Editorial

Lecciones en Chile
19 de Noviembre de 2013


Aunque su reelección es muy probable, la doctora Bachelet ha recibido un campanazo de alerta sobre su discurso y tónica radical.

La abstención del 44%, la más alta desde el regreso del país a la democracia, en 1989; la no elección en primera vuelta presidencial de la médico pediatra Michelle Bachelet; la elección al Congreso de los promocionados líderes que protagonizaron las movilizaciones estudiantiles de 2010, quienes impulsaron la votación parlamentaria por la “Nueva Mayoría”, y el sorprendente repunte de la ingeniera Evelyn Matthei, candidata de la Alianza, concertación de centro-derecha en el gobierno, se agolpan como datos relevantes, y muy relacionados entre sí, de la interesante jornada electoral del pasado domingo en Chile. Por lo sorprendente y significativo, el que ha merecido mayor publicidad es el resultado obtenido de la expresidenta, a quien los votos no le alcanzaron para su reelección inmediata, que en su campaña se daba como un hecho. 


En marzo de 2010, cuando dejó la Presidencia de Chile, la doctora Bachelet gozaba del 84 % de popularidad, posición impresionante, sobre todo porque esa medición se dio a pocos días del terremoto que afectó al 80 % de la población en la seis principales regiones del país. Su prestigio trascendía las fronteras, al punto de que la ONU la designó como primera directora de su agencia por las mujeres, ONU Mujer, cargo que dejó en marzo pasado, a fin de iniciar su campaña a la reelección presidencial, que en su país solo está admitida si media por lo menos un período de receso entre el último período ejercido y la nueva aspiración. En el momento del regreso, su popularidad rondaba entre el 53 % y el 60 %, con lo que le era posible aspirar a su inmediata elección, opción que no logró pues apenas alcanzó el 46,67 % de los votos.


Doña Michelle había dejado la Presidencia de Chile rodeada por el afecto de un país que vio con simpatía que ella hubiese renunciado a vengar la muerte de su padre, el general de aviación Alberto Bachelet, a manos de la dictadura militar, para promover la reconciliación y una nueva historia, y que se sintonizó con su política de lucha contra la inequidad en un marco de promoción del desarrollo económico a través del impulso a la internacionalización de la economía y el respeto a la libertad empresarial. En su gobierno logró configurar un perfil de “nueva izquierda”, moderna y dialogante, que le mereció el reconocimiento hasta de quienes se ubicaron en orillas opuestas a su política. Para muchos americanos, el modelo de centro-izquierda expresado en la Concertación, anhelante de equidad sin amenazar el desarrollo ni afectar la tranquilidad política, era una esperanza.


Para la campaña a la Presidencia 2014-2018, la Concertación aceptó una alianza inédita con el Partido Comunista, reeditó errores recientes que tuvieron alto costo y ofreció un cambio tan radical que logró atemorizar a un país que en las encuestas ha demostrado su preferencia por el centro del espectro político y los cambios progresivos pero sin sobresaltos. En las elecciones de 2009, el expresidente Eduardo Frei hundió su aspiración reeleccionista al promover la manipulación con fines electorales de la muerte de su padre, de quien es homónimo y homólogo; situación que en las actuales repitió el Partido Comunista con los restos del poeta Pablo Neruda, abusados para ahondar el desprestigio de la dictadura, a la que intentan asociar a la candidata Matthei. Sin propinar un castigo tan dramático como el pasado, el pueblo chileno ha señalado su desinterés por esta clase de actos abusivos con un pasado lleno de dolor.


A esa equivocación, la candidata Bachelet agregó la de un discurso retador con los empresarios, a los que les “prometía” una fuerte reforma tributaria con la cual financiar el “nuevo Chile”, aspiración que se aleja porque las urnas no le dieron la mayoría rotunda que legitimara el viraje y porque sus mayorías parlamentarias no son tan amplias como las necesitaría para garantizar las votaciones que le permitan cambiar el modelo económico, como ofreció en su primera etapa de campaña. Aunque su reelección es muy  probable, la doctora Bachelet ha recibido un campanazo de alerta sobre su discurso y tónica radical, ahora su reto es mantener la diferencia que en los comicios del domingo la separaron de la ingeniera Evelyn Matthei, su amiga de infancia, que obtuvo el 25,01 % de los guarismos, a pesar de que apenas en julio había iniciado su campaña, contando apenas con poco más del 11 % de aprobación en las encuestas. Un repunte que debe inquietar a la cayente campaña de la oposición.