Columnistas

Una obra inaplazable
Autor: Jorge Arango Mejía
29 de Septiembre de 2013


Hace más de cincuenta años se empezó a hablar del embalse del Valle de Cocora, como una solución, la mejor, para asegurar el suministro de agua potable a los municipios del Quindío.

Hace más de cincuenta años se empezó a hablar del embalse del Valle de Cocora, como una solución, la mejor, para asegurar el suministro de agua potable a los municipios del Quindío. En esa época, cuando el Quindío era parte de Caldas, la obra era utópica. En Manizales había otras urgencias, como la construcción de un gigantesco teatro con los recursos destinados a la atención de la salud: fue la causa última de la creación del Quindío y Risaralda. 


Ancízar López, sin duda el dirigente más eficaz que ha tenido la región en toda su historia, solía hablar sobre este proyecto. Él exponía todas sus ventajas, no sólo en lo relativo a los acueductos sino en lo que tiene que ver con el suministro de energía eléctrica y con los planes o programas turísticos.


Han pasado los años y nada se ha concretado. Por el contrario: al parecer, en lugar de avanzar se retrocede. Hace poco había unos dineros destinados a estudios o planos del embalse, y de la noche a la mañana, con la bendición de todo el mundo, se enterraron en millares de pozos sépticos que el Departamento construyó en predios de particulares, sin importarle a nadie que se violara la prohibición establecida por el artículo 355 de la Constitución: “Ninguna de las ramas u órganos del poder público podrá decretar auxilios  o donaciones en favor de personas naturales o jurídicas de derecho privado.” Algún día se sabrá qué hacen los órganos de control (Procuraduría General de la Nación y Contraloría General de la República) y si la Fiscalía General de la Nación cierra sus ojos y tapa sus oídos para que esta enormidad nunca se investigue.


Éste es uno de los temas que quienes andan en busca de votos deberían tratar ante sus posibles electores. En estos tiempos, una de las preocupaciones elementales es la del agua potable, en todo el mundo. En el Quindío, por fortuna, hace muchos años se adelantaron programas de reforestación que son los que han impedido el deterioro de las fuentes que nutren los acueductos municipales. Pero esto no es suficiente: si no se construye el embalse, en poco tiempo empezará a sentirse, a padecerse, la disminución del agua. 


Entiendo que estos temas no despiertan interés, porque proyectos como éste no atraen a los que piensan que solamente deben ocuparse de los que se hacen de un día para otro y aumentan la popularidad de los que ejercen el poder. El Embalse de Cocora es tarea para tres o cuatro gobernadores, al menos. Pero sus beneficios los recibirán todos los habitantes del departamento durante muchos años.


Habrá que esperar. La esperanza es lo último que se pierde. Antes se pierde la paciencia de las gentes mal gobernadas.


Pasando a otro tema, ¿cuándo terminará la vergüenza del Deportes Quindío? Este problema, que hace tiempo pasó de castaño oscuro, está ahora en manos de la justicia. Corresponderá al Tribunal Administrativo del Quindío ordenarle a la alcaldesa de Armenia que recupere el equipo que pertenece al municipio y que tiene en comodato Hernando Ángel. No hay derecho a que un equipo que hace cincuenta años fuera un orgullo de Armenia y del Quindío, se haya convertido en el hazmerreír de todos: algo así como un circo de pueblo, con payasos malos y equilibristas paralíticos. Que esa funcionaria piense desde ahora cómo cumplirá la orden del Tribunal, para no incurrir en el delito de fraude a resolución judicial.