Columnistas

Magistrados itinerantes
Autor: Rubén Darío Barrientos
14 de Noviembre de 2013


La noticia se leyó en varios periódicos del día 8 de noviembre último: Los 9 magistrados que integran la sala penal de la Corte Suprema de Justicia cancelaron un viaje a Puerto Rico, previsto para las fechas del 10 al 21 de noviembre.

La noticia se leyó en varios periódicos del día 8 de noviembre último: Los 9 magistrados que integran la sala penal de la Corte Suprema de Justicia cancelaron un viaje a Puerto Rico, previsto para las fechas del 10 al 21 de noviembre. No puede ser que iba a ocurrir una conducta repetitiva en el hecho de andar todos juntos y dejar desolada la sala. Baste decir que en los primeros días de noviembre, habían regresado –también con cupo completo– de los Estados Unidos, para donde habían partido en pos de llevar a cabo una visita a la Corte de ese país.


De contera, la Cancillería colombiana había negado en mayo de este año, una solicitud que apuntaba a que los presidentes de las altas cortes fueran equiparados como jefes de estado (en sus viajes internacionales) en procura de que tuvieran sala VIP, se les evitara el paso por inmigración y pudieran utilizar en las llegadas los vehículos de los cuerpos diplomáticos. Esto es por demás insólito y desmedido. He hablado con magistrados de vieja data y me comentaron que ellos no viajaban sino en vacaciones y que se dedicaban a fallar los negocios que les correspondían. Por supuesto, abominan del presente de la magistratura.


El prurito por atender todas las invitaciones que lleguen o de montar algunas bien atractivas, colma la taza cuando se ha revelado que la mayoría de los magistrados aprovechan las fechas de los puentes Emiliani para alargar su estancia en algunos países. No es algo fortuita la coincidencia, sino un atinado cálculo en el calendario que les permita, incluso, viajar acompañados de sus cónyuges. Los destinos son bien seductores: Beijing (China), Yakarta (Indonesia), Viena (Austria), París (Francia), Buenos Aires (Argentina) y Ginebra (Suiza), para citar solo unos pocos lugares reales de llegada.


Entre los años 2010 y 2011 (no hay datos más recientes), se presentaron 653 viajes en las altas cortes, con los siguientes valores arrojados: $ 760 millones en viáticos y $ 600 millones en tiquetes. Eso deparó ausencias en los sitios de trabajo por 2.100 días. El magistrado Jorge Castillo, de la sala administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, obtuvo medalla de oro con 51 viajes y una duración de 160 días, y el magistrado Mauricio González, de la Corte Constitucional, recibió $ 51 millones en viáticos. El Consejo de Estado, exhibe con “austeridad”, que apenas presenta un promedio de 5 viajes por magistrado. ¡Habrase visto!


Entretanto, la justicia flamea las banderas de la impunidad penal y de la paquidermia inconfundible de los procesos. 7 de cada 10 personas, motejan la justicia como lenta. El 72,5% de las empresas prefiere usar vías como la conciliación y los tribunales de arbitramento, antes de acudir a la justicia ordinaria. En una encuesta de Caracol noticias, se divulgó que el 96% de los colombianos no creen ni confían en la justicia colombiana. Un mal ejemplo se vive desde las altas esferas judiciales: viajes a granel y en colectivo, lujosos cruceros en donde han ocupado camarotes muchos magistrados en época fría, recusaciones, politización, manejo mediático, escándalos, permisos remunerados, una piñata de días sin laborar, investigaciones inconclusas, corrupción como las de los jueces detenidos y el magistrado Villarraga, etc.


Se habla a pie juntillas de una reforma a la justicia. Eso es válido y hay que hacerla. Con todo, nos causa pasmo el saber que de los 230 días laborales del año, los magistrados trabajan potencialmente 169 días (sin descontar los plurales viajes), dado que cada mes tienen derecho a 5 días de permiso remunerado más añadiduras, en donde muchas veces acumulan periodos, lo que refleja ausentismos prolongados. Se adiciona que el 70% de los gastos de celular son pagados por la rama. Un salario de $ 25 millones/mes debe serlo por la dignidad del cargo, pero hay reparos por el tiempo efectivamente laborado. Aquí hay que apretar tuercas, sin duda. Y luchar por reivindicar la credibilidad de la justicia. ¿Justo o no?