Columnistas

Colombia ante las pruebas Pisa 2013
Autor: Alejandro Garcia Gomez
7 de Diciembre de 2013


“Vergüenza: Colombia entre los peores en educación”, Semana.com (03.XII.13). Hoy busquemos los orígenes de una de las causas.

“Vergüenza: Colombia entre los peores en educación”, Semana.com (03.XII.13). Hoy busquemos los orígenes de una de las causas. A comienzos de 2002, final del gobierno de Andrés Pastrana, recibíamos con alarma el decreto 230/02, sobre evaluación y promoción en educación básica y media. Ni columnistas ni editorialistas ni la gran prensa se pronunciaron contra esa nueva imposición del FMI y del Banco Mundial para nuestro país. El Mineducación de entonces, Kiko Lloreda, lo camufló asegurando que acabaría con la deserción escolar. En realidad, lo que el FMI y el BM buscaban era abaratar los costos educativos con aquellos estudiantes cuyo proceso de aprendizaje fuera más dificultoso y precisara del recurso que los otros no necesitan: la repetición del grado escolar cuando el número de asignaturas con dificultades fuera alto. Esto requería más maestros y más locaciones, o sea, más dinero. Era más barato promoverlos de grado escolar a todos. Así nació ese decreto, firmado por el ministro Kiko Lloreda pero craneado, al parecer, por Cecilia Vélez, Secretaria de Educación de Bogotá entonces.


Finalizado el gobierno del fatuo Pastrana, Uribe se empeñó en ambos gobiernos en continuar con el fatídico decreto. Proseguimos alertando sobre el peligro que significaba para las generaciones venideras su perverso artículo noveno que ordenaba que debía ser promocionado “un mínimo del 95% de los educandos que finalicen el año escolar en cada uno de sus grados”. Señalábamos, una de tantas veces: “Ojalá que el laberinto infinito de mediocridad, al que nos está llevando el FMI, no nos despierte demasiado tarde ‘...’ Tendríamos que esperar varias generaciones para volver a estar, por lo menos, en la pobre situación donde nos encontramos hoy”, (EL MUNDO, 28.X.02). Nuevamente fue en vano nuestro llamado. Empezaban los 8 años de la ministra Cecilia Vélez, que llevó a la educación colombiana a disputarse los últimos puestos con las de África central en Matemática y Lengua Materna. Durante ese lapso, en varias ocasiones  volvimos a cuestionar desde esta columna el decreto embeleco, con el cual miles de estudiantes con 5, 6 y hasta 9, 10 o más asignaturas con insuficiencias eran promovidos al siguiente grado. Todo siguió igual, hasta que en 2009, y después de que ya fuera imposible negar el fracaso, la Mineducación Vélez sacó de la manga el decreto 1290 -un lavatorio de manos- después de un pretendido proceso de legitimación democrática en el año 2008 y ordenó aplicarlo en 2010. Lavatorio de manos porque después de tanto fracaso, dejó en manos de cada colegio el confuso cambio. Con el 1290, los profesores en todos los colegios del país intentaron volver a la exigencia académica, apartándose del 230, a pesar de la amenaza de entonces, de que los colegios públicos con alta reprobación, serían lanzados como negocio a manos de particulares.


A finales de 2010 un alto porcentaje de estudiantes reprobó el año. Los culpables eran, claro, los maestros y el nuevo decreto. Comenzaba la era  de la actual ministra Fernanda Campo quien guardó prudente silencio ante la acostumbrada generalización de responsabilidades de la prensa contra los maestros. Hoy el lamento es ante el fracaso que han representado las pruebas Pisa. Y, ¿los culpables? “Ante las desfavorables cifras de la OCDE, el gobierno colombiano insólitamente intenta defenderse … Colombia empeoró respecto al 2009”, Semana.com (ibíd). Son, por lo menos los cuatro gobiernos anteriores quienes deben asumir esta responsabilidad en política educativa: Ernesto Samper –mineducación Jaime Niño Díez- comenzó la Promoción Automática en primaria. Los niños aprobaban sin saber leer ni escribir. Era tal el daño, que los padres pedían a sus profesores la repitencia de grado. Andrés Pastrana introdujo la Promoción Automática en secundaria, decreto 230. Álvaro Uribe en ambos gobiernos lo sostuvo hasta que no se pudo ocultar el fracaso. Volveremos al tema con otras causas.