Columnistas

Un paso fundamental
Autor: Gabriel Zapata Correa
15 de Noviembre de 2013


Bajo la presión mediática, política y social por evidenciar los resultados del proceso de paz, la mesa de negociación en La Habana le dio al país lo que llaman el “logró del segundo acuerdo”

Bajo la presión mediática, política y social por evidenciar los resultados del proceso de paz, la mesa de negociación en La Habana le dio al país lo que llaman el “logró del segundo acuerdo”, siendo este un  intento para que el proceso de paz llegue a un final como el que todos esperamos.


Proyectar la idea de participación política de las Farc, luego de terminado el proceso de paz, es lógico que despierte muchas preguntas entre los colombianos, que llevamos cincuenta años en un conflicto que ha ofrecido numerosos altibajos. Pero cuidado, es apenas el segundo de los seis pasos planteados hacia la firma del quimérico acuerdo de paz, debemos ser optimistas moderados, porque como dice el Presidente Santos, existe el riesgo de que “el pan se queme en la puerta del horno”.


Este moderado optimismo se refleja en las mismas encuestas, pues un 40% cree que este proceso es el desafío más importante que debemos afrontar en el 2.014 y  59% de los colombianos respalda el proceso de paz, no obstante un número casi igual no cree que pueda llegar a un desenlace positivo. Aunque no es lo mismo respaldar el proceso que creer en sus resultados, este acuerdo inicial llega en un momento oportuno y sirve para recuperar la confianza tan minada por el debate político y por las mismas acciones violentas de las Farc.


Oportuno este avance, porque la proximidad de las elecciones constituye un peligro inminente para el proceso, dado que es imposible eximir las conversaciones de La Habana del debate coyuntural, de quienes están a favor y quienes se han manifestado en contra. Los enemigos del proceso exigen resultados inmediatos, mientras que quienes lo apoyan ven muy natural que vaya a paso lento, pues no es fácil solucionar un conflicto que lleva más de medio siglo y que tiene tantas aristas en consideración. Para mí, estos son grandes avances, aunque debamos mirarlos con prudencia para no jugar con la esperanza, la confianza y la credibilidad de los colombianos. 


En este acuerdo sobre la participación política, también fue de buen recibo fortalecer un estatuto de la oposición, así como unas reglas de juego electorales que les permitan a los partidos minoritarios participar con garantías más favorables en las jornadas democráticas, al igual que a los sectores de la población marginada para que pueda contar con voceros directos en cargos de elección popular. Aunque estos puntos serán objeto de numerosos y candentes debates, debemos recordar que los ámbitos básicos de la democracia son los Concejos Municipales, Asambleas Departamentales, la Cámara de Representantes y el Senado de la República. Y en estos,  las Farc tendrán la oportunidad de “la dejación de las armas y la proscripción de la violencia como método de acción política” como forma de alcanzar las transformaciones que ha buscado. Este es el reto presenta hoy la democracia colombiana, abrir espacios de la discusión a quienes han buscado los cambios por otros caminos y con otras herramientas.


Quedan muchos puntos por definir, como por ejemplo, cómo van a llegar los exguerrilleros a los cargos de elección popular y particularmente aquellos sobre quienes pesan condenas por crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad. Este es otro debate en el cual el país debe conocer todas las cartas. Por eso la gran pregunta, que todos, incluyendo al señor Presidente nos hemos hecho: ¿cuánto se debe ceder de justicia, para llegar a la paz…?


Aún falta mucho camino en este proceso. Reconocer las cosas positivas, como sentarse a la mesa cara a cara, el esfuerzo por no levantarse de la mesa pese a los debates y polémicas y los consensos que se han dado en materia de participación política. Debemos madurar las expectativas para no generar falsas esperanzas. Vale la pena que el Gobierno mantenga el esfuerzo en La Habana con la franqueza que lo ha venido haciendo, para que las FARC sepa que el país no lo va a entregar todo, aunque haya perdido mucho por las vías de la violencia.