Columnistas

La Convención Liberal, vigencia del Partido
Autor: Bernardo Trujillo Calle
7 de Diciembre de 2013


Después de leer el muy buen y bien escrito editorial del periódico EL MUNDO de 3 de este mes sobre la Convención Liberal, me animo otra vez a escribir sobre lo que tantas veces he escrito y no me cansaré de hacerlo.

Después de leer el muy buen y bien escrito editorial del periódico EL MUNDO de 3 de este mes sobre la Convención Liberal, me animo otra vez a escribir sobre lo que tantas veces he escrito y no me cansaré de hacerlo.  Horacio Serpa, es un ciudadano de bien, permanentemente atacado por adversarios políticos que han puesto toda su inquina en el hombre más destacado del liberalismo que ha sido honrado, esta vez con la cabeza de la lista al Senado, en atención a su elocuente palabra, a su versación sobre la historia del país; al conocimiento de los intríngulis que desde bambalinas manejan los hilos del gobierno y el Congreso. 


EL MUNDO hizo un fiel recuento de lo sucedido en la Convención Liberal reunida en Cartagena y con tino y buen acierto, puso en su sitio al expresidente Pastrana a quien se le ocurrió publicar un desaliñado panfleto ofensivo y mentiroso, precisamente al tiempo en que el liberalismo se aprestaba a resolver en la magna Asamblea el futuro del partido.  No pudo la insidia estorbar ese público reconocimiento que se le estaba haciendo al jefe santandereano, resucitando el proceso 8.000 en el cual nada tuvo él que ver como ha sido verdad judicial pasada en autoridad de cosa juzgada.


Con razón el citado periódico replica que “quien debe dar explicaciones al país es el doctor Pastrana, que no solo no instauró acciones judiciales oportunas sino que, si lo que dice es cierto, durante casi veinte años ocultó hechos trascendentales para llegar a la verdad, ¿Con qué malévola intención?”  Claro que intención malévola sí la hubo.  Pastrana es proclive a esa práctica y tal vez se deba a que no ha podido superar el complejo de haber salido del alto cargo registrando el índice de aceptación más deprimente hasta hoy conocido.  Su gobierno fue gris.  Casi un fracaso histórico.  Por eso se inventa unas “Memorias olvidadas” que le escriben para saciar venganzas contra prohombres del liberalismo que han prestado insignes servicios al país: César Gaviria, Rafael Pardo, Horacio Serpa.


Pastrana es una persona rencorosa. Desde el día en que el Presidente Santos habló de revelar las actas de la Comisión de Relaciones Exteriores para definir responsabilidades respecto al fallo de La Haya sobre el litigio con Nicaragua, su furia no ha cesado. La carta que le envió en lenguaje exaltado anunciando su retiro de la Comisión, fue un acto de inmadurez y una confesión tácita de su responsabilidad.  A tal punto llegó su desespero, que de inmediato se alió con Uribe para hacer causa común en contra de la anunciada publicación.  Desde entonces el aceite y el agua se unieron para hacerle oposición al actual gobierno que está a punto de firmar un acuerdo sobre la paz con las Farc, otro logro de Santos que tiene en ascuas al binomio Uribe-Pastrana.


No funcionó, pues, el petardo del panfleto para interferir el buen suceso liberal de la Convención.  La unidad del partido salió fortalecida y los máximos dirigentes puestos en el propósito único de preservarle su esplendor de siempre.  Ya es un hecho:  cada vez que se intenta maltratar al liberalismo, mañosa o violentamente, la respuesta es la misma, surgida de su fortaleza interior –desde Núñez-.  Su instinto de conservación y su poder de reorganización impide cualquier cometido que atente contra su vigencia.


Sobra decir que me identifico ciento por ciento con el editorial de EL MUNDO y celebro que haya salido por los fueros del Partido y por la defensa de sus hombres ilustres.  Hay quienes se extrañaron por el tono airado de las declaraciones del expresidente Gaviria en respuesta la desafuero pastranista, pero cada palabra suya es un mentís al desvarío y una condigna respuesta a la mezquindad.


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P.S.: 


El Procurador Ordóñez está enfermo de odio y sectarismo.  Su gratuita malquerencia contra quien se aparte de su código confesional pasará a la historia como un regreso al medioevo.  Ya la emprendió contra Santos, pero el Presidente conoce más sus derechos, que el Procurador sus deberes.


Insólito que sea la prensa y la televisión las que mantengan vivo el culto del pueblo llano a la memoria del nefato criminal Pablo Escobar.