciones vergonzosas protagonizadas por unos pocos y cobardes encapuchados.


 Incapaces de enfrentar como varones y hombres inteligentes la controversia, el debate y la confrontación civilizada, de defender con argumentos y tesis válidas sus alegatos, optan por convertirse en unos n.n. antisociales que apelan a la piedra, al ataque aleve y al estruendo de la pólvora para acallar las ideas que no les satisfacen. 


La universidad, de suyo epicentro de la cultura, el aprendizaje, la creatividad y la perfección en todos los campos del saber humano, la convierten estos enmascarados en un escenario de violencia y de dolor con sus descabellados procederes. 


Bienvenida la discusión, el enfrentamiento civilizado de las posiciones, la defensa, ardorosa si se quiere de posturas y postulados, pero no amparada en la mansalva ni en la fuerza que destruye toda posibilidad de acercamiento y arrasa con expectativas y futuros de unos hombres que necesita la nación. 


El “Camilo Torres” colmado por graduandos de la facultad de ingeniería, por padres y madres que sentían haber cumplido con su deber no obstante sus sacrificios y desvelos, por abuelos de pecho henchido, hermanos y otros familiares y profesores, todos rebosando optimismo y orgullo, era un espectáculo para ver y compartir. 


Qué lindo hubiera sido que esos pocos encapuchados que tiran la piedra y esconden la mano, algunos de los cuales engañan con su actitud perversa a sus sacrificados padres y de paso destruyen o aplazan indefinidamente las esperanzas de otros jóvenes, hubieran estado siquiera unos segundos en el magno recinto. 


Se habrían estremecido con el maravilloso e impactante espectáculo del joven ingeniero que dificultosamente, apoyado en dos muletas pero con una hombría y una decisión que podían palparse, ascendió las pocas escalas para recibir su cartón que ahora lo acredita como nuevo y promisorio profesional egresado del Alma Mater.  


También con la presencia de graduandos con edad poco usual para optar un título, con unas respetables canas y una numerosa familia Que plena de gozo los acompañó en la hermosa ceremonia; o con las abuelas y abuelos que no pudieron esconder un lagrimón cuando sus bendecidos nietos o nietas volvieron a sus asientos para entregarles el esperado diploma, y también con las madres o los jóvenes padres que prefirieron para subir al proscenio la compañía inocente y despreocupada de sus pequeños hijos. 


Que contraste entre ser testigos de ese espectáculo de la inteligencia, colofón lógico e irreemplazable a unas vidas de esfuerzo y consagración, con el registro cada cierto tiempo de las noticias que entristecen el alma al advertir que la cuna de la raza ha sido convertida de nuevo en epicentro de una demencial violencia. 


Habrán pensado sus protagonistas por un momento siquiera, que por su accionar insensato muchos no pudieron graduarse? y que otros tardaron más de la cuenta en hacerlo? y que, en consecuencia, se multiplicaron los sacrificios y las angustias de muchísimas familias?