Columnistas

¿Partidos? ¿Cuáles partidos?
Autor: Jorge Arango Mejía
20 de Octubre de 2013

zipa36@yahoo.com


Los partidos Conservador y Liberal escribieron la historia política de Colombia durante más de ciento cincuenta años. Contribuyeron a la formación de la nacionalidad colombiana, hecha, como todas las obras humanas, de errores y aciertos.


De tiempo en tiempo a alguien se le ocurre acusarlos de haber cerrado las puertas a diferentes ideologías. Ese es un cargo infundado. En la segunda mitad del siglo XIX hubo disidencias que llegaron a conquistar el poder, como la que encabezó el propio Núñez contra los liberales radicales, que finalmente originó la Constitución de 1886.


En el pasado siglo, el Liberalismo conquistó el poder en 1930, a causa de la división conservadora. Y llevó a cabo, en los 16 años de la República Liberal, una transformación formidable. Leyes que cambiaron la situación de la mujer casada, de los hijos naturales, modernizaron la organización social. La Reforma Constitucional de 1936, adaptó la Constitución a los nuevos tiempos.


Y dentro del propio partido Liberal surgieron nuevas corrientes, como el Unirismo, que encabezara Gaitán. 


El Conservatismo recibió la influencia de los totalitarismos europeos, particularmente de Mussolini y Franco. Hasta dónde ello determinó la violencia que se desató a partir de 1946,  es asunto que habría que analizar detenidamente.


Al restablecerse el imperio de la legalidad, con el Plebiscito del 1º de diciembre de 1957, se pactó, para aclimatar la convivencia, el reparto del poder entre liberales y conservadores. Pero aun bajo ese régimen, los comunistas, por ejemplo, siguieron inscribiendo listas para corporaciones, en las cuales figuraban generalmente como liberales. Era un secreto a voces. Decir que  se perseguía a la gentes por sus ideas, en esas épocas, no es sino una mentira. Recuerdo que en 1976, cuando fui elegido concejal de Armenia por el Liberalismo, había dos concejales comunistas: Volney Largo y otro de apellido Cardona, que más tarde fue muy conocido en las Farc como Braulio Herrera.


En 1991, la Asamblea Constituyente que dio como resultado la Reforma Constitucional de ese año, se empeñó, guiada por Álvaro Gómez y Antonio Navarro, en socavar los dos partidos tradicionales. Así se llegó a la situación actual: hay innumerables grupúsculos sin ideología, y carentes de todo lo que caracteriza un partido político. Cuando consiguen elegir un miembro en una corporación, se dedican a negociar el respaldo a diversos nombramientos, a cambio de las migajas del poder. Y cuando por factores extraños (como el ostensible respaldo del presidente Uribe a la candidatura de Santos), consiguen una cantidad de votos, no saben qué hacer con ellos. Cada uno de los elegidos sigue negociando por su lado, buscando prebendas y canonjías. ¿Cuál es, por ejemplo, el programa del “Partido de la U”?


Al final, la permanente preocupación de los empresarios de esas organizaciones politiqueras, no es diferente a la de alcanzar el número de votos que les permite conservar su condición.


En algún momento habrá que pensar, con seriedad, en la manera de recuperar la dignidad de la actividad política. Ese proceso exige adoptar medidas para impedir que ésta sea el coto de caza de los empresarios del chance. El poder, no siempre dentro de la ley, que acumuló “La Gata” en la Costa, no es un hecho aislado. Ese fenómeno que corrompe y degrada se repite en muchos departamentos. Donde no hay uno de estos animales, hay un “Carriel”. Pero las autoridades hacen la vista gorda, como si esta nauseabunda ola de corrupción no tuviera nada qué ver con ellas. Parece normal que los empresarios del chance elijan congresistas, alcaldes, gobernadores. Ahí está el verdadero poder, el real. 


Otro desatino de la Reforma Constitucional de 1991, fue el haber creado la circunscripción nacional para la elección de senadores. Así se privó a más de la mitad de Colombia de tener representación en el Senado. Y se convirtió esta elección en un negocio que demanda cuantiosas inversiones, cuyo origen despierta sospechas.