Editorial

縈etiendo agujita para sacar aguj髇?
21 de Septiembre de 2013


El presidente Rouhani ha tendido un ramo de olivo con ofertas que despiertan expectativa en la comunidad internacional y que, adem醩, enmarcan su af醤 de separaci髇 de Vladimir Putin.

Con una columna publicada el pasado jueves en las páginas de opinión del prestigioso The Washington Post, y el anuncio de su intervención en la ONU, el presidente de Irán, Hassan Rouhani, avanza en intención de acercamiento a la Unión Americana, proceso que pondría fin a cuatro décadas de tensión mundial. En su documento periodístico-político, Rouhani declara estar “comprometido a cumplir las promesas que hice a mi pueblo, incluida la de entablar una constructiva interacción con el mundo”. Su avance se mide en la correspondencia intercambiada con el presidente Obama y en el interés creado en torno a la posibilidad de una reunión de mandatarios en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas.


En las palabras de Rouhani, la distante prudencia consiste en un cauteloso enmarcamiento de sus expectativas sobre el modelo de relaciones internacionales que ahora propone y que, indica, “significa acercarse a la contraparte sobre la base de reconocer la igualidad de posiciones y el mutuo respeto, a fin de definir los temas de mutuo interés y forjar objetivos comunes”, todo ello, dice, en procura de buscar “relaciones de gana-gana, que no solo son benéficas, sino, también, deseables”. En contraposición con esta esperanza, y recogiendo palabras del presidente Obama para referirse a Vladimir Putin, señala que una postura en la que se pretendan relaciones internacionales con un solo ganador “son del tiempo de la Guerra Fría”. El sesgo de radicalismo que persiste en ambos gobiernos gracias a estructuras políticas que favorecen la hostilidad en las relaciones, hará que las aproximaciones no signifiquen inmediatas distensiones.  


En procura de ese paso, el presidente Rouhani ha tendido un ramo de olivo con ofertas que despiertan expectativa en la comunidad internacional y que, además, reflejan su afán de separación de Vladimir Putin, quien, como lo ha hecho con Siria, también fue mentor del expresidente Ahmadineyad en su resistencia a las inspecciones internacionales a sus plantas nucleares. En momentos de expectativa por la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que debe fijar los términos de la inspección internacional a las armas químicas en Siria y que debería, o al menos eso esperan los demócratas, definir cómo se va a buscar una salida política a la cruenta guerra civil que enfrenta al sátrapa con diversidad de facciones opositoras, algunas de ellas con vínculos al terrorismo, el gobernante iraní anuncia que “mi gobierno está listo para ayudar y facilitar los diálogos entre el gobierno sirio y la oposición”. Si consigue autorización y logra llevar a esas partes a una mesa seria de negociación, el profesor islamista estaría llevando a su país de ser el pilar de la guerra religiosa a convertirse en interlocutor diferente y legítimo del mundo en escenarios democráticos. Sin que podamos tildarlo de partidario de Obama, esta es, en buena medida, la esperanza que el mandatario estadounidense abrió para el mundo musulmán en su recordada conferencia en la Universidad del Cairo.


En segundo lugar, pero no menos importante, está la propuesta de garantizar al mundo el carácter “pacífico” del programa nuclear iraní, una postura que será mucho más debatible en tanto no resulta creíble que Irán, autosuficiente como es en fuentes de energía, tenga que apelar a una iniciativa de generación nuclear. Este tema amenaza ser la piedra en el zapato, si se tienen en cuenta opiniones como la del profesor George Perkovich, del Centro Carnegie por la Paz, cuando señala que el acercamiento bilateral solo será posible mediante un acuerdo sobre armas nucleares de Irán que garantice su “verificación y destrucción”. En fin, los gestos que hasta ahora muestra Irán son aún tibios, para observadores que temen que el llamado a una política exterior basada en “aproximaciones constructivas” de Rouhani solo sea una estrategia para que se reduzcan las sanciones económicas que han limitado las capacidades exportadoras del cuarto productor mundial de petróleo a los niveles de mera supervivencia, que hicieron que los votantes se volvieran contra Ahmadineyad. La prudencia, sin embargo, no debe conducir a la inacción en procura de aliviar una de las más viejas y difíciles tensiones de las relaciones internacionales.