Columnistas

F鷗bol: la violencia es noticia otra vez
Autor: Alejandro Garcia Gomez
23 de Noviembre de 2013


Resuena una cascada noticiosa a favor y en contra de la medida de la Alcald韆 de Medell韓 de cerrar su estadio para un juego de Atl閠ico Nacional este 21 de noviembre, por los conocidos hechos de violencia del 鷏timo encuentro ante Millonarios.

Resuena una cascada noticiosa a favor y en contra de la medida de la Alcaldía de Medellín de cerrar su estadio para un juego de Atlético Nacional este 21 de noviembre, por los conocidos hechos de violencia del último encuentro ante Millonarios.


¿Por qué el fútbol ha llegado a ser el espectáculo más grande del mundo? Por varias razones entre las cuales está que es un deporte-juego de conjunto que lo convierte en punto de encuentro social, por sus características de competencia democrática con normas que cada jugador y espectador conoce y sabe que debe respetar, en donde un poco de habilidad o fuerza o  agilidad mental o todas juntas –con el balón y/o con las normas- te sacan de la igualdad democrática y te dan la jerarquía del poder sobre ese grupo y te convierten en el ídolo del momento o de varios años o te llevan, aun, al desborde irracional de la cursilería y la desfachatez –iglesia Maradoniana-.


¿Por qué el fútbol y no otro deporte es el súper espectáculo del s. XX y XXI? Porque es el deporte-juego en el que mejor se acomoda, se expresa y se sublima el machismo de hombres y mujeres, en medio de la actual globalización. Otra, complementaria a la anterior, es el auge que le dieron los medios de comunicación, más que todo la televisión, con la que llegaron las fabulosas fortunas de lo “pases”, o sea la propiedad de los derechos deportivos de los jugadores, y toda la parafernalia que mueven alrededor de ellos.


¿Y por qué se transformó en feroz utopía? El espacio es breve: cuando se solidificaron los equipos de fútbol profesional en América Latina como negocios rentables (décadas 60’ y 70’), una inmensa mayoría de jóvenes de clase media y popular teníamos la utopía de la justicia con libertad que la habían propagado por el mundo la Revolución Cubana (1959) y la herencia del Mayo Francés del 68. Algunos heredaron la “utopía” del dinero y hoy la retransmiten a sus proles. Pocos optaron por el servicio religioso. Muchos jóvenes colombianos de clase media y popular (casi todos hinchas y que continuamos siéndolo aún, pero sin esta demencial actitud) peleábamos contra el Plan Atcon de las universidades, armados con los argumentos del Programa Mínimo; o contra el plan Kerrie de las cuatro estrategias de Misael Pastrana y otras utopías, inmersas todas en un pensamiento socialista y marxista que después nos fueron dejando a vera del camino a algunos, a otros nos estrellaron contra la realidad de la corrupción y a pocos aun los parapetaron como validos de algún presidente de república o de transnacional o cosa parecida. Otros murieron. Los poderosos, validos de sus aplastantes medios de comunicación, con mayores sutilezas hoy que antes, vistieron de fasto globalizador el nacionalismo, la banalidad, el machismo y el consumismo, combinándolos.


Su palabra y sus demoledores medios subieron a los altares de las utopías a los futbolistas como otros dioses modernos, para lo que se sirvieron de sus criaturas: los periodistas del fútbol, causantes en buena medida de la violencia actual, con su jerga, irresponsable muchas veces por incendiaria. Sus “comentarios” de buena o mala imagen para un jugador rayan en la prebenda que “aceptan”, se ha denunciado también.


Claro que los culpables jamás han querido aceptar sus responsabilidades. Con el ejemplo europeo y luego argentino y con el narcotráfico del 70’ y más del 80’, aparecieron las primeras barras violentas, quizá progenitoras de las de hoy: en Medellín la Escándalo Verde (hoy Los del Sur, LDS) y la Putería Roja (hoy Rexixtenxia Norte, RXN) en una reproducción hereditaria de padres a hijos o sus figuras parentales. No “se le paró bolas” entonces.


El fútbol pasó de mayor utopía por su connotación machista y nacionalista a uno de los mayores negocios, por lo fácil que es manipular los sentimientos con beneficio mercantil. Tampoco “se le paró bolas”. Ahora nos quejamos. La Iglesia ha perdido su fuerza. Las barras bravas ignoran que su falsa utopía es sólo feroz espejismo.