Columnistas

El camino del café
Autor: Iván Guzmán López
12 de Noviembre de 2013


Liborina está entre los municipios más cafeteros de nuestro querido Occidente.

Liborina está entre los municipios más cafeteros de nuestro querido Occidente. No en vano, sobre el grano tenemos un canto extraordinariamente hermoso, obra de un liborino de alto vuelo, cuyos triunfos artísticos fueron brillantes en toda la República Argentina (como lo pude comprobar en mi reciente viaje a Buenos Aires). Ese liborino notablese llama David Antonio Monsalve Velásquez, conocido  en el mundo artístico como “Marfil”, cuya partida bautismal dice que nació el 27 de agosto de 1916. De Los Peñoles bajó el joven David Antonio, camino de la cabecera municipal; traía 14 exultantes años de vida y un equipaje de canciones. Iba de largo para Medellín, animado por su excelente y reconocida condición vocal, la añoranza del verde verde de su tierra y el sueño de la gloria metido en el corazón.Su siguiente escala fue Bogotá, para finalmente recalar en Buenos Aires, Argentina.Allá, en la patria de Gardel, se gastó la vida componiendo y cantando, pero sin olvidar asu tierra colombiana y a su nativo lar, a los que mencionaba a menudo con inocultable orgullo.


Ese canto al arbusto del cafeto, festivo y hermoso, se llama “El camino del café”. Lacanción, un verdadero himno aColombia, en especial cuando se está en el exterior, dice: “El camino del café, tierra mojada / tierra cansada de pie desnudo / y el verde, y el verde llama. / Y el verde, y el verde llama. La algarabía se pierde en la tarde / el grano verde se viste de piel morena / nuestra Colombia es todo un ensueño / y el verde, el verde llama. / Y el verde, el verde llama”.


Lo que jamás imaginó nuestro paisano Marfil, a casi 30 años de su fallecimiento en Buenos Aires, fue que ese café, y esa tierra mojada, y ese verde, ya no serían suficientes para vivir con dignidad en Colombia. Así se colige de mi anterior visita a Liborina, cuando escuché de boca de campesinos honrados y con toda una vida dedicada al cultivo, que estaban trabajando a pérdida, no tenían créditos y el famoso subsidio de Protección al Ingreso Cafetero, PIC, no es más que otro cuento chino de la administración Santos.


Para ilustrar un poco la situación de los quejosos, baste recordar que el año cafetero de 2012, fue trabajado a pérdida:el precio interno cayó 45% (409 mil pesos), pasando de 913 mil pesos por carga a 504 mil pesos al finalizar el año.


Eduardo Roldán López, cuya probidad y experiencia en la compra y el cultivo del café es conocida por todos en Liborina y Sabanalarga, me contaba que uno de sus amigos cultivadores del grano, concejal de Liborina, para más señas, absolutamente decepcionado con la política cafetera, le decía: “vaya, coja mi cosecha para usted (unas 100 cargas), si quiere”. A lo que Eduardo respondió: “si estoy encartado con la mía, mal podría recibir otra”.


Este panorama, que es igual al demiles de familias campesinas de cientos de municipios antioqueños y colombianos, habla muy mal de las políticas del ministerio de Agricultura, y en especial de los yerros de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia. Aparte de las promesas incumplidas al sector campesino, pactadas en el anterior paro cafetero (lo que aceita peligrosamente la amenaza de un nuevo paro, que sería catastrófico para cualquier pretensión de reelección santista, valga decirlo), hay que agregar que las noticias sobre el grano son muy oscuras. Portafolio.co, en susdistintas ediciones de noviembre de 2013, presenta titulares, como: “Precio interno del café está a menos de $400 mil”,“El precio interno del café al mismo valor de hace 6 años”; “Denuncian fraude y extorsión por subsidios al café”, “A pérdida sale la mayor cosecha de café en 4 años”, “Café marca caída histórica en su precio interno”, “Precio del café cayó a nivel más bajo en un año”. 


Si consideramos que el costo de producción por carga de café está calculado en $650 mil, que el famoso PIC es una falacia, y que hoy no hay crédito para los caficultores, podemos decir que mis amigo Eduardo Roldán López, el concejal de Liborina, los campesinos de Antioquia y de Colombia, están viviendo una verdadera catástrofe.El campo sigue siendo el gran olvidado de la vida nacional. Así es imposible lograr competitividad, es ilusorio el desarrollo, y no es creíble ese cuento de “Antioquia, la más educada”. 


Puntada final: como salida a la crisis cafetera, socarronamente el doctor Rubén Darío Montoya Rizarralde, ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, recomienda a los campesinos sembrar plátano y yuca. Con burlas como esta, ¿se puede pensar en bienestar para el campo? ¿En reelección? ¿En la construcción de la paz? “Sin campo no hay país”, reza un viejo slogan, señores políticos.