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緾u醤to cuesta la seguridad de Uribe?
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
24 de Noviembre de 2013


Existe una forma condenable de hacer pol韙ica proveyendo informaci髇. Con tono y cara de ingenuidad, alguien de un medio de comunicaci髇 pregunta algo, que le parece que puede explotar en favor de su benefactor

Existe una forma condenable de hacer política proveyendo información. Con tono y cara de ingenuidad, alguien de un medio de comunicación pregunta algo, que le parece que puede explotar en favor de su benefactor, para lanzar un manto de escándalo sobre la oposición.


Un conocido noticiero de televisión hizo eso: mostró con bombos y platillos cuánto cuesta la seguridad de Uribe, resaltó a más no poder la cifra de dinero, 18.131 millones al año; señaló el número de hombres, de armas, de vehículos,  y luego de la alharaca, para cubrirse la espalda, afirma que se trata de un gasto necesario, porque “más vale prevenir”.


El mensaje, no tan subliminal para los colombianos es: atérrense de lo que le cuesta al país, a los contribuyentes, mantener el esquema de seguridad de ese expresidente, y casi que pregunta ¿no les parece eso exagerado e inaceptable?


Quien mira desprevenidamente, esa cantidad de dinero y de recursos, es excesiva y constituye un privilegio indebido. Pero no es así: Uribe es el hombre más amenazado de Colombia -al igual que su familia- y el esquema de protección, no lo escogió él, sino que fue diseñado por los organismos de seguridad del Estado, mediante protocolos determinados por el grado de riesgo. 


La pregunta es: ¿puede un gobierno  disminuir la protección al ex presidente so pretexto de que es muy costosa?, o de otra manera, ¿Tiene o no derecho Uribe a ejercer su quehacer político, como jefe de la oposición, en una situación en la que hay casi que un cogobierno entre Santos, el mismo que ha calificado al ex presidente de “enemigo de la paz”, de “buitre”, etc.; y las Farc, las mismas que han intentado asesinarlo en  infinidad de ocasiones?


La respuesta no puede ser sino una: claro que tiene derecho, si es que queda algo de democracia en el país y queda algo de decencia al jefe del ejecutivo. 


Pero es que hay algo que no es transparente en esta situación. El propio ministro de  la defensa, le informa al presidente Santos y a Uribe, y luego a la nación entera, que hay una amenaza inminente sobre la vida del exmandatario. Santos dice, para que lo oigan, que ha dado personalmente la orden de protegerlo –como si eso fuera gran cosa, una dádiva- y sus negociadores plantean que este magnicidio echaría a perder las conversaciones de La Habana. Pero Santos no acaba de terminar su afirmación cuando ya les está preguntando a las Farc si están preparando un atentado contra Uribe. ¿Qué quería que le respondieran? ¿Qué sí? Ni idiotas que fueran;  pero el hecho de preguntarles deja un mal sabor en la boca, porque la pregunta misma les abre una puerta de escape frente a la opinión pública, que las desestima y condena casi que unánimemente


Las Farc, por supuesto, lo negaron diciéndole que se trataba de un refrito, y, Santos, obsecuente, le transmitió la “respuesta” al país. Para el mandatario de los colombianos se trataba, entonces, de una manera insidiosa de hacer política por parte de Uribe, quien buscaba hacerse notar, apelando a la sensibilidad de los colombianos frente a un crimen de esas dimensiones. No importa que al traer la razón de las Farc desautorizara a su ministro de defensa y a los organismos de inteligencia del Estado.


Y, entonces, uno va entendiendo para dónde va el agua al molino. Para un determinado círculo de  los reeleccionistas, el objetivo es hacerle creer al país que el gobierno se gasta una enorme cantidad de dinero para cuidar a alguien que mañosamente hace oposición invocando que va a ser objeto de un atentado, en lugar de invertirlo en cosas que sí son urgentes, como las casas gratis.. ¡Qué cosa¡ y ¡Qué gente tan (ponga usted el adjetivo que le parezca).