Columnistas

¡Qué vivos! – Un aeropuerto
Autor: Alberto Maya Restrepo
16 de Septiembre de 2013


La recia ministra de Transporte envió una carta al embajador de España en Colombia denunciando a los españoles ejecutores de obras públicas que no están cumpliendo con sus obligaciones, causando serios perjuicios. De la respuesta nada he sabido…

La recia ministra de Transporte envió una carta al embajador de España en Colombia denunciando a los españoles ejecutores de obras públicas que no están cumpliendo con sus obligaciones, causando serios perjuicios. De la respuesta nada he sabido…


Otra vez, insisto, se le ha ido la mano al Estado otorgando trabajo, licitaciones y contratos a firmas de España que luego nos dejan con los crespos hechos, afectando gravemente nuestro desarrollo y economía. ¿Hasta cuándo se dará eso? Juan Martín Caicedo Ferrer tiene mucho para aportar sobre este tema; escúchenlo y verán que se ha metido la pata reiteradamente contratando con quienes hablan con la C y la Z y que solo han teniendo en mente explotarnos.


Una más. A raíz de la designación de Tokio como sede de los Olímpicos 2020, compitiendo con Estambul y Madrid, en la televisión alemana escuché a un comentarista diciendo que España fue descalificada porque es uno de los países que menos ha hecho por combatir el dopaje y porque presentó un presupuesto tan bajo (con miras a ganarle a los otros) que nadie le creyó el cañazo. ¿Engaños por aquí y engaños por allá?


Una pregunta: ¿el presidente del equipo Real Madrid vendría a ofrecer unos partidos de fútbol con niños para dorarle la píldora a Santos para que no “tiren muy duro” en el fatídico caso de Comsa?


***


El aeropuerto Santa Ana de Cartago, norte del Valle del Cauca, me ha llamado la atención desde hace mucho tiempo porque siempre he creído que se ha desperdiciado su infraestructura y localización y sobre ese tema estuve conversando con un cartagüense, quien me dijo que, desafortunadamente, ciertos actos delincuenciales han repercutido negativamente en la fama de ese aeropuerto. De otro lado, han sido notorios los celos de ciudades cercanas los que han hecho que ese terminal aéreo no haya podido levantar vuelo. Esto es, el aeropuerto de la Nubia es muy pobre y Manizales necesita de uno que la sirva también internacionalmente. Decirle a un manizalita que, por una buena carretera, en un viaje que dura, tal vez, 45 minutos, vaya a Santa Ana a tomar un vuelo, le resulta ofensivo. Así, algunos de la capital caldense metieron la cabeza (y la pata) y empezaron las obras del aeropuerto de Palestina, el que ha resultado un saco roto y lo hecho hasta hoy como que no pasa de ser un revolcadero de tierra a un costo descomunal. El aeropuerto de Palestina se adelanta contra la lógica y la razón y ni el manizalita ex ministro Cardona, hoy embajador en el Vaticano, quiso o supo poner los puntos sobre las íes en esa obra.


El aeropuerto Matecaña de Pereira presta un buen servicio, pero ampliaciones de su pista, entiendo, son difíciles y costosas. Pereira queda a pocos minutos de Santa Ana. El Edén, de Armenia, es un aeropuerto con vocación marcadamente nacional y regional. Así, ¿por qué al aeropuerto Santa Ana de Cartago no lo desarrollan para servir muy bien, nacional e internacionalmente, a esa zona? ¿Por qué Manizales, Pereira y Armenia no se unen para tener un gran terminal aéreo en Cartago, en donde las condiciones de la pista son formidables y en donde con no mucha plata pueden mejorarse las facilidades para un importante flujo de pasajeros y de carga?


Con respeto a carga, me recordaba aquel contertulio, hace unos años Santa Ana era servida regularmente por la aerolínea Tampa con equipos Boeing 707 y otros similares, ya que en esa zona se generaba un volumen interesante de manufacturas para exportación, como en el caso de las confecciones. Tal vez ese renglón ha decaído pero hay otros bienes por allí que bien podrían beneficiarse de un buen servicio de transporte aéreo de carga internacional desde Santa Ana.


Es perentorio racionalizar recursos y hacer del aeropuerto Santa Ana un centro de recepción y de despacho de aeronaves de buen tamaño para que sirva, como se merecen, a los habitantes de esa región del país, o sea, de la zona cafetera y del norte del Valle del Cauca.