Columnistas

Dos maestros y una orquesta joven
Autor: Olga Elena Mattei
20 de Septiembre de 2013


Bajo la dirección del maestro Roberto González, español de amplia trayectoria mundial y actualmente director adjunto de la Filarmónica joven de Medellín, disfrutamos del concierto número 11 del Festival Internacional de Música de Medellín.

Bajo la dirección del maestro Roberto González, español de amplia trayectoria mundial y actualmente director adjunto de la Filarmónica joven de Medellín, disfrutamos del concierto número 11 del Festival Internacional de Música de Medellín.


Jóvenes, muy jóvenes, tocando sus instrumentos con excelencia. No escatimo el calificativo. Aunque en la obertura de El Rapto del Serrallo, de Mozart, (la primera obra presentada), se sintió un poco blando el temple de los timbales. 


La obra principal de la noche fue el concierto para piano número 21 de Mozart, con la ejecución de nuestro extraordinario pianista Sergio Posada.


El director González dirige desde el atril del concertino, mientras toca su violín. Un poco hipermóvil, pero hay que comprender que con su cuerpo está dirigiendo todo el conjunto. El maestro Posada cada vez más ágil y prodigioso con sus manos es más maduro en su interpretación y su actitud. Con sus trinos que son únicos en el mundo de los solistas de piano, porque tienen una perfección maestra de ecualidad con idéntica presión en cada dedo. La delicada cadencia, tan mozartiana, fue miel al paladar auditivo.


La orquesta bastante bien; sin embargo, un poco rasposo el timbre de los cornos en uno de sus temas antes del final del primer movimiento


El segundo movimiento, andante, muy conocido porque fue el tema de  “Elvira Madigan” en una famosa película, En la interpretación de Posada se escucha cantábile y expectante. El solista impone un ritmo muy propio, rubatos con un pausado deletreo y con inflexiones un poco distintas de lo trillado. El efecto es exquisito.


El tercer movimiento, Allegro, tan mozartiano, con el sin síncope característico, el impulso, la alegría picaresca. “Crispy”, (nunca he podido encontrar la palabra en español) “crocante” ¡no!.....”turgente”...”punzante”, tampoco! Y energética la ejecución de la cadencia de este movimiento, inmediatamente antes del finale.


En una palabra, Sergio Posada como solista, estuvo magistral. El público joven no conoce el protocolo de costumbre y no aplaudió para una segunda tanda de venias, por lo cual el maestro Posada no salió una vez más y no tuvo oportunidad de ofrecer su cadenza planeada, un rondó de Mozart!!


A continuación la Sinfonía Escocesa de Mendelssohn. Mucha vitalidad y energía en los tuttis. La orquesta suena como sonaba la orquesta madre Filarmónica hace 15 años. Ya es un conjunto sólido aunque le falta pulirse hasta lograr la producción de un sonido más limpio, en el cual podamos discernir los distintos timbres, sin que se amalgame todo en bloques un poco borrosos. Olvidamos esto al escuchar los temas más melodiosos de Mendelssohn con mucha expresión y mucha vibración. El director continúa dirigiendo desde el asiento concertino, lugar no muy visible para todos los músicos, lo cual le exige mucha movilidad corporal. La orquesta aborda con éxito la sucesión de tuttis continuos y complejos. Es una apoteosis y se están luciendo. Cobres y maderas exponen sus pasajes en los solos. 


La audiencia joven de esta orquesta es un público que está aprendiendo, y por didaxcia, y para darle sus 15 minutos de fama a cada uno de los solistas, los vientos deberían sentarse en tarimas elevadas. Todos los músicos en el piso plano del escenario, no sólo no se ven, sino que tampoco se pueden oír con la mejor claridad. Recuérdense los problemas de  proyección acústica de esta sala.  A pesar de que el Director dispuso las locaciones de las secciones con las violas a la izquierda-escenario, donde deberían de escucharse mejor, al conjunto le falta volumen. Son solo nueve atriles mientras que los violines son 31


El movimiento con mejor ejecución fue el último. Perfectamente bien articulado y limpio en los poderosos y complejos tuttis. También en su dinámica, y sus crescendos, en su energía expresiva que va escalando primero y luego se serena, para reavivarse tras la pausa del silencio, antes de la capitulación y de la coda, que lleva a un finale de glorioso.


Pareciera increíble que en Medellín ya tenemos 7 orquestas de música culta, (2 de ellas juveniles). Podemos parangonar tal esfuerzo y los logros obtenidos, con los de la celebrada orquesta juvenil de Venezuela. Y es muy loable que la Filarmónica haya creado su Academia y su Orquesta Juvenil, con tal didaxcia, dedicación, fé, y éxito, bajo la dirección del Maestro Alejandro Posada y la colaboración del Maestro español Roberto González.


Por otra parte, el Festival internacional de Medellín fue de una magnitud formidable, y todos los eventos (más de 15) y los invitados alcanzaron la mayor calidad. Lamentamos que por obvias razones de espacio no fuera posible reseñarlos todos