Palabra y obra

Jules Verne, a little known traveler
Julio Verne, un viajero poco conocido
Autor: Juliana Vélez Gómez
14 de Septiembre de 2013


Este año, la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín rinde un homenaje a la obra de uno de los autores universales, Julio Verne. Sus mundos, sus obras y parte de sus predicciones pueden apreciarse en dos exposiciones.



Ilustración: Óscar Valencia. 

Cristian Romero es aficionado a la literatura y al cine de ciencia ficción. Puede decirse que todo comenzó un día, siendo un niño, vio un libro titulado La vuelta al mundo en 80 días. Recordó que en algún momento había visto una serie animada que llevaba ese nombre. Lo tomó. Parte de su gusto por la lectura nació en ese momento y se lo debe a la maravillosa impresión que las líneas escritas por Julio Verne causaron en él. 


Romero cuenta que aquellas obras le produjeron “el sentido de la maravilla, una sensación de extrañeza, algo que se sale de la imaginación y llega a otros límites”. Luego de Verne, fueron llegando obras de otros autores con temas similares.


Más tarde comenzó a interesarse también por el cine de ciencia ficción y lo complementó al mismo tiempo con la literatura. El año pasado conformó un club de lectura de ciencia ficción en la Universidad de Antioquia, al que llegaron desde los más conocedores hasta los más curiosos. 


Lo cierto es que así como a Cristian Romero lo cautivó la originalidad y creatividad de Julio Verne, son muchos más los lectores que han seguido su obra de cerca. En el mundo, incluso, se realizan congresos que tienen como eje principal el tema de Julio Verne y muchos son los lugares que se han convertido en atractivos turísticos basados en sus obras. 


Sin duda es uno de los autores más representativos y más traducidos en gran cantidad de idiomas en todo el mundo. ¿Por qué? “Creo que es uno de los escritores que más completamente pueden resumir las cualidades de un clásico: imaginación y estilo. Pero también por la gran capacidad que despliega para plantear y resolver argumentos siempre interesantes, siempre novedosos incluso para nuestra época, por la lucidez de sus ideas y la profundidad de sus personajes”, afirma Pedro Arturo Estrada, escritor y poeta de Medellín. 


Otro lector, admirador irrefutable del escritor francés, es Hernán Botero, escritor y poeta de Medellín, también quien le siguió el rastro a un hombre que, a pesar de haber nacido en el siglo XIX, logró captar los signos de su época, renovar formas de expresión literaria y construir historias fantásticas que muchos años después abandonaron el plano de lo ficticio para hacerse realidad.


Para Botero, Julio Verne en cierta medida es un hombre desconocido, pues la faceta más difundida es como escritor de novelas científicas y de aventuras. Claro, como muchos, coincide en que estas han sido juzgadas muchas veces, tal vez de manera injusta, como lecturas solo para jóvenes. “Julio Verne no es solamente lo que se cree que es, un escritor para muchachos, para niños, para lectores principiantes sino que muchas de sus novelas, son perfectamente legibles y, gozosamente, que suscitan el interés de un lector adulto”, dice Botero. 


Así, las facetas de Verne tienen que ver con el teatro, la música, el derecho, la historia y las ideas políticas, y por supuesto, con la ciencia. 


 


Inicios de Verne


Nació en 1828 en Francia y falleció en 1905. Cuenta Botero que Verne fue un hombre más bien solitario, sin interés en pertenecer a grupos de intelectuales. 


Cursó sus estudios en derecho presionado por su padre que era abogado. Sin embargo, se negó a ejercer esa carrera y a trabajar como agente de bolsa, oficio al que también estuvo vinculado y se decidió por la literatura, una afición que desde pequeño ya conocía. 


Pero explica Botero, que las primeras etapas de Verne no estuvieron, ni mucho menos ligadas a las novelas de ciencia. Cuando pasaba por sus veinte años Verne escribió poesía, “además escribe solo una tragedia en verso, una comedia sobre Leonardo da Vinci, un poema largo que titutó El fuego fatuo. Estas obras no han sido publicadas en español porque se consideran una juvenilia demasiado elemental, si se las compara con las novelas por las que se le conoce”, explica Botero. 


Se dedicó también a la vida teatral y a la música, escribe pequeñas obras teatrales ligeras y cómicas, solo o en compañía de otros autores que tenían fama por sus aportes a la escena en materia de bodeville.


Pero Verne también fue un sujeto al que le inquietaban las ideas políticas de su época. “En su juventud participó de los ideales de la revolución de 1848, una revolucion antimonárquica en Francia, pero con el tiempo sus ideas se coservatizan un poco, sino bastante, aunque toda la vida influyeron en él ciertas actitudes anarquistas y socialistas. Hay una especie de mezcla de conformismo burgués e inquietud socialista y anarquista, por eso es tan difícil decir que Julio Verne fue un reaccionario o un revolucionario. Es un hombre que está en un constante vaivén y se pregunta cuál es el ideal de una sociedad en la que sea digno para el hombre vivir”, relata Botero. 


 


Lo policiaco, lo histórico y lo cómico en Verne


Fueron apenas cuatro novelas históricas que escribió Verne y en la opinión de Botero, “excelentes”. 


Una de esas fue sobre la guerra entre el norte y el sur en la guerra de secesión norteamericana, titulada justamente Norte contra sur, “muy compacta, bien estructurada y fiel a la historia”, precisa Botero. 


En otra, escribe sobre las luchas entre franceses e ingleses en el Canadá y se llama Familias sin nombre. La guerra franco prusiana, que se produjo en vida de Verne también es el tema de otra de las cuatro y lleva el nombre de El camino de Francia. Y la última novela sobre la lucha de los griegos contra los turcos que querían dominar Grecia, llamada El archipiélago de fuego. De estas, expresa Botero, casi no se hablan porque a veces se consideran obras menores, casi como si no existieran. 


Como si fuera poco, Verne fue, según Botero un maravilloso novelista humorístico, “hay novelas que contienen unos episodios que uno jamás olvidará por la absoluta comicidad como Kerabán el testarudo o Escuela de robinsones”, manifiesta el poeta. 


Y el francés, en una de sus facetas también se acercó con dos obras a la “buena novela policíaca moderna: Los hermanos Kip y Un drama en Livonia”. 


 


Verne y la ciencia


“En un momento de iluminación, es cuando se da cuenta de que puede renovar y modernizar la novela de aventuras y hacer que esta interese tanto a un público juvenil como a un público adulto”, relata Botero. Conoció pues a un personaje, Jules Hetzel, que sería el editor de unas 60 novelas. “La primera novela de Verne se titula Cinco semanas en globo, un viaje en globo aerostático por las costas de África. Esta tuvo un éxito rotundo y después de esa novela Julio Verne no vuelve a escribir ni un poema ni una obra de teatro sino que se dedica por completo a la novela”, precisa Botero. 


Uno de los grandes aportes que realiza el francés con sus obras de ciencia y aventura es que introduce al científico viajero. “No le interesa el científico que escribe libros sobre su ciencia, sino que quiere conocer el mundo para comprobar sus ideas científicas. No son científicos que escriben sino que viajan, aunque, evidentemente algunas obras de científicos que sí escribieron lo influyeron mucho.” 


Los héroes en sus textos “son notorios por su tenacidad, su inteligencia, valor, por su fidelidad y la mayoría de las ocasiones por sus triunfos”, cuenta Botero. 


Dice también que Verne se considera un escritor de anticipación. Para Botero, acertó en muchos aspectos pero en otros no. Por un lado anticipa imaginativamente el nacismo, en obras en las que describe ciudades muy similares a las germánicas que parecen dominadas por esta ideología. En términos de ciencia, anticipa por ejemplo los grandes submarinos, los cohetes o el diamante sintético. Aunque habla de viajes a la luna, en sus obras no considera el alunizaje. 


 


Su legado


Según el poeta Pedro Arturo Estrada, lo que hizo Verne “fue fortalecer las estructuras clásicas del relato tradicional enriqueciéndolo estilísticamente, abriéndolo a posibilidades nuevas de expresión desde lo temático y el enfoque psicologista que le aportó. Su visión lúcida de un mundo en ascenso y constante cambio donde el hombre no es ya el protagonista absoluto sino un elemento más de él. Hay un mensaje real en sus obras, de humanismo auténtico, una gran dosis de reflexión en torno a la forma en que asumimos la vida y la forma de relacionarnos con el otro y con nosotros mismos”. 


De Verne, muchos científicos aceptan la curiosidad que les generó sus historias, que los impulsó a investigar y crear objetos nuevos. 


Sus líneas trascienden el tiempo y los lugares, como queda evidenciado en la cantidad de homenajes que se le hacen y las numerosas publicaciones que se han hecho sobre este autor. Aunque también gozó de muchos detractores, dice Botero, que son más los críticos que están a su favor. 


No hay duda de que es “un autor vigente, estimulador de ideas en la ciencia, estimulador de la imaginación, modelo de construcción literaria y por lo tanto se justifica, que de la Fiesta del Libro lo hayan invitado. El espíritu de Verne era el espíritu de un viajero, aunque él viajó poco, pero le transfirió ese espíritu a sus personajes. Estoy seguro que el espíritu de Julio Verne va a venir a la Fiesta del Libro”, concluye Botero. 



Literatura de Ciencia Ficción

El contenido de este tipo de literatura está basado en supuestos logros científicos que podrían darse en el futuro. Su argumento está estrechamente relacionado con la ciencia y la tecnología. 


De acuerdo con Cristian Romero, estudiante de Comunicación audiovisual de la Universidad de Antioquia, aficionado a la literatura de ciencia ficción, en Colombia existe aún cierta resistencia a reconocer en este tipo de narrativa y temáticas una fuente para reflexionar sobre el hombre y la tecnología. Según él, esta literatura sirve como una advertencia, toda vez que “la ciencia ficción no es tanto predictiva sino proyectiva” dice. Por otra parte, distingue entre una ciencia ficción dura y otra blanda, siendo la primera aquella con bases científicas rigurosas, muy coherentes con el estilo de Julio Verne, por ejemplo, y la segunda, más alejada a las bases científicas.


Romero está al mismo tiempo de acuerdo en que estas historias sí pueden ser provocadoras de curiosidad en jóvenes y niños e inducirlos en los hábitos de la lectura. 


Autores reconocidos, además de Verne por sus obras de ciencia ficción son, por ejemplo Isaac Asimov, Ray Bradbury o Aldous Huxley. 




Julio Verne en la Fiesta del Libro

Dos grandes exposiciones sobre la obra y el legado de Julio Verne estarán abiertas al público durante los diez días de la Fiesta del Libro en Medellín. Una de ellas, organizada por Comfenalco y ubicada en el Jardín Botánico. Uno de los principales objetivos de esta experiencia es que sea atractiva para toda la familia. La muestra se titula “Julio Verne, el viajero de la imaginación” y se constituye como una experiencia en la que los visitantes pueden hacer un recorrido a través de algunas de sus obras, encontrar fragmentos de textos donde menciona algunos de los objetos científicos que hoy en día existen e interactuar con algunos objetos que están dispuestos. Al final, los espectadores podrán encontrar una sorpresa, reservada solo para los que se atrevan a viajar por la imaginación del escritor francés. 


Por otra parte, está la megaexposición del Parque Explora con el tema de los Mundos de Verne. Son cinco mundos que los asistentes podrán recorrer: el mundo del aire, el agua, la tierra, el espacio exterior y la ciudad. El recorrido está diseñado para ser interactivo, se podrán apreciar fragmentos de películas adaptadas de las obras de Verne, escuchar audios con fragmentos de texto y visualizar diferentes ilustraciones de objetos científicos tal como en su tiempo se los imaginó Verne.