Columnistas

La Habana: ¡es tan fácil levantarse!
Autor: Alejandro Garcia Gomez
26 de Octubre de 2013


Históricamente, en toda mesa donde se resuelve un Proceso de Paz se parapetan “imposibles”, porque no sólo los odios que llevamos por dentro son los que más se enfrentan. Miguel A. Caro hablaba de “los odios heredados”, refiriéndose a los ahora

Históricamente, en toda mesa donde se resuelve un Proceso de Paz se parapetan “imposibles”, porque no sólo los odios que llevamos por dentro son los que más se enfrentan. Miguel A. Caro hablaba de “los odios heredados”, refiriéndose a los ahora agonizantes partidos. No, no son éstos los de mayor pugnacidad. Ni tampoco son los más graves, duros ni difíciles de vencer. Son los intereses de lado y lado los “indestructibles”, los mezquinos; casi siempre, más de uno que de otro lado. “Que todo cambie”, dicen unos. “Que todo cambie, pero que todo siga igual”, afirman los otros. La sabiduría está en identificar el punto de equilibrio, pienso yo, y la grandeza en aceptarlo. Eso sin contar con la “postura” de los indiferentes –que con el tiempo aumentan-, que por su composición “ideológica” (los “me importaunculismo”, como se les llama coloquialmente), están más cerca de los enemigos de la paz, por su fácil manipulación.


Del un lado hay prebendas seculares que no se desean perder. Agreguémosle a esto la incalculable ganancia que representa para otros -o para los mismos- el negocio de la guerra. Sumemos ahora la mezquindad personal de quien o quienes no quieren permitir que alguien se alce con el trofeo histórico de la paz, después de 77 años de guerra fratricida (comenzó en 1946 y fue tomando nuevas caras, según lo he sostenido en anteriores artículos). Todo se disfraza con razones “razonables”, sofismas para todo. ¡Ah, lo olvidaba! Los enemigos de la paz no permiten que se les llame enemigos de la paz. Que son amigos, dicen, ¡pero no de ésta que estamos haciendo aquí y ahora!


Del lado de los comandantes guerrilleros, el temor máximo es aceptar el confinamiento, por las probabilidades que existen de ser extraditados, ante el requerimiento de órdenes por narcotráfico del gobierno gringo, tal como sucedió con los cabecillas paramilitares. Claro que los cabecillas guerrilleros no tendrían, quizá, el mismo poder de chantaje que, según la investigadora Claudia López -en Hora 20, Caracol- los paracomandantes insistieron en hacerle al anterior gobierno. El otro temor de los farcomandantes está ante la posibilidad de que, al estar confinados, quizá no este gobierno que finaliza, sino uno posterior –con o sin reelección-, los entregue a la Corte Penal Internacional.


Frente a este tema, en apariencia insolube, debemos aportar ideas, algunas quizá descabelladas –unas más que otras- pero entre unas y otras, quizá se hilvane una tercera o cuarta solución a nuestra supervivencia como Estado-nación en el contexto mundial. 


Pienso que una medida, no sé hasta dónde descabellada, sería entrar en intercambio con gobiernos amigos de ambas partes, en acuerdos Estado-Estado, para solicitarles que los comandantes de las Farc, paguen en esos países -en una cárcel de esos países- con acuerdo al ordenamiento jurídico colombiano que para la ocasión transitoria se legisle, las penas que la justicia imponga aquí. Que los juicios se realicen en nuestro país con una legislación transicional ad hoc. Que una de las cláusulas –ineludible- sea el compromiso de cumplir las penas y para los Estados amigos de hacerlas cumplir, con la supervisión de uno o más organismos internacionales. Otra de las condiciones irrenunciables, eso sí, sería exigir que los farcomandantes cuenten toda la verdad y con sus haberes –que según la prensa los tienen y bastantes- reparen a las víctimas.


Los especialistas en derecho y los internacionalistas se encargarían de dar forma jurídica a esta propuesta, de llegar a concretarse ésta o una similar o “imposible”. 


Claro que lo más fácil siempre será -con patada o sin patada a la mesa- levantarse. La “pausa” sería otra forma –quizá cobarde- de abortar la esperanza. 


Nota cultural 1.- La revista “Quitasol”, para su octava edición, convoca a quienes estén interesados en publicar sus trabajos de poesía, cuento, ensayo e lustraciones. Interesados remitirse a: quitasolfondoeditorial@gmail.com. 24.X.13