Editorial

Más acciones por la U. de A.
25 de Octubre de 2013


El gobernador y su equipo están llamados por vocación, y capacitados por la experiencia, a resignificar el rol ejemplar que nuestra Alma Máter puede y debe jugar en el sueño colectivo de “Antioquia la más Educada”.

Si se cumplen los protocolos del acuerdo que el miércoles suscribieron el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo; el defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, y la portavoz de Ríos Vivos, Isabel Cristina Zuleta, los manifestantes contra el proyecto Hidroituango que desde el pasado 20 de marzo ocupan el viejo coliseo de la Universidad de Antioquia deben iniciar hoy el regreso a sus municipios de origen o conseguir alojamiento en Medellín. Con esta partida se cierra, ojalá sea cierto, un capítulo que demostró el estado de indefensión en que se encuentra la Universidad, incapaz de defenderse de abusos de agentes con intereses políticos extraacadémicos y autoexcluida, por un equívoco concepto de autonomía, de la protección de la Fuerza Pública, a la que la propia comunidad universitaria le ha vetado el ingreso al campus. 


A la partida de las familias que protestaban contra el proyecto hidroeléctrico contribuyó el acuerdo que encabezó la Gobernación como responsable de la Universidad y su territorio, y algún papel habrán jugado también las situaciones de anormalidad académica y paro que desde agosto deterioraron las actividades universitarias, despareciendo así los mendrugos de bienestar que les entregaban alumnos y profesores que se hacían de la vista gorda con los abusos a los derechos de los niños, el hacinamiento y la insalubridad que reinaron a consecuencia de un episodio que debe ser suficientemente analizado antes de que entre a formar parte de las anécdotas de la fructífera y también tormentosa vida de la Universidad de Antioquia. 


Pero los problemas no han terminado para el Alma Máter de los antioqueños. El semestre académico ha sido sobresaltado por las sucesivas declaratorias de anormalidades académicas y paros decretados por la Asamblea de Estudiantes, conformada por una minoría activa en su participación en sesiones interminables y agresiva en la forma como impone decisiones que profesores y estudiantes dicen no compartir, pero que avalan con su comportamiento de “mayoría silenciosa”, contradictorio en una comunidad que se pretende crítica y defensora de sus libertades, y que se sabe destinataria privilegiada de los recursos públicos para acceder a una educación superior con calidad. 


Para agravar las cosas, esta semana se sumó a la suspensión de actividades académicas el ataque de un grupo terrorista contra las instalaciones de la Universidad, la vía pública y bienes de particulares que han de extrañar sentirse agredidos por quienes se supone son los representantes de la razón. Estos hechos provocaron el pronunciamiento del gobernador Sergio Fajardo, quien preside el Consejo Superior universitario, señalando que “esto es injusto, violento y agresivo, dañino de lo público, de la educación, de las oportunidades”. Además anunció la posibilidad de cancelar el semestre que transcurre, medida que implica el derroche de recursos y el cierre de oportunidades a quienes aspiran a ingresar en el semestre 2014-1 y los siguientes, pero que podría permitir que se retome la normalidad académica que han puesto en juego los terroristas, los asambleístas apegados a las prebendas y los universitarios que se han acomodado en un silencio complaciente con lo inadmisible y que parecen haber olvidado que en algún momento de su vida hicieron inmensos esfuerzos para buscar su sueño de ser estudiantes o profesores de la, todavía, segunda universidad más prestigiosa del país.


Desde su fundación hace ya casi 35 años, EL MUNDO declaró como uno de sus quehaceres específicos a través del periodismo, la defensa de la universidad pública.  En ese propósito y como lo hacíamos desde estas mismas líneas hace menos de una semana, cuando también publicamos la clamante carta abierta del rector Alberto Uribe Correa,  no nos cansaremos de pedir acciones más concretas y transformadoras de parte de las autoridades competentes, con el Sr. gobernador a la cabeza como presidente del Consejo Superior de la Universidad de Antioquia.  Él y su equipo están llamados por vocación, y capacitados por la experiencia, a resignificar el rol ejemplar que nuestra Alma Máter puede y debe jugar en el sueño colectivo de “Antioquia la más Educada”.  Y en ese empeño hemos de apoyarlos decididamente estudiantes, docentes, egresados y todas las fuerzas vivas del departamento.