Columnistas

Atacar el bolsillo de los narcotraficantes
Autor: Juan Manuel Galán
15 de Octubre de 2013


Durante los próximos días continuaremos en la plenaria del Senado el debate sobre el nuevo proyecto de ley de extinción de dominio.

Durante los próximos días continuaremos en la plenaria del Senado el debate sobre el nuevo proyecto de ley de extinción de dominio. Este proyecto se enfrenta a dos grandes retos: Convertirse en pieza clave para combatir a las estructuras mafiosas y criminales del narcotráfico, afectándoles el bolsillo a los narcotraficantes, o correr la misma suerte de la extradición. Esta antes era vista como el mecanismo más temido por los narcotraficantes y hoy en día parece ser una opción bastante atractiva para muchos de ellos, que intercambian la información que tienen como contraprestación por vivir durante un tiempo en la cárcel y salir a gozar sus fortunas ilícitas.


La extinción de dominio puede correr la misma suerte de la extradición. Recordemos que en los años 80s surgió la organización criminal “Los Extraditables”, cuyo lema era “Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos,” y que bajo el liderazgo de Pablo Escobar Gaviria, Gonzalo Rodríguez Gacha, los hermanos Ochoa, y Carlos Lehder buscaban corromper e intimidar el aparato estatal para impedir la firma del tratado de extradición con los Estados Unidos. Este grupo le tenía verdadero pánico a terminar sus días en una cárcel por fuera de Colombia, como efectivamente les ocurrió a pocos de ellos. Hoy, al parecer, la extradición dejó de representar una amenaza para los narcotraficantes y empezó a convertirse en una opción atractiva a tal punto que algunos toman la iniciativa de contactar a la justicia de los Estados Unidos para negociar su condena, la preservación de sus bienes, y su participación en programas de protección de testigos, a cambio de la entrega de información sobre rutas del tráfico de estupefacientes.


¿Será que la extinción de dominio está representando una amenaza para los criminales? O por el contrario se estará convirtiendo en un negocio o una carga para el Estado que no afecta significativamente las finanzas de las organizaciones criminales, ni utiliza sus bienes para fortalecer los esfuerzos de persecución de sus cabecillas. Es fundamental garantizar que la extinción de dominio siga siendo un castigo efectivo y que los recursos obtenidos a través de ella le permitan a la justicia afrontar los desafíos de su labor. Lo que se espera de este nuevo proyecto de ley es que fortalezca a la rama encargada de la investigación y juzgamiento de delitos como el narcotráfico, con el fin de permitirle obtener más dinero para quitarles a los narcotraficantes los recursos mal habidos. En otras palabras, esperemos que la extinción de dominio sea, efectivamente, una manera de atacar a los narcos en donde más les duele: El bolsillo.