Columnistas

Lo intangible también vale
Autor: Rodrigo Pareja
17 de Septiembre de 2013


En este país signado por la inmediatez, donde el escándalo de hoy sepulta al de ayer pero solo tiene vigencia mientras llega el de mañana, hay hechos o situaciones que no merecen la atención de los medios de comunicación,

En este país signado por la inmediatez, donde el escándalo de hoy sepulta al de ayer pero solo tiene vigencia mientras llega el de mañana, hay hechos o situaciones que no merecen la atención de los medios de comunicación, y mucho menos de sus primeras planas.


De ahí el título de la columna, válido por el tema que va a tratarse como lo sería también para muchas otros sucesos que por no contener una buena  dosis de morbo, pasan inadvertidos para los orientadores de la opinión pública, y por ende, para el común de los ciudadanos.


En el campo estudiantil, por ejemplo, vale más periodísticamente -craso error – la piedra que lanza el revoltoso enmascarado o su enfrentamiento con el agente del Esmad o la bomba “papa” que estalla estruendosamente, que la tarea silenciosa pero inmensa que un estudiante o un grupo de ellos, adelante a manera de investigación sobre determinado tema.


Fases  que solo arrojarán sus positivos frutos con el tiempo y que se cumplen de manera silenciosa pero efectiva y ejemplarizante, no alcanzan a trascender fuera del reducido círculo de sus responsables o ejecutores.


Este introito sirve para hablar enseguida de un proceso innovador puesto en vigencia desde hace unos  dos años por la Contraloría General de Antioquia, convertida en ejemplo y modelo a seguir para todas sus similares del país: el de los contralores estudiantiles y el de los auditores universitarios.


Figuras desconocidas hasta hace algún tiempo pese a haber sido creadas mediante mandato ordenanzal del año 2009, en buena hora retomado por la titular de la agencia fiscal antioqueña, Luz Helena Arango Cardona, quien ha hecho con ellas el programa bandera de su administración.


Ha sido tan exitoso el esquema de los contralores estudiantiles, que ya se piensa en que su ejercicio sea de dos años y no de uno como actualmente, con el fin de que tengan más preparación y acumulen mejores experiencias que les habrán de servir en el futuro, tanto a ellos como a sus regiones.


Quienes ejercieron el cargo honorífico al que llegaron por votación democrática, algunos mediante el novedoso voto electrónico, se han convertido ya en líderes de sus municipios y en esperanza cierta de un mejor porvenir.


Un liderazgo que comienza a emerger y a ser importante gracias a las experiencias adquiridas bajo la tutela de la Contraloría general de Antioquia, todo dentro de un proyecto claro, transparente y  no contaminado por la política o la politiquería.


Bogotá, Chocó, Quindío, Santander y Caldas, en Colombia, y algunos estados de Méjico, tienen incorporado ya a su funcionamiento esta figura del contralor estudiantil, como un mecanismo válido y efectivo para la formación de quienes serán, en el futuro, los encargados de regir los destinos de sus comarcas.


“Tenemos que concientizarnos y concientizar a los jóvenes en el sentido de que el recurso público es sagrado y está dedicado precisamente a solucionar los problemas de las comunidades”, es la premisa de la Contralora de Antioquia al justificar  la presencia de esta figura que se ha constituido ya en algo que podría asimilarse a una política departamental, sin reversa y sin desmonte posible en el futuro.


El inculcar valores éticos y morales, celo por lo público, agradecimiento por los bienes  que se tienen y, sobre todo, formar líderes con vocación y respeto por la democracia, son motivos más que suficientes para mantener este proyecto de los contralores estudiantiles y los auditores universitarios.


Formar y estructurar al joven, alertar y prevenir antes que reprimir y castigar, trabajar a largo plazo y no ante la inmediatez, son también gestiones dignas de resaltar y hacer conocer del común de las gentes, tan inclinadas a ellas a disfrutar el morbo, la tragedia y el escándalo del día a día.