Columnistas

El guiño de los semáforos
Autor: Rubén Darío Barrientos
19 de Septiembre de 2013


Tres titileos del verde, paso al amarillo y luego al rojo. El invento de la intermitencia, surge de la propia ciudadanía damnificada por las repetidas fotodetecciones

Tres titileos del verde, paso al amarillo y luego al rojo. El invento de la intermitencia, surge de la propia ciudadanía damnificada por las repetidas fotodetecciones, que cuando llegaba abruptamente al amarillo se debatía entre frenar en seco (con el riesgo del batacazo por detrás) o cruzar raudamente (para que la cámara no capturara in fraganti en el rojo). No fue una idea copiada de ningún país ni de ninguna ciudad colombiana. Todo emergió como una prueba piloto desde finales de abril de este año, en 12 intersecciones de la ciudad.


Medellín tiene 606 cruces semaforales, de los cuales ya hay 178 intermitentes. Se asegura que antes de finalizar este 2013, la cobertura será total. Basta una reprogramación del software, que se dispone desde la sala de control. No hay que hacer inversiones in situ. La secretaría de tránsito ha revelado recientemente que por el paso de la luz roja, se han disminuido las infracciones en un 78%, merced a esta genialidad paisa. Esta noticia no puede pasar inadvertida, por su positividad misma.


El estado ideal son los temporizadores, sin duda alguna. Ellos indican en segundos, cuánto falta para el cambio. Ahí se puede tomar la decisión de acelerar o desacelerar, bajo la visual panorámica de los conductores que están en la proximidad de la intersección. Pero ahí sí hay que hacer inversión elevada. Si esta ciudad los tuviera, estoy seguro de que no habría infracciones por franquear en rojo, con excepción –claro está– de los imprudentes que no faltan. 


Ese aviso que se genera con el titileo, con la luz en intermitencia, es bendito: son 3 segundos salvadores. Sin embargo, un experto en tránsito como el doctor Luis Carlos Díaz, se pronunció en contrario: “Esa no es la medida correcta, por cuanto un buen conductor debe ser consciente de que al acercarse a una intersección debe reducir su velocidad a 30 kilómetros/hora y el amarillo es para parar y no para acelerar”. Y pide “volver al amarillo”.       


Comparto con el doctor Díaz la afirmación de que el amarillo, que significa precaución, es para detenerse y no para acelerar. Pero la verdad es que yo por ejemplo, me detengo es cuando el verde hace el guiño y veo que muchos lo hacen así. Acto seguido, dejo que el amarillo se pose en el semáforo. La cultura de hoy es prevalente en detenerse en el titileo, aunque no faltan los que cruzan aceleradamente en el amarillo, pues la cámara (si la hay) no los alcanza a captar en este trance. Por eso creo que el doctor Díaz tiene un enfoque errado, cuando piensa que el grueso de los conductores no frena en la intermitencia, sino que apura el paso en el amarillo.


Ahora bien. Cambiando de frente, es preciso referirse a la falta de cultura que hay para no obstruir la intersección, que les asiste a muchos conductores acelerados. Tan censurable es la conducta del que cruza en verde, a pesar de que vislumbra que un trancón lo lleva a quedarse en media calle, como el aburridor que pita en el cambio, aun mirando que si el de adelante emprende la marcha arma el atasco. También falta cultura para no estacionarse sobre las cebras peatonales.


Y no quedaría mal hacer un estudio para sincronizar los semáforos, en pos de la ola verde que aligere el paso. Hay vías con semáforos muy próximos, que carecen de lógica, y otras en donde uno pasa en verde y el que sigue lo apara en rojo, creando el caos.