Columnistas

“Ignorancia por punta y punta”.
Autor: Mariluz Uribe
25 de Noviembre de 2013


Tengo fuera de Colombia, amigos europeos que me preguntan si el 99% de la población colombiana es indígena.

Tengo fuera de Colombia, amigos europeos que me preguntan si  el 99% de la población colombiana es indígena. 


He leído pacientemente el libro “Seis mil años de pan” de H. E. Jacob (Traducción de Mirlas León, Edit. Impulso Argentina) así que pude devolver la pregunta “es el 90 % de la  población serbocroata, eslovaca, teutona, también 99% indígena?”


Pues cuando Uds. lean ese libro se enterarán de que la India era antiquísimamente un país pobre formado de aldeas donde los habitantes eran  nómadas  o sea que apenas terminaban con la comida -vegetales y animales- consumibles de aquella región, emigraban para otra y constituían otra aldea y así continuamente, allí hacia el oeste y hacia arriba. 


Y en unos seis mil años de aquellas dificultades, llegaron a Europa o a lo que antes era ésta,  atravesaban los Urales, pasando seis meses sin sol y de allí iban bajando y viviendo a su manera. Así que por los ya civilizados mediterráneos, fueron llamados “bárbaros”, que quiere decir EXTRANJEROS, palabra que con el tiempo tomó otra connotación (lo que no impide que bauticemos Bárbaras a nuestras mujeres, pero no nos atrevemos a hacerlo con los hombres así muchos merezcan más este apelativo).


Con el tiempo esos bárbaros fueron los que hoy llamamos los GERMANOS, regados por Alemania y además por todos los  países que hay en el sur del mapa de Europa alrededor de ellos, sin meternos en Portugal, España Francia, Italia ni Grecia ni aventarnos a Turquía que es otro paseo, pues es el país que une a Europa con Asia. 


Recuerden que los idiomas traídos por los barbaros, germanos, eran, son, llamados INDOEUROPEOS. Excepto el finlandés, el húngaro y el vascuence que tienen otro origen desconocido.


Pero para que se rían un poco les contaré que conocí un canadiense de Vancouver, estudiado en Boston, a quién osadamente le pregunté cómo se imaginaba a Colombia. La respuesta fue: “Una cantidad de negros gritando en las calles”, y cuando le pregunté si él me veía como una negra gritona, me contestó que ¡yo era la excepción! ¡Ja, ja! Me conocía poco.


Me quiso meter a su “religión” que quise desbaratarle con tres frases que dije en su templo: -“¿A quién estamos adorando”? -“Qué representa ese cuadro”? –“¿Qué dice allí?”


Ninguno de todos los adoradores presentes lo sabía y sin embargo “adoraban”. 


Después de la ceremonia, siempre con los hombres separados de las mujeres, y cada persona nueva acompañada por un ayudante, había una reunión-discusión circular. Aproveché para decir mis preguntas a las cuáles, aunque había un personaje “sacro” ensotanado en lujos brillantes, no obtuve ninguna respuesta...


Los escritos estaban en un idioma que para mí,  graduada en esas materias, eran de una letra incomprensible, ni árabe, ni china ni japonesa, ni griega, ni rusa.Todavía estoy esperando las respuestas, espero que el joven no haya perdido mi dirección, aunque la última vez que lo llamé en Canadá mismo me dijo que no podía verme porque se había casado con una joven de su religión. Que el cielo los cobije. Pues la tarde que pasé en su casa, llovía a cantaros y él empeñado en no cerrar terrazas ni balcones porque eso era bonito de oír, ver y sentir frío...


 Ya les conté que estando mi prima estudiando en Boston y fuera a celebrarse una fiesta de clausura con disfraces, una niña le preguntó a mi prima si se podía vestir de “colombiana”, ella muy sorprendida le dijo que sí y la chica apareció descalza con un fundita ¨típica¨ y tengo la idea de que se subió a un árbol... Menos mal que después llegó una célebre novela, creo de un italiano sobre una población que vivía en los árboles.


* Psicóloga PUJ  y Filóloga U de A.