Columnistas

Espionaje de EU: 縝oomerang letal?
Autor: Alejandro Garcia Gomez
9 de Noviembre de 2013


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La búsqueda de la hegemonía global de EU podría convertirse en el hallazgo de su propia destrucción, arrastrándonos. ¿Qué otra razón, fuera de la del predominio total existiría para que, cada día que pasa, su gobierno haga una ostentación cada vez mayor? 


El fin de la II Guerra Mundial produjo dos grandes polos de poder: EU y la Urss que, mientras existió, generó un balance de fuerzas. A partir de entonces la guerra fría alineó junto al primero a las llamadas democracias liberales y tiranías de derecha y con la segunda a las democracias socialistas y  tiranías de izquierda. La guerra fría trajo un espionaje “comprensible” y recíproco: se espiaba y se sabía que era espiado. Y cada día afinaban su armamento para seguir acechándose y armándose en una historia sin aparente final. Pero el final llegó: la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín. Hechos políticos anteriores en la Urss, habían llevado a esto. Después de la caída del muro, la Urss se disolvió (fines de 1991). EU quedaba solo, reconocido y aceptado como superpotencia por todos. Ante el desbalance, comenzó su loca carrera por dominar el mundo militarmente, su gran error y comienzo de sus desgracias. 


Aunque ya todos los estados empezaron a reconocerlo como la potencia hegemónica (económica y empresarial), no aceptan los objetivos militares de su proyecto imperial. Su política se vuelve la más impopular entre sus mismos aliados y claro, la gran potencia lo percibe por medio de los informes de sus embajadas, adquiridos por espionaje. Los EU pretenden convencerse a sí mismos, a sus aliados y al mundo entero de que su accionar persigue el bienestar de la humanidad: contra el terrorismo y a favor de la libertad y los derechos humanos. Con este maquillaje pretenden adueñarse –militarmente- del globo y convertirlo en su propio globo imperial. 


Jamás ningún imperio había cometido semejante error. Ninguno buscó el poder global. Los anteriores siempre habían buscado sus intereses económicos con la menor interferencia posible sobre los estados intervenidos. EU obtuvo las bases militares, a partir de 1941 y mejor después de 1945 –después de la II Guerra-, mediante acuerdo con sus aliados, pero hoy las pretenden controlar directamente unas e indirectamente otras. Los “Rambos” del mundo. Pero industrialmente EU ha venido en declive cada vez mayor. Los países asiáticos se le han “metido al rancho”, a su país y al mundo y los han desplazado de lo que fue –hasta hace unos años- la propiedad indiscutida de ellos que fueron los talleres industriales del mundo. La arrogancia los llevó a guerras estúpidas, con informes falsos ante sus ciudadanos, como lo sabemos hoy (p. ej. guerra de Irak).


Muy seguramente todas estas causas han llevado a EU a espiar hasta a sus aliados. Por las declaraciones de Edward Snowden se sabe que han fisgado hasta al Vaticano. Y Snowden seguirá hablando, de a pocos, buscando el efectismo salvador de su vida. Y de esa madeja se desmadejarán otras. O quizá ya se filtraron. ¿Qué podría ocurrir a futuro? Ya aceptaron que se les fue la mano. ¿Aprenderán la lección? ¿O con su agresividad político-militar seguirán buscando “el orden”, es decir, imponerse por la fuerza y formar más caos, generar más conflicto? ¿Otra vez la barbarie total, quizá definitiva?


Lo grave es que estamos volviendo a una etapa similar a la anterior a 1914, cuando el dios de la libertad de mercado de entonces, el liberalismo capitalista derrumbó su misma estructura de poder generando Gran Guerra I que produjo la Gran Depresión (1929), la que dio origen, como contrarreacción, a estructuras de réplica en la derecha, el fascismo, ante el temor de otra Revolución de Octubre, en la izquierda. La búsqueda del predominio mundial de estas fuerzas (fascismo-democracia)  fue la causa de la Segunda Guerra Mundial. 


¡Ah! nuestro país también fue espiado. Ante la insistencia, la canciller Holguín presentó una pálida protesta en julio. No se conoce la respuesta (ni se conocerá).