Columnistas

Sin brújula agraria
Autor: José Alvear Sanin
25 de Septiembre de 2013


Para disimular los efectos desfavorables de los TLC en materia agraria, el gobierno y los economistas yuppies afirman...

Para disimular los efectos desfavorables de los TLC en materia agraria, el gobierno y los economistas yuppies afirman: 


1. Que los TLC apenas empiezan


2. Que hay que esperar varios años  antes de evaluarlos


3. Que nada tienen que ver con los problemas del campo porque la importación de alimentos se redujo 6.5% y el producto agropecuario creció un 7.6% en lo que va corrido del año


Analizando con un poco de atención esa última cifra observo que se debe, en su mayor parte, a una cierta recuperación (finalmente) del sector cafetero, digna de celebrar, pero el resto del panorama sigue siendo muy desalentador.


Con 22 millones de hectáreas aptas para la producción agropecuaria, apenas 5’500.000 se utilizan. En vez de alimentarnos y exportar ingentes cantidades, Colombia está importando algo así como 10 millones de toneladas de alimentos. 


Nadie ha establecido el número de empleos que se crearían si sustituimos esas importaciones con producción nacional, pero con seguridad el desempleo rural desaparecería y entonces sería posible atacar el problema de la intolerable pobreza campesina, que afecta al 46.8% de esa población.


Los economistas que formulan las políticas que vienen desindustrializando y desagrarizando el país merecen el calificativo de tontos cuando las proponen, y de criminales cuando hacen realidad los “estudios” que trazan en sus perfumadas fundaciones, atiborradas de recomendaciones (¿órdenes?) de grandes instancias supranacionales. 


Colombia no puede seguir por la senda de un libre comercio cuyo monstruoso déficit se financia con exportaciones crecientes de productos mineros, estimuladas por regalías insuficientes y por intolerables exenciones de impuestos. 


El país, con urgencia, tiene que dotarse de un modelo agrario. Puede escoger entre varios: 


1. Agro industrializado por grandes corporaciones (especialmente extranjeras), capital-intensivo y muy poca generación de empleo, al estilo de USA y Europa Occidental. Modelo tan productivo en lo económico como desfavorable en lo social.


2. Desarrollo agrario integral, donde predomina el minifundio productivo de propiedad familiar, con educación y formación del campesinado, crédito de fomento y sin agio, mecanismos de acopio y distribución cooperativos, investigación financiada por el Estado, etc. Este modelo, buen generador de empleo, es muy productivo en términos económicos y ambientales, como lo demuestran especialmente Taiwán, Corea del Sur y Turquía. Este último, con territorio bien inferior en tamaño y calidad al colombiano, alimenta 73 millones de habitantes y es un gran exportador de alimentos. Recomiendo el reciente artículo de Mauricio Cabrera Galvis sobre ese país.  (El País, septiembre 23/2013).


3. O para obtener el beneplácito de las Farc, adoptar el modelo agrario colectivista, vigente únicamente en Cuba y Corea del Norte, que en la Urss, China, Europa Oriental y Vietnam produjo tanta hambre como esclavitud campesina. Este modelo excluye los dos anteriores. 


El gobierno actual no sabe para dónde ir. Entonces prende una vela a Dios y otra al diablo. Firma un acuerdo incompleto con las Farc, aplazando para el final de la negociación lo del control político del campo y el campesinado, mientras estudia un proyecto de ley para sanear los vicios en la acumulación inmoral e ilegal de tierras por parte de conglomerados asesorados por los abogados del corazón del mandatario.


Y por eso el presidente afirma con superficialidad que en Colombia caben tanto los minifundistas como los latifundistas agroindustriales (¡!). Así puede continuar, sin interrupción, los diálogos con las Farc, al mismo tiempo que nombra de ministro de Agricultura a un representante de los intereses más retrógrados en materia agraria.