Columnistas

El ejemplo de Llanaditas
Autor: José Alvear Sanin
30 de Octubre de 2013


Por los días de 1990, cuando la violencia había convertido a Medellín en la más sangrienta ciudad del mundo, se inició aquí un movimiento de recuperación de los principios de la buena vecindad y los valores cívicos.

Por los días de 1990, cuando la violencia había convertido a Medellín en la más sangrienta ciudad del mundo, se inició aquí un movimiento de recuperación de los principios de la buena vecindad y los valores cívicos. Detrás de esa iniciativa de pacificación de los espíritus siempre ha estado Francisco Zapata Vanegas, cuyo paso por la presidencia del Concejo Municipal todavía se recuerda. El Dr. Zapata consideraba que era en las comunas donde primero había que promover la convivencia amable, pacífica y fraternal entre vecinos. 


Adicionalmente actuó sobre el deporte como expresión lúdica, alegre y sana, en contraposición a su explotación comercial. Los campeonatos barriales de fútbol sub-15 son la mejor manifestación del espíritu deportivo popular. 


Pues bien, la filosofía de la buena vecindad se viene arraigando no solo en Medellín, sino que ya se extiende por 17 países a través de la Red Mundial del Buen Vecino (RBV), fundación que acaba de otorgar a la junta de acción comunal del barrio Llanaditas, de Medellín, su Estrella, y el máximo galardón a su presidente, Jesús Antonio Marulanda López. 


El 12 de octubre, día del buen vecino, tuve el privilegio de asistir al acto de entrega de esas preseas a la junta de Llanaditas. Allí pude admirar el espíritu que anima esa comunidad ejemplar que con su esfuerzo ha construido una magnífica sede, donde ya han invertido cerca de $300 millones, sin ayuda oficial. 


Ese magnífico local sirve para reuniones, cursos, fiestas, comedor para ancianos, preparación de grupos deportivos y cívicos, además de las actividades tendientes al desarrollo comunitario, sin olvidar la presión permanente que debe ejercer la junta sobre las autoridades para la realización de los trabajos propios de la municipalidad. 


Llanaditas forma parte de Enciso, maravilloso balcón sobre Medellín que no siempre ha sido tenido en cuenta. Por ejemplo, las carencias en materia de agua potable de EPM son notorias, ¡quizá porque esas comunidades son poco interesantes para una empresa megalómana con ambiciones continentales!


Medellín no ha estallado socialmente por la existencia de centenares de juntas de acción comunal, cuyas labores no son conocidas de manera suficiente. En ese tema medito desde esa elevada cornisa.


En barrios como este, uno se da mejor cuenta de las falencias del urbanismo cosmético, banal, exhibicionista, elitista y nouveau rich promovido por las alcaldías light que padecemos desde hace como veinte años y que ha estallado con las torres del Space.  


En cambio, necesitamos con urgencia un urbanismo para la promoción humana, dentro de un espíritu de justicia y equidad como el que propugnan tantos líderes populares que operan desinteresadamente desde la base. 


Mis felicitaciones, entonces, para todo Llanaditas.


***


Esta filosofía del buen vecino, basada en el esfuerzo y la solidaridad, es bien distinta de la que origina el Viceministerio de la Suprema Felicidad!!!