Editorial

Merkel recibió más confianza
25 de Septiembre de 2013


Su carácter al enfrentar las difíciles situaciones europeas, acompañando a quienes buscan salir de la crisis mientras cuida la estabilidad alemana y el bienestar de su pueblo, le han valido el título de “canciller de hierro”. 3

 


 


A sus 59 años, Angela Merkel ha acumulado una juiciosa carrera profesional como investigadora en física; un apasionante recorrido personal como hija de un pastor protestante en la Alemania comunista y como madre; una brillante carrera política emprendida a comienzos de los años noventa, y su firme capacidad para gobernar con eficiencia al país que hoy luce como guía económico y político de Europa. Ese bagaje lo ha conseguido con disciplina, austeridad y sentido de la oportunidad, que es una de las grandes cualidades de un buen político.


La doctora Merkel dio sus primeros pasos en política a la sombra de Helmut Kohl, canciller desde el año de 1982 y responsable de guiar la reunificación de Alemania, el hecho político más significativo y retador de la segunda mitad del siglo XX, pues representaba la derrota de las dictaduras comunistas, tan deseada por los ciudadanos libres, pero implicaba la responsabilidad de incorporar a la democracia occidental y al sistema económico capitalista a países y ciudadanos sin tradiciones de libertad, competencia y reconocimiento al logro. Defenestrado por escándalos partisanos en 2001, Kohl fue sucedido por el grisáceo Gerhard Schröeder, del Partido Socialista Democrático, PSD.  La apuesta por la Democracia que liderara el Sr. Kohl, es en gran medida, una causa principal de las tres victorias de Merkel.


Mucho hay entre la mujer que en 2005, aparecía torpe ante las cámaras de televisión e imprudente en sus propuestas económicas al electorado, y la canciller que el domingo conquistó su segunda reelección en una jornada que los observadores internacionales han calificado de histórica, por la contundencia del avance electoral de la canciller y por la enorme distancia que marcó con el Partido Socialista, cuyo franco retroceso tiene que ser explicado a la luz del bienestar del país que ha logrado tener el mayor ingreso per cápita del mundo, atribuido por los ciudadanos a la gobernante que funge como matrona en el mercado barrial y como estadista cuando maneja las finanzas públicas y cuando negocia con los países hoy llamados “del sur” -Italia, España, Portugal- para que pongan disciplina y austeridad al manejo de economías que se desmoronaron por sus inadecuadas políticas de gasto público. Su carácter al enfrentar las difíciles situaciones europeas, acompañando a quienes buscan salir de la crisis mientras cuida la estabilidad alemana y el bienestar de su pueblo, le han valido el título de “canciller de hierro” con el que pretenden compararla con la inolvidable Margaret Thatcher. 


Estas son algunas de las razones para que el 41,6 % de los electores depositara su confianza en la Democracia Cristiana y, de manera indirecta, creara las condiciones para que el Parlamento le renueve a Merkel un mandato en el que deberá defender las directrices aprobadas por su partido en el Congreso Nacional de 2007, el segundo realizado tras la reunificación, en el que acordó un programa de gobierno que tituló “Libertad y seguridad. Principios para Alemania”, luego de declararse una colectividad democrática, centrista en su ideología política -aunque es la organización más a la derecha en el espectro germano- y defensora de la vida humana en todos sus momentos, postura abanderada por la hija del pastor protestante y por la que ha recibido fuertes críticas.


 


El modelo democrático parlamentario que permite la conformación y fortalecimiento de distintos partidos y que configura modos de elección en los que resulta prácticamente imposible la obtención de mayorías absolutas, le impone a la señora Merkel constituir alianzas con otras colectividades. Es muy posible que su escogido sea el Partido Socialista, que fue cogobernante con Adenauer y al que los democristianos apoyaron en el mandato del también histórico Willy Brandt. En estos días de forcejeo entre las partes para buscar encuentros ideológicos se ponen en juego los interesantes juegos de la democracia en los que se exige a los gobernados negociar diferencias entre sólidas organizaciones políticas que no renuncian a su dignidad ni se desdibujan mientras encuentran puntos de conciliación en los temas que suelen ser los más difíciles en esa democracia: el respaldo de Alemania a la Unión Europea y la disciplina fiscal, tema por el que la señora Merkel ha ganado su fama de estricta y también la inmensa confianza de un electorado que la está llevando a un sitial histórico en su país.