Columnistas

La lucha de los ind韌enas en el Cauca
Autor: Dario Valencia Restrepo
21 de Octubre de 2013

www.valenciad.com


Con el apoyo de la Fundación Semana y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Centro de Memoria Histórica publicó el año pasado un importante libro titulado “Nuestra vida ha sido nuestra lucha – Resistencia y memoria en el Cauca indígena”. Fue el resultado de una investigación coordinada por Daniel Ricardo Peñaranda  y que incluyó múltiples voces, con frecuencia de participantes directos en la lucha, con el fin de ofrecer una aproximación histórica a la resistencia de las comunidades indígenas del Cauca desde perspectivas políticas, económicas, jurídicas y culturales.


De acuerdo con el censo de 2005, el país cuenta con una población indígena cercana al millón cuatrocientos mil habitantes, de los cuales aproximadamente una quinta parte está asentada en el departamento del Cauca. Las dispersas luchas ancestrales de los resguardos contra el despojo de tierras, la discriminación y la aculturación tuvieron un punto culminante cuando en 1971 se funda en Toribío el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), sin duda la avanzada del actual movimiento indígena en Colombia y ejemplo en el ámbito latinoamericano. Decisivo fue el fortalecimiento de los cabildos y de la guardia indígena, organizaciones internas que vienen de mucho tiempo atrás.


El inicial lema “Unidad, Tierra y Cultura” inspiró actividades del Cric que elevaron el nivel de conciencia y se convirtieron en un referente de la población indígena del Cauca. En las cuatro décadas transcurridas se ha venido construyendo un poder propio centrado en una resistencia tal “que los pueblos indígenas no se han dejado exterminar, ni subordinar ni cooptar y que hoy emergen como un referente válido para decir que otro mundo es posible”,


En la dirección www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2012/cauca.pdf se puede leer todo el libro mencionado. Los interesados encontrarán allí diferentes ensayos sobre aspectos organizacionales, la construcción de un poder propio, una mirada desde la economía política a la recuperación de tierras, la resistencia contra los actores armados, la cuestión de género, la educación bilingüe, la estrategia de comunicación y la consolidación de un proyecto propio como forma de resistencia.


Por su parte, El Centro de Memoria Histórica (www.centrodememoriahistorica.gov.co), bajo la dirección de Gonzalo Sánchez Gómez, mereció particular atención en el país cuando hace poco publicó el terrible informe “Basta Ya”, un aporte a la comprensión del origen y las transformaciones del conflicto armado colombiano. Pero además tiene significativas publicaciones sobre casos emblemáticos, temas de género y la Ley de Justicia y Paz.


 


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LAS TASAS DE USURA. Para el cuarto trimestre del presente año, la tasa de usura para créditos ordinarios y de consumo quedó en 29,78% y para microcréditos en 51,18%, porcentajes que no pueden ser excedidos por los prestamistas bancarios. Esos altísimos e inexplicables porcentajes contrastan con el ridículo rendimiento de las cuentas de ahorro; con la muy baja tasa de interés de los certificados de depósito a término (CDT); y con la actual tasa de intervención del Banco de la República, fijada en 3,25% para los préstamos de corto plazo que dicho banco otorga al sector financiero. Por increíble que parezca, las tasas de usura son establecidas por la Superintendencia Financiera con base en la información que le envían los bancos comerciales, información que está basada en unas tasas que ellos mismos fijan. Vemos aquí en plena acción el poder regulatorio del Estado.


 


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RECONCILIACIÓN Y PAZ. Una de las exigencias para superar el actual conflicto se relaciona con la necesidad de pedir perdón a las víctimas, una decisión que corresponde a todos los responsables por acción u omisión. Tendrá que hacerlo la guerrilla por sus crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra, los paramilitares por delitos peores que los anteriores, el Estado por monstruosidades como los llamados falsos positivos, y todos los ciudadanos que por complicidad, cobardía, pasividad o indiferencia permitimos este baño de sangre a lo largo de muchas décadas.