Columnistas

Racismo e inequidad en Colombia
Autor: José Hilario López A.
30 de Octubre de 2013


El reciente estudio del profesor Jaime Torres González que lleva por título “Formación de la personalidad autoritaria en Colombia y la exclusión y violencia contra el sujeto étnicamente diferente”, nos sirve para evidenciar el componente racista

El reciente estudio del profesor Jaime Torres González (jatorres@zedat.fu-berlin.de) que lleva por título “Formación de la personalidad autoritaria en Colombia y la exclusión y violencia contra el sujeto étnicamente diferente”, nos sirve para evidenciar el componente racista en nuestro ancestral conflicto, agudizado con la denominada  violencia partidista de mediados del siglo pasado y su transformación en guerrillas y paramilitarismo, que todavía padecemos.


El análisis de la historia económica colombiana debe partir de las relaciones de producción de las comunidades indígenas precolombinas, entre otras: la chibcha asentada en el hoy denominado altiplano cundi-boyacense, la familia caribe en el norte del país y los descendientes del imperio inca y otras etnias en el sur.  Estas culturas se encontraban en un estado de desarrollo que dependía casi en todo de la agricultura, de allí el gran valor que para ellas tenía la tierra. 


La primera aproximación de los conquistadores con los indios fue la esclavización de las tribus caribes y posteriormente, con la llegada de Gonzalo Jiménez al territorio al territorio chibcha, el  despojo de sus tierras ancestrales para la imposición de las encomiendas, sistema de servidumbre similar al feudalismo europeo, pero agravado por la condición de seres inferiores que se les dio a los nativos.


Ante la resistencia indígena a la esclavitud gran parte de su población fue exterminada, lo que obligó a la Corona Española a autorizar la importación de esclavos negros africanos. Con la llegada de estos nuevos seres, a medida que los aborígenes desaparecían empezaron a surgir poblaciones negras, de mestizos, de mulatos y zambos: la fusión racial que conforma nuestra nacionalidad, descrita magistralmente por Fernando González en su obra “Los Negroides”. 


Según el historiador Jaime Jaramillo Uribe hacia el final del período colonial “el acceso a los establecimientos de educación superior, universidades, colegios mayores y seminarios  estaba limitado por fuertes discriminaciones. Para cursar y obtener grados en las únicas profesiones existentes entonces, a saber, la jurisprudencia y la carrera eclesiástica, era indispensable probar la limpieza de sangre...”.La exclusividad de la educación para los blancos sumada a la posesión de las mejores tierras para agricultura y la ganadería y la abundancia de mano de obra mestiza, explica la concentración de la riqueza en las élites descendientes directas de los colonizadores españoles.


En un principio con los colonizadores llegaron pocas mujeres y el único que las podía desposar era el varón blanco, aunque éste si podía acceder carnalmente a las indias, negras y mestizas, y aún ejercer el derecho de pernada sobre las hembras de piel oscura. Esto ayudó a perpetuar en la comunidad blanca los privilegios heredados.


Como consecuencia de este proceso de segregación racial y económica, Colombia llegó a ser hoy uno de los  países con la mayor inequidad en Latinoamérica y en el mundo. Existen correlaciones directas entre inequidad (la riqueza concentrada en un pequeño porcentaje de la población) y los siguientes indicadores de comportamiento social: Homicidios, desconfianza en las instituciones, incremento de la drogadicción, enfermedades mentales, suicidios, mortalidad infantil, delincuencia, cantidad de presos como porcentaje de la población total, bajos niveles de educación, a los que agrego la agudización de los conflictos sociales y de la violencia, como en nuestro caso colombiano.  Es que más que por la pobreza, el conflicto social se genera por las diferencias en la concentración de la riqueza, como se verá más adelante.


Todo esto se traduce en bajos índices de desarrollo humano, que nos lleva a ocupar el puesto 87 en el escalafón mundial de los países con medianos IDH, en América Latina por debajo de Perú, Ecuador y Brasil.  Este mismo IDH ajustado por desigualdad coloca a Colombia en el puesto 86 en América Latina,  por debajo de Uruguay, Chile, Argentina, Costa Rica, Méjico, Panamá, Perú, Ecuador, Brasil, República Dominicana, Paraguay y El Ecuador.


A pesar de los avances que logró el país con la Constitución de 1991 en el reconocimiento de los derechos de las minorías étnicas, no es una casualidad que las zonas de mayor desplazamiento violento, masacres y atentados a los derechos humanos por todos los actores armados sucedan donde la mayoría  de la población es de piel oscura: el Urabá, el Chocó, el Magdalena Medio y Bajo, el Catatumbo y las zonas de reservas indígenas. Como lo anota el Profesor Torres G: “la facilidad con que los grupos violentos arremeten contra estas mayorías étnicas indica que el sustrato ideológico racista que ayuda a legitimar sus atropellos todavía cuenta con gran fuerza. Las políticas de integración social, de reconocimiento de los derechos individuales, étnicos, culturales y sociales, la educación inclusiva y la democracia económica, tienen todavía un largo trecho por recorrer”.