Columnistas

Caudillos, para la historia
Autor: Danny García Callejas
30 de Octubre de 2013


Colombia es un país de caudillos. Cada generación está a la espera del próximo mesías que resuelva los problemas de la patria.

Colombia es un país de caudillos. Cada generación está a la espera del próximo mesías que resuelva los problemas de la patria. Una vez en el poder, sea en una alcaldía, gobernación o la Presidencia, solo queda reconocer que son personas con virtudes y defectos como todos, en vez de súper humanos. Las equivocaciones y chismes de los gobernantes de turno afectarían menos al país si tuviéramos una democracia consolidada.


En efecto, un artículo científico de Benjamín Jones y Benjamín Olken publicado en 2005 muestra como países con instituciones consolidadas en las que las decisiones se toman de forma plural, incluyente y participativa siendo el presidente parte de un sistema democrático en vez del sistema mismo —“L’etat, c’est moi”— tienen menos tropiezos políticos y un crecimiento económico más estable.


En cambio, territorios con dictadores, regímenes autoritarios o en los que el poder se concentra en los líderes de la rama ejecutiva —alcalde, gobernador o presidente— tienen un crecimiento económico más volátil. Sin duda, por la debilidad institucional, la corrupción florece y con ella las mafias públicas y privadas, las roscas, las injusticias, los abusos de poder y la inequidad.


Sin embargo, hay esperanza y la literatura científica reciente afirma que uno de los caminos más eficaces es el de la educación. Aunque una empresa de largo plazo —los frutos se demoran en cosechar—, sus beneficios son significativos. Países más educados crecen más y de forma más estable; son más equitativos; tienen sistemas políticos y económicos menos corruptos; y presentan menores niveles de violencia y criminalidad.


En 1980, las personas mayores de 15 años en Colombia, Costa Rica y Uruguay tenían en promedio 4,9; 6,2 y 6,7 años de escolaridad, respectivamente. En 2010, para estas mismas naciones, los años promedio de educación fueron 7,8; 8,7 y 8,6, respectivamente, siendo las mujeres quienes más educación están obteniendo, en un intento por superar las brechas de discriminación de nuestras sociedades.


En todos los casos la escolaridad ha aumentado. El problema para Colombia es que ocupa el penúltimo lugar en Suramérica superando solo a Venezuela y lejos del promedio de 8,6 años de escolaridad para la región. Chile, el líder del subcontinente en materia educativa ya superó la brecha de los 10 años alcanzando y sobrepasando a algunas de las naciones más avanzadas del planeta.


En efecto, Chile, Costa Rica y Uruguay presentan mayores niveles de probidad, transparencia, y sistemas económicos y políticos más estables que Colombia. Por ello, el llamado a más educación e instituciones políticas más fuertes debe ser un imperativo para las próximas elecciones. Solo reconociendo el poder de la instrucción educativa consolidaremos la democracia y dejaremos a los caudillos para la historia.