Columnistas

¿Cuáles manos sobre la ciudad?
Autor: Hernán Mira
13 de Noviembre de 2013


“El dinero no es como un coche que puedas dejar en el garaje; el dinero es como un caballo que ha de correr y alimentarse a diario” Del filme “Las manos sobre la ciudad”.

“El dinero no es como un coche que puedas dejar en el garaje; el dinero es como un caballo que ha de correr y alimentarse a diario” Del filme “Las manos sobre la ciudad”.


Lo que cuenta el cine no es verdad ni es mentira, es cine; hay una tercera realidad entre la vida real y la invención que es la realidad del cine. Esto dice García Márquez tan buen amante del cine. Las películas, muchas veces, pueden servir muy bien para ver, analizar y reflexionar, una realidad actual, a través de ellas. Es el caso de “Las manos sobre la ciudad” de Francesco Rosi, de 1963, que cincuenta años después, en cierta forma se revive en el trágico y doloroso derrumbe la torre Space y el consecuente desalojo de otras urbanizaciones.


El filme cuenta de la caída de un edificio en Nápoles, levantado en una zona no edificable, construido por Nottola, gran magnate de la construcción y concejal del ayuntamiento, con gran influencia y manejo político. El relato deja ver claramente como las presiones de poderosas empresas de construcción imponen las decisiones, y como la comisión investigadora es manipulada por las presiones políticas; toda una maquinaria de cohecho entre políticos y el poder económico, bien aceitada y funcionando como un relojito. En un momento dicen en esta comisión, eludiendo responsabilidades como es costumbre: “no es incumbencia nuestra si las normas no se respetan, el control corresponde al gobierno central”.


En la película aparece esta última imagen esclarecedora: “los personajes y los hechos aquí narrados son imaginarios. Auténtica es, en cambio, la realidad social y ambiental que los produce”. Es bueno entonces, ponerse a pensar que tan parecida es nuestra realidad social, política y ético-moral a esta que se nos muestra en el filme. Se ha dicho que hay que esperar la investigación para poder pronunciarse sobre culpabilidades, en verdad eso corresponde a los organismos oficiales. Pero lo legal no es la única forma de mirar los acontecimientos sociales políticos y humanos. Si se cayó el edificio es porque algo se hizo mal y ahí hay una responsabilidad moral, en primer termino, de los constructores. 


No se hicieron las cosas ajustadas no solo a ley, como parece ser, sino a la ética que es más exigente. Porque, si como se ha planteado, los edificios se hicieron con el cálculo al mínimo exigido, simplemente se cumplió con la norma,  pero los constructores, que tenían muy bien por que saber el riesgo que se corría, se la jugaron y descuidaron la gran responsabilidad que exige el cuidado de la vida y bienes de muchas personas. El trágico resultado es el derrumbe de la torre y la muerte de once personas, no por un fenómeno natural, sino por defecto en la construcción que señala a los responsables. No cabe esa especie de dañina solidaridad de cuerpo con la que han optado los gremios de la construcción. Se debería lamentar lo ocurrido, pero llamar a rendir cuentas que es un derecho y deber ciudadano de primera línea.


CODA. ¿Cuáles manos estarían sobre la ciudad en este doloroso episodio?