Editorial

Avance diplomático en Siria
16 de Septiembre de 2013


La otra victoria de Obama en esta batalla, todavía no tan visible y evidente como la del acuerdo de cancilleres, es haber movido a Vladimir Putin de la postura característica de la Guerra Fría que había señalado el pasado 11 de agosto...

El importante compromiso de desarme parcial del régimen sirio, que suscribieron el sábado en Ginebra, Suiza, el secretario de Estado de los EE.UU., John Kerry, y el canciller ruso Sergei Lavrov, da un respiro ante la tensión provocada por las alarmantes noticias provenientes de Siria y la incapacidad de la ONU para cumplir con su obligación de garantizar que en todo país se respeten los derechos humanos y se observen los tratados sobre armas no convencionales que promueve y debería vigilar. Esta es, por ahora, la principal victoria del modelo de diplomacia que el presidente Obama propone para una democracia que tiene el único Ejército capaz de intervenir para imponer la paz para pueblos amenazados hasta por sus gobernantes.


Lograr que Vladimir Putin y Al Assad admitieran el ataque con armas químicas, inocultable tras el informe de los inspectores de la ONU, y reconocieran la existencia de un importante arsenal que entregar a la comunidad internacional, es el más importante éxito de una estrategia en la que el Gobierno estadounidense, apoyado por el socialista Hollande, presidente de Francia, combinó garrote y zanahoria. Con la amenaza del uso de las armas para “disuadir a Assad del uso de armas químicas, limitar la capacidad de su régimen para acudir a ellas y hacer claridad al mundo de que no vamos a tolerar su utilización”, mostró su capacidad para limitar a quien transgredió todos los límites del Derecho Internacional; y con la apertura de un camino de negociación, planteado en Londres por John Kerry, en declaración que reconoció planeada, porque “el lenguaje de la diplomacia requiere que a veces pongas sobre la mesa estas opciones, y lo hice”. Quedan desmentidos quienes imaginaban que, como había ocurrido en el pasado, Estados Unidos no renunciaría al ataque, así su estrategia diplomática lograra un acuerdo que tranquilizara al mundo.  También se confirma la esperanza de que Obama imponga un nuevo modelo de diplomacia imperial, firme como el acero, suave como la seda.


La otra victoria de Obama en esta batalla, todavía no tan visible y evidente como la del acuerdo de cancilleres, es haber movido a Vladimir Putin de la postura característica de la Guerra Fría que había señalado el pasado 11 de agosto, a la de cogestor de un acuerdo que trae tranquilidad al Medio Oriente y abre amplio espacio para las negociaciones entre las partes, toda vez que Estados Unidos y Rusia, acompañados por los inspectores internacionales de la ONU, serán los garantes de que Siria cumpla con sus compromisos de entregar una “completa lista” de sus armas y equipos, para someterlos al escrutinio de inspectores internacionales que deben acceder a ellos de manera “inmediata y sin trabas”, de modo que se pueda garantizar la completa “remoción y destrucción” del arsenal de Al Assad en no más de un año. Esos inspectores, que dependerán de la ONU, deberán dar al mundo tranquilidad en el sentido de que, como temen voceros del Congreso de Estados Unidos como el senador John McCain, esas armas no se desviarán a otros países o a organizaciones terroristas.


No obstante la importancia del acuerdo, el presidente Obama lo ha recibido con tacto. El sábado comunicó a su país que su responsabilidad es “asegurar que este proceso sea verificable, y que habrá consecuencias si el Gobierno de Al Assad no cumpliera con la estructura del acuerdo realizado hoy”; por ello ha recordado que “la comunidad internacional está atenta a que Al Assad atienda sus compromisos”, y que, de no hacerlo “Estados Unidos está listo para actuar” en la perspectiva de impedir que el régimen sirio use la fuerza contra su población o la comunidad internacional. Sin la amenaza, no es fácil que el tirano acceda a la presión mundial.


Ahora que el mundo cosecha los frutos del gran esfuerzo del presidente Obama por disuadir a Rusia, y con ella a su protegido del sur de Asia, la ONU deberá responder a las expectativas que el mundo pone en ella como garante del respeto por los derechos humanos y la paz internacional. Ante una guerra civil que ya deja 110.000 muertos, según información estadounidense, y millones de refugiados en países vecinos, compete al organismo, bien en su Consejo de Seguridad, bien en su Asamblea General, próxima a reunirse, actuar en procura de una solución política que ponga paz en Siria y calma en las tensas relaciones internacionales.