Columnistas

Agua de botella, fecal
Autor: Carlos Cadena Gaitán
18 de Noviembre de 2013


Los poderosos grupos que manipulan a la mal llamada “opinión pública”, se han anotado grandes éxitos con propuestas que en algún momento fueron ridículas.

Los poderosos grupos que manipulan a la mal llamada “opinión pública”, se han anotado grandes éxitos con propuestas que en algún momento fueron ridículas. 


Un ejemplo: ¿quién se iba a imaginar que después de miles de años de historia humana, nos iban a convencer de que la lecha materna no era más “apropiada” que un sintético polvo bautizado fórmula infantil? Otro ejemplo: en algunas ciudades en desarrollo han logrado convencer a la gente de que el espacio público es sólo para los carros, entonces se vende la idea ridícula y extremadamente costosa de que necesitamos puentes peatonales para que los humanos no vayamos a “incomodar” a su majestad el auto. El jueves pasado, por ejemplo, en el barrio La Cruz de Itagüí, se armó una gran protesta porque los ciudadanos allí piden a gritos un puente peatonal. ¿A quién se le ocurrió que una solución de movilidad es obligar a nuestros hijos y abuelos a subir y bajar esas empinadas escalas? Me quedo sin palabras.


Hay otra falacia peor, en lugares del mundo con suficiente acceso a agua potable ¿por qué se nos habría de ocurrir defender el consumo de agua empacada en una botella plástica, por encima del agua de la llave, que supuestamente nos pertenece a todos?


Obviamente el  agua embotellada merece su propio capítulo. Quienes la consumen rara vez se dan cuenta que su precio (dependiendo de las variables locales) puede llegar a ser hasta mil (¡1.000!) veces superior al precio del agua de la llave. Imagínese multiplicar el precio de una cerveza por mil; ¿cuántas se tomaría? Es vital precisar que en ciudades como Medellín, este fenómeno rara vez tiene que ver con la elasticidad de la relación precio-oferta, y que el agua de la llave y el agua de botella son bienes totalmente sustitutivos.


Por otro lado, están las consecuencias ambientales de la adicción al agua embotellada. Por ejemplo, algunos estudios demuestran que alrededor de 1.500 botellas de plástico terminan en la basura cada segundo. Esto es preocupante porque una gran parte de esta masa termina enfermando los animales del Pacífico, pero es miedoso porque nos recuerda que muchas personas ni siquiera saben de dónde sale el plástico (según David Owen, en una reciente encuesta se demostró que un 72% de los estadounidenses no sabían que el plástico viene del petróleo). Y estamos hablando de bastante plástico; la iniciativa EPI estima que cada año usamos aproximadamente 2.7 millones de toneladas de plástico para embotellar agua.


Pero allí siguen los evangelizadores de la botellita de agua con su bandera principal: que es mejor para la salud. Pues bien, un reciente estudio de la Andi en nuestro país, descubrió que ninguna de las 102 marcas de agua embotellada que evaluó, pasó los controles de pureza, y prepárese: la gran mayoría estaban contaminadas con bacterias fecales.


Sí, yo acepto que es difícil enfrentar fenómenos tan poco tangibles. No es sino mirar hacia las montañas orientales del Valle de Aburrá, y recordar que el proyecto de Túnel de Oriente avanza a todo vapor, aún cuando es obvio para cualquier colegial, que las fuentes de agua de nuestro valle se verán afectadas. “Agua hay de sobra”, dirán algunos.


Cuando Coca-Cola, Pepsi y demás se apoderen de la totalidad de nuestra agua potable (¿qué tan pronto?), ya será muy tarde para actuar. Pero por ahora, es fácil que carguemos con nuestro propio termo y llenarlo de agua de la llave; no vaya a ser que no nos agarren con una botella de plástico en la mano.