Columnistas

Gamonales: La tenencia de la tierra no importa
Autor: Guillermo Maya Muñoz
7 de Octubre de 2013

Las instituciones son el factor clave para explicar la riqueza y la pobreza de las naciones afirma Mancur Olson (Why some nations are rich, and others poor”, JEP, 1996). Estas son las reglas de juego en la sociedad, que limitan la interacción humana, y por consiguiente estructuran incentivos, positivos o negativos. Desde este punto de vista, la diferencia entre la riqueza y la pobreza puede ser explicada por la calidad de las políticas públicas y las instituciones. Los países con las mejores instituciones y las mejores políticas obtienen el máximo de su potencial, mientras que los otros, con las peores instituciones y políticas son ineficientes y pobres.


Norteamérica, a pesar de tener dotaciones iniciales similares, e incluso menos favorables a aquéllas de las Colonias españolas, tuvo un desarrollo posterior más exitoso que los países latinoamericanos, que comenzaron con tierras y recursos naturales inmensos, y que fueron las más prósperas en los siglos XVII y XVIII. Incluso, para entonces, las 13 colonias inglesas de EEUU y Canadá fueron consideradas como de interés marginal. 


¿Por qué Latinoamérica se queda atrás?  La respuesta de Stanley Engerman y Kenneth Sokoloff (Factor endowments, institutions, and differential paths of growth among new world economies, NBER, 1994) es la calidad de las instituciones. Especialmente, las actitudes hacia las dotaciones de recursos, que se reflejan en las políticas, tuvieron un impacto profundo y de largo plazo sobre la estructura de las respectivas economías coloniales y en última instancia en sus senderos de desarrollo institucional y económico.


 En las colonias españolas, las extensas poblaciones de indígenas y la práctica hispánica de otorgarle la tierra, el trabajo nativo y los ricos recursos minerales a los miembros de la  élite precipitó la formación de una alta concentración de la tierra y una extrema desigualdad. Igualmente, las condiciones de clima y de suelos, en el caso de las colonias del Caribe, Brasil y las colonias inglesas en el sur de los EEUU, determinaban la siembra de los cultivos de azúcar, café, arroz, tabaco y algodón, que gozaban de altos precios en el mercado mundial y que eran más eficientemente producidas a gran escala, alentaron la plantaciones con esclavos. Al contrario, en las colonias inglesas del norte, las pequeñas granjas fueron la norma, el clima favorecía el régimen mixto de cultivos (granos) y ganado, que no tenían economías de escala en su producción. Estas últimas circunstancias fomentaron la evolución de una distribución de la riqueza más igualitaria, instituciones políticas más democráticas, mercados domésticos más extensos y la búsqueda de políticas más orientadas hacia el crecimiento que en las colonias españolas.


Por otro lado, en los EEUU, la Guerra de Secesión (1862-65) no solo significó la victoria del Norte sobre el Sur sino también la predominancia de la política de desarrollo industrial basada en el mercado interno frente al libre comercio, así como la derrota de la vía latifundista sureña esclavista frente a la vía “farmer” (campesina) en el desarrollo agrario. Pero, en Latinoamérica, los incipientes intereses industriales fueron derrotados y los latifundistas y comerciantes se amarraron al poder sobre las instituciones heredadas de la colonia.


En el caso colombiano ¿Cómo explicar el éxito de la colonización antioqueña cafetera frente a la gran hacienda cafetera del oriente colombiano sin tener en cuenta las instituciones y los incentivos?  El campesino libre pudo apropiarse de su trabajo, y por lo tanto ser más productivo, mientras que el trabajador sometido en las grandes haciendas no lo podía hacer. Esta colonización democratizó la tierra y los ingresos, y por esta vía la economía cafetera se constituyó en impulsora del proceso de industrialización colombiano, al generar las divisas para su equipamiento, y al crear la demanda necesaria para ella. 


La colonización antioqueña “farmer” pudo haber sido la vía que el país hubiera podido escoger, empezando el siglo XX, para otras regiones y productos, sin embargo, la élite colombiana tradicional consolidó la concentración de la tierra por todos los medios posibles, legales e ilegales. En este sentido, entre las consecuencias nefastas de este proceso concentrador sobre la sociedad colombiana están: 


En primer lugar, la lucha por la tierra ha estado en el centro de los conflictos agrarios del pasado, y aun del presente, generando millones de desplazados hacia los centros urbanos. En segundo lugar, este conflicto impone sobre el resto de la sociedad, especialmente urbana, los costos del conflicto armado. Sin embargo, en tercer lugar, los ingresos fiscales generados en las regiones con predominancia latifundista son minúsculos para atender las necesidades regionales y locales, dando como resultado que son los grandes propietarios los beneficiarios de las trasferencias fiscales centrales, que son canalizadas para su propio beneficio, y el de sus partidarios políticos que manejan concejos y alcaldías, dando como resultado una estructura partidista clientelar, y profundamente antidemocrática. Por su parte, las guerrillas y lo paramilitares exacerbaron el conflicto, la concentración de las tierras, el éxodo campesino, y favorecieron el autoritarismo.


La política agraria colombiana, después de haber sido derrotado el reformismo agrario de Carlos Lleras Restrepo, en la década de los 70, por los gamonales liberales turbo-lopistas, para que la reforma agraria no fuera implementada, es sintetizada por Álvaro Uribe Vélez en su Plan de Desarrollo 2002-2006: “lo importante (para los campesinos) no es la tenencia de la tierra”. Sin embargo, para los terratenientes la propiedad es todo. Por eso no hemos avanzado mucho como sociedad.