Editorial

El delito como oferta turística
3 de Noviembre de 2013


La imagen de Medellín sigue marcada para muchos por un pasado que se niega a abandonarnos y que es necesario enfrentar. Los hallazgos, las conclusiones y las recomendaciones del documento, bien pueden señalarnos el camino.

Los esfuerzos para internacionalizar a Medellín y posicionarla en el ámbito global como una ciudad innovadora, educada, emprendedora, empresarial y cultural, han contribuido de manera decisiva al incremento del número de visitantes nacionales y extranjeros a tal punto que en la actualidad la capital antioqueña es la tercera en preferencia de los turistas después de Bogotá y Cartagena de Indias, por encima de destinos tan tradicionales como Santa Marta, San Andrés o Villa de Leyva. Pero este incremento desafortunadamente también obedece a la proliferación del llamado “narcoturismo”, situación que sacó a la luz un estudio exploratorio realizado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodoc) y la Alcaldía de Medellín a través de la Empresa de Seguridad Urbana (Esu).


El documento, presentado la semana anterior, dejó en evidencia la dinámica delictiva del tráfico de estupefacientes, la trata de personas y la explotación sexual comercial y su asocio a los viajes de turismo en Medellín, al señalar entre las motivaciones de turistas nacionales y extranjeros para visitar la capital antioqueña, la búsqueda de estupefacientes para su consumo y de ofertas de servicios sexuales. Si bien el llamado “narcoturismo”, entendido como una corriente turística en la que personas nacionales y extranjeras visitan una o varias zonas de un país con la intención de adquirir, consumir y transportar drogas, no es exclusivo de Colombia, la ciudad no puede negar que entre las herencias del narcotráfico pesa sobremanera la imagen clandestina que atrae a muchos turistas y que en un pasado reciente ya había sido denunciada cuando salieron a la luz los “paquetes” que algunas empresas ofrecían para dar  a conocer los lugares que, de una u otra manera, tenían relación con el extinto jefe del Cartel de Medellín, Pablo Escobar. 


Tal imagen, que para nada desvirtúa los esfuerzos legítimos de la ciudad para posicionar ante el mundo su transformación, ha atraído a dos tipos de visitantes según el perfil del estudio: en primer lugar el turista de alto nivel que llega por trabajo o negocios y que, una vez cumplido su objetivo laboral, dedica el tiempo libre a buscar servicios sexuales que pueden extenderse hacia el consumo de drogas. Y en segundo lugar, el turista pausado, sin apuros, que busca bajos costos y que se  conoce como “mochilero”, que tiene como objetivo central de su visita la adquisición de sustancias psicoactivas: la idea que estos tienen de la capital antioqueña, es que aquí es “más fácil conseguir drogas que alcohol”. Si bien esa es una exageración, el rastreo que los investigadores realizaron dejó claro que los turistas encuentran en parques, calles, locales comerciales, discotecas, bares y medios privados como líneas telefónicas y el internet, la oferta que buscan y que esta tendencia se ha convertido en una de las fuentes de financiamiento de las estructuras criminales asociadas al narcotráfico, las cuales han incluido dentro de su “cadena de valor” los servicios sexuales como una manera de facilitar la vinculación de los turistas al circuito delictivo, siendo los extranjeros los más apetecidos pues, según el estudio, representan una ganancia mayor para todos los eslabones de la cadena.


Como aspecto positivo, cabe resaltar que el estudio no encontró estructuras transnacionales que faciliten la llegada de turistas para ubicarlos en el mercado ilícito, sino que predomina la decisión autónoma del visitante de involucrarse en estas prácticas, lo cual puede facilitar las estrategias que la Administración Municipal ponga en marcha en coordinación con todas las entidades del orden nacional que tengan relación con este tema. Es precisamente la coordinación interinstitucional una de las recomendaciones que hace el estudio, pues se encontró que existen diferentes actores que luchan por una misma causa sin que existan criterios unificados. A nuestro juicio, son de suma importancia los mecanismos de prevención dirigidos hacia los extranjeros que lleguen a la ciudad, a fin de sensibilizarlos sobre los esfuerzos que Medellín hace por liberarse de una cadena delicitiva que se nutre de la ligereza con que cada individuo puede permitirse “una cana al aire”. En esta cadena de la prevención, también es necesario insistir en la necesidad de que los hoteleros y las agencias de viajes se asocien y promuevan mecanismos de control que, como lo propone el estudio, podrían significar el acceso a sellos distintivos a quienes se vinculen decididamente al tema del turismo libre de drogas y sexo.


En un tiempo en el que las transformaciones se impulsan tanto desde las visiones inalcanzadas, aplaudimos la valentía con que la Administración Municipal ha decidido “poner el dedo en la llaga” y, sin desconocer lo logrado, buscar entender mejor lo que nos falta por hacer como sociedad. La imagen de Medellín sigue marcada para muchos por un pasado que se niega a abandonarnos y que es necesario enfrentar. Los hallazgos, las conclusiones y las recomendaciones del documento, bien pueden señalarnos el camino.