Columnistas

Más escuelas, menos museos
Autor: Alvaro T. López
15 de Octubre de 2013


A principios del año pasado de 2012, cuando comenzaba esta administración, el llamado Parque del Bicentenario no parecía tener futuro: era el summum de todos los errores susceptibles de ser cometidos por un contratista,

A principios del año pasado de 2012, cuando comenzaba esta administración, el llamado Parque del Bicentenario no parecía tener futuro: era el summum de todos los errores susceptibles de ser  cometidos por un contratista, con la aquiescencia de la Administración. Tuvo que hacer grandes esfuerzos el equipo del Alcalde Gaviria, para que lo invertido no se perdiera, corregir hasta la pegada de ladrillos, sin libros blancos, sin retrovisores mediáticos. Esa actitud es lo que se debe tener presente, no en un museo, sino en la mente colectiva de la ciudad, para que no se repitan monumentales descalabros, para que se entienda que las obras solo deben favorecer a los ciudadanos. 


El conflicto que vive la ciudad no se ha terminado, ni se soluciona con museos. El problema social va más hacia la intervención seria desde una visión de justicia social efectiva. Si el conflicto está vigente, hace parte del presente, no del pasado; no puede establecerse una memoria de lo que está sucediendo y, mucho menos, pretender hacer un museo con quien sabe que elementos, que no podrán ser distintos de retratos de la ineficiencia del Estado para cumplir con la sagrada obligación de generar bienestar a los asociados. Sería inútil. El papel de los gobernantes es, básicamente, crear y sostener las condiciones políticas, sociales y económicas, para que los gobernados accedan eficiente y prontamente al ejercicio de los derechos que se derivan de la ciudadanía. No es la palabrería sin contenido, sino los hechos los que llenan la mesa de las familias. Más se necesita presente y futuro, que inútiles museos.


Hay cosas que es mejor olvidarlas. Cada vez que se escribe un mal libro o se emite una lastimosa serie de televisión sobre los horrores que hemos vivido, se recrudece el odio. La reconciliación debe hacerse sin resentimientos, sin mantener presentes las ofensa proferidas, sin mostrar las heridas, tendiendo la mano en señal de promesa de cumplimiento. El tal Museo de la Memoria, debe replantearse. Hay que pensar en los beneficios que espera y necesita el sector en el que se ubica. A lo mejor es mucho más edificante un proyecto de formación para el empleo, por ejemplo, volver a pensar en la escuela de artes y oficios que soñaba el inmolado gobernador Guillermo Gaviria.


Y, a propósito del Parque del Bicentenario, en el que se ubica el pretendido proyecto del Museo de la Memoria, no es de recibo que, teniendo nosotros tantos mártires durante los casi quinientos años de historia poscolombina, tengamos que acudir al lejano Gandhi. Hay en nuestro territorio centenares de hombres y mujeres muertos y desterrados por luchar por la paz. O ¿acaso no son representativos los nombres del mencionado gobernador Gaviria y de Gilberto Echeverri? Si lo que estamos buscando es la paz, hagamos la paz. Eso se logra con equidad, con educación, con justicia social. Derrotemos de la mente las antidemocráticas ideas de izquierda y concentrémonos en la tarea de construir ciudad. Necesitamos más escuelas y menos museos.