Columnistas

Hace un año
Autor: Manuel Manrique Castro
6 de Noviembre de 2013


Dentro de poco Enrique Peña Nieto, el presidente mexicano, cumplirá su primer año de mandato después de dos sexenios panistas marcados por la violencia y el incumplimiento de las promesas hechas.

Dentro de poco  Enrique Peña Nieto, el presidente mexicano,  cumplirá  su primer año de mandato  después de dos sexenios panistas marcados por la violencia y el incumplimiento de las promesas hechas.  Vicente Fox, quien al ganar las elecciones del año 2000 puso fin a 70 años de hegemonía priista,  ofreció transparencia  y eliminación de la corrupción  mientras Felipe Calderón, su sucesor,  prometió reducir la violencia, aumentar el empleo y mejorar la economía;   sin embargo el  país  sigue con  indicadores de muerte violenta sin precedentes y una economía convaleciente en buena parte por las repercusiones de la crisis económica norteamericana de 2008.


Peña Nieto llegó anunciando hondas transformaciones,  rescató al PRI de sus cenizas, lo llevó nuevamente a la residencia oficial de Los Pinos  y sorprendió a todos cuando al día siguiente de su toma de posesión hizo público el llamado Pacto por México, un acuerdo  sin precedentes en la política mexicana, suscrito inicialmente por tres acérrimos adversarios, PRI, PAN y PRD al que se sumó después el Partido Verde.  


Se trata de una amplia plataforma de acuerdos ambiciosos y  estratégicos que, en caso de hacerse realidad, le cambiarán  el rostro a México.  El punto de partida del Pacto está en la coincidencia de las 4 agrupaciones firmantes para fortalecer el Estado, democratizar la economía y la política  ampliando los derechos sociales, y  promover  la participación ciudadana  hacia un papel más activo en la construcción de las políticas públicas.   El  combate renovado  contra la violencia y pobreza, la reforma educativa,  el Programa Nacional de Derechos Humanos con atención especial en las poblaciones indígenas, destacan en el ámbito social. En  la economía,  la reforma de las telecomunicaciones -base de la riqueza del archimillonario Carlos Slim- la energética,  laboral,   tributaria, minera y la reactivación del campo.  


Si hilvanar el Pacto seguramente fue tarea difícil, su realización lo  será mucho más. El ejecutivo no tiene mayoría en el Congreso y debe negociar, en cada caso, con los partidos aliados.  Casi finalizado  su primer año, Peña Nieto logró sacar adelante algunas reformas trascendentales: la de telecomunicaciones y la educativa que desató la oposición de los maestros y  deja maltrecho al sindicato docente, entre otras cosas defensor de que los cargos magisteriales sigan siendo hereditarios y la evaluación de su desempeño la hagan ellos mismos.  La tributaria está en proceso y la energética sometida a intensa discusión porque supuestamente pone en riesgo la soberanía nacional, como lo sostiene el PRD. 


Las relaciones con Estados Unidos tienen en los ajustes al TLC, el narcotráfico y la ley migratoria norteamericana sus puntos críticos.  Para México, la Alianza del Pacífico con Chile, Colombia y Perú ha representado oxígeno y  mejoría de su presencia en la Región.  


El presidente mexicano termina su primer año con 56% de popularidad y cuenta con el beneficio de la duda de sus connacionales pese a que la reducción de la violencia es aún una cuenta pendiente y su administración debió pasar por el duro trámite de reducir sus previsiones de crecimiento de la economía para este año, de 3.1 a 1.8%.  De otro lado,  las promesas abundantes de política social que mejorarían las condiciones de vida de los mexicanos, como la Cruzada contra el Hambre,  destinada a casi 7 millones y medio de habitantes de las zonas más pobres, y la universalización de la salud,  están aún en el horno y bajo el ojo expectante de 120 millones de mexicanos.