Columnistas

Responsabilidades históricas
Autor: Jaime A. Fajardo Landaeta
28 de Septiembre de 2013


Si en algo coincido con las Farc es en su apreciación sobre las responsabilidades históricas, que muchos tenemos, en relación con el conflicto armado y el papel de las víctimas.

Si en algo coincido con las Farc es en su apreciación sobre las responsabilidades históricas, que muchos tenemos, en relación con el conflicto armado y el papel de las víctimas. ¿Nos hemos preguntado por la identidad de los responsables de la Violencia del período 1948 – 1958? ¿Acaso “Chulavitas” y “Pájaros” fueron ficción? ¿Qué propósitos políticos movían a la guerrilla liberal? ¿Qué pasó con las miles de víctimas campesinas y con sus tierras? ¿Quiénes manejaban los hilos del poder para que todo ello funcionara?


Muchos afirman que todo se resolvió con el plebiscito de 1957, que dio origen al Frente Nacional con el consabido reparto del poder entre los dos partidos tradicionales. Agregan que la votación masiva del pueblo confirió legitimidad para perdonar y olvidar esa tragedia colectiva. O que en ese momento el Estado no había adoptado compromisos internacionales, así que no valen conceptos como verdad, justicia y reparación.


Ningún jefe de los partidos tradicionales asumió responsabilidades. Esta quedó en cabeza de una chusma descontrolada. ¿Y la Iglesia Católica? Muy significativa, en su momento, la expresión del obispo de Santa Rosa de Osos (Antioquia): “¡Matar liberales no es pecado!”


Siguieron luego los 16 años del Frente Nacional, que condenó al país al ostracismo y al reparto del poder nacional, en todas sus instancias. Al tiempo, muchos campesinos procedentes de la guerrilla liberal, traicionados luego de entregar sus armas a finales de la década del 50, dieron origen a las Farc, en 1964, y con ellas al conflicto armado todavía vigente. Entonces plantearon una plataforma agraria que sigue reflejando el abandono del campo y las nefastas consecuencias del despojo y el desplazamiento. Pero los responsables no aparecen.


Según el informe del Grupo de Memoria Histórica, de 1958 a 2013 se identifican 220.000 muertos producto del conflicto. Pero ¿la responsabilidad  es solo de la guerrilla?  ¿En dónde quedan las desapariciones forzadas y las consecuencias del oscuro “Estatuto de Seguridad”, de Turbay Ayala, entre 1978 y 1982?


Y qué decir de la connivencia entre políticos y narcotraficantes que consolidó una  repartija del poder, con todas sus consecuencias. Un fruto: el MAS (Muerte a Secuestradores) y el inicio del accionar paramilitar signado por todo tipo de tropelías, incluida el exterminio de la Unión Patriótica. Luego, la toma y retoma del Palacio de Justicia, el papel de la guerrilla del M-19, pero también de los militares quienes, enceguecidos, asumieron el poder, haciendo a un lado al presidente Betancur. 


Padecimos después el proceso 8.000 y sus tentáculos mortales, sumado al exterminio masivo de campesinos, luchadores populares y defensores de DD.HH. Seguimos con los “falsos positivos” que, con el pretexto de la seguridad democrática, institucionalizaron acciones criminales dizque en función de la lucha contra la guerrilla. Aquí solo mencionamos algunos de los tantos casos que ensombrecieron el panorama nacional.


Tal vez resulte mejor no profundizar en toda esta pesadilla, y dedicar esfuerzos a la definición de la agenda que Colombia requiere para la reconciliación y a coadyuvar para que culminen sin tropiezos los diálogos de la Habana. Porque en la búsqueda de responsables de esta tragedia nacional, ninguna institución se salva y mucho menos las farc ¿o sí?